Iglesia en el centro de Baler donde los soldados españoles resistieron casi un año de asedio
Iglesia en el centro de Baler donde los soldados españoles resistieron casi un año de asedio - PABLO M. DÍEZ

Baler sí honra a los últimos de Filipinas

En el pueblo donde los soldados españoles resistieron casi un año el asedio rebelde, un museo les recuerda sin odio

ENVIADO ESPECIAL A BALER (FILIPINAS)Actualizado:

Para unos, son héroes que protagonizaron una de las gestas más gloriosas de España. Para otros, unos estúpidos cuya obstinada resistencia solo demuestra el absurdo de la guerra. Cuando se cumplen 120 años, el episodio de los últimos de Filipinas sigue dividiendo a las dos Españas, como revela la última gresca política a cuenta de su escultura en Madrid. Al margen de ideologías, su figura es recordada en Baler, el pueblo costero al este de la isla de Luzón donde medio centenar de soldados españoles, más cuatro oficiales y tres frailes franciscanos, resistieron durante casi un año el asedio de los revolucionarios filipinos sin saber que la guerra había terminado. Fueron 337 días, del 27 de junio de 1898 al 2 de junio de 1899, de defensa numantina atrincherados en la iglesia de Baler, que hoy sigue en pie en el centro de esta localidad de 40.000 habitantes, capital de la provincia de Aurora y donde Coppola rodó «Apocalypse Now». El nombre de la provincia se debe a Aurora Molina Aragón, quien nació en este pueblo en 1888 y fue esposa de uno de los padres de la independencia de Filipinas, Manuel Luis Quezón, presidente del país entre 1935 y 1944 y también nacido en Baler.

Frente a la iglesia, que mantiene su estructura original pero con la fachada pintada de gris, se alza la casa de bambú de Aurora Molina, quien vivió el cerco de niña. Al final del mismo, cuando el destacamento se rindió, solo quedaban 33 supervivientes, ya que dos oficiales, un fraile y doce soldados habían muerto por enfermedades como el beriberi, provocada por la falta de vitamina B; otros dos militares habían caído bajo las balas enemigas, dos más habían sido ejecutados por desobediencia y seis habían desertado.

«No odiamos a los españoles en Baler. Los filipinos somos famosos por olvidar, como hemos hecho con el dictador Marcos», ironiza Francisco de Asís, guía del museo municipal. A su entrada, una bandera filipina y otra española dan la bienvenida a este recinto de dos plantas, dedicado casi íntegramente al asedio. Con profusión de cartas y fotografías, el museo rinde homenaje tanto a la lucha por la independencia de Filipinas como a la valentía demostrada por la guarnición española. Así lo ensalza el decreto firmado el 30 de junio por el primer presidente filipino, Emilio Aguinaldo, ordenando tratar a los rendidos «no como prisioneros, sino como amigos» por haber protagonizado una «epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo». Desde 2003, el 30 de junio se celebra el Día la Amistad Hispano-filipina.

Los oficiales y soldados que formaron la guarnición de Baler, a su llegada a Barcelona en 1898
Los oficiales y soldados que formaron la guarnición de Baler, a su llegada a Barcelona en 1898 - ABC

Honrados como héroes

Parapetados en la iglesia, los militares españoles aguantaron el cerco porque tenían 25.000 cartuchos para sus fusiles Mauser, de los que les sobraron 5.000, y tres toneladas de arroz, treinta kilos de azúcar y latas de sardinas. Aunque superiores en número, los poco experimentados e indisciplinados rebeldes no pudieron doblegarlos. En medio de los combates, hubo tiempo para treguas y anécdotas de lo más curiosas. «Un día, cuando los soldados se han quedado sin víveres, aparecieron tres carabaos (búfalos) en la plaza que alguien les entregaba para que se los comieran», explica a ABC Carlos Madrid, director del Instituto Cervantes de Manila y experto en el cerco de Baler. A veces, el médico militar, Rogelio Vigil de Quiñones, salía a curar a los heridos del otro lado y a atender partos en el pueblo, volviendo con víveres para el destacamento. Y hasta hubo un romance entre el teniente más veterano, Juan Alonso Zayas, y una joven de Baler.

Durante meses, varios emisarios intentaron convencer al teniente Saturnino Martín Cerezo de que se rindiera porque Filipinas ya no era española, algo que se negaba a creer. Finalmente, solo se convenció al ver en un periódico que le habían dejado una noticia sobre el traslado a Málaga de un militar que él conocía, y que siempre le había dicho que quería retirarse allí. «Aunque fusiló el día antes de rendirse a dos soldados que tuvo encerrados durante meses, y de forma ilegal porque estaban durmiendo, no es el Satanás que retrata la última película, sino que estaba trastornado por la presión y pensaba que hacía lo mejor pese a sus errores», analiza Carlos Madrid. A su vuelta a España, los últimos de Filipinas fueron honrados como héroes. En Baler les recuerdan sin odio.