La soprano Ainhoa Arteta
La soprano Ainhoa Arteta - ABC
ESPAÑA, CAMISA BLANCA

Ainhoa Arteta: «¿Ser española es un delito?»

La soprano acaba de interpretar en su tierra «Madama Butterfly» y el jueves cierra el festival de Cap Roig (Gerona)

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El verano.

El verano es muy peligroso porque no hay fútbol.

Plácido.

Yo dije ya todo lo que tenía que decir. Mi relación con Plácido ha sido siempre maravillosa y muy respetuosa.

Las acusaciones.

Las acusaciones son en los juzgados y con pruebas. El resto es espectáculo mediático.

La secta.

Hablar mucho más de ello me parece que es dar publicidad a operaciones poco claras. La secta de la cienciología captó a dos hijos de Plácido. Pudo liberar a uno hace poco, y curiosamente esta denunciante, que no ha presentado ninguna prueba, es de esta secta.

Maria del Mar Bonet dice que su madre le enseñó a ser fuerte, a defenderse.

También mi madre me educó con mucho fundamento y muchos pantalones para que aperendiera a marcar los límites y a defenderme. Y claro que me han pasado cosas; pero me he defendido.

Ternura.

Pero hay mujeres tal vez más débiles que yo y tienen menos comprensión y menos apoyo.

País Vasco, España.

Los líricos no estemos acostumbrados a tanta popularidad y tal vez seamos un poco ingenuos. Pero creo que el debate público está desmarchado. También me han atacado, desde Cataluña y el País Vasco, por decir que Plácido ha prestigiado por todo el mundo el nombre de España. Yo soy vasca por los cuatro costados, y española. ¿Es que no puedo estar orgullosa de ser vasca y española? ¿Es un delito ser española? ¿En qué otro país del mundo te hacen sentir mal por querer a tu patria? Nos comemos a nosotros mismos.

El misterio de la belleza que usted crea.

Tiene que ver con el alma. La voz es el único instrumento vivo. La voz no microfonada sale del alma y llega al alma. Hacemos música a mano.

Los micrófonos.

Están bien pero ya no es de alma a alma. Y yo soy una gran fan de Michael Jackson o de Queen.

El vehículo.

Somos el vehículo de la música de los más grandes. A veces la gente cree que se enamora de nosotros cuando en realidad se enamora de Puccini o de Wagner.

El alma.

Yo no tengo un morlaco de 500 kilos que viene a por mí. Yo no me juego el físico, me juego el alma. Me juego mis sentimientos. El día que no estoy al 100% algo de mí se muere por dentro.

Hara-kiri.

El otro día en un ensayo de «Madama Butterfly» se fueron las luces, no pude hacerme el hara kiri, y no sabes de qué mala gaita me fui.

La diva y la madre.

El mercado ha cambiado. Ya no se paga tanto como antes y yo tengo que sacar adelante a mi familia. Hay veces que no me cubren los gastos. Hay que trabajar mucho.

La edad.

Se impone el físico, la juventud, los nombres nuevos. Se trata de descubrir todo el rato, no importa que se quemen en cinco años. Antes la edad era un plus, ahora es una lacra. A mí han retirado dos veces, a los 40 y a los 50. Pero aquí estoy. Yo me retiraré cuando me dé la gana.

La madurez.

Lo importante es la madurez con que te enfrentas a un papel. El instrumento es flexible cuando eres joven, y tiene un margen de equivocación. Luego se estanca y necesitas la técnica y la musculación no te basta. No sé si veremos tenores y sopranos longevos de ahora en adelante.

«Buscamos a otra».

Voy saltando de una producción a otra. Tengo poco tiempo para estudiar. Pero esto se ha vuelto un mercado, «y si no lo haces tú, buscamos a otra».

Respeto.

Me gustaría que se respetase la liturgia de la lírica. Si componer estas maravillosas óperas llevó un tiempo, estudiarlas ha de poder hacerse con paciencia. La juventud no es ninguna garantía, ni ningún mérito. A mi me ofrecieron una «Madama Butterfly» a los treinta años y dije que no. Me la volvieron a ofrecer hace cinco y tampoco la acepté. He decidido afrontarla ahora, con 54 y con todo lo que sé.

Victoria.

Yo estuve con Victoria de los Ángeles cuando murió. Lo último que hizo es quitarse la máscara de oxígeno para cantar «Si, mi chiamano Mimí», de Puccini. Los médicos no daban crédito. Esto es cantar. Con esto naces y con esto mueres.