Vista de Epimeteo, luna menor de Saturno, sobre los anillos. Al fondo, Titán
Vista de Epimeteo, luna menor de Saturno, sobre los anillos. Al fondo, Titán - NASA/JPL/Space Science Institute

Cinco lunas de Saturno flotarían en el océano como gigantescas pelotas de playa

Los datos de la ya destruida sonda Cassini revelan cómo estos pequeños satélites del planeta están hechos del mismo material que sus anillos

MADRIDActualizado:

A una distancia media de 1.200 millones de kilómetros de la Tierra existe un gigantesco planeta con nubes de amoniaco, vientos supersónicos y ciclones hexagonales. Nosotros le llamamos Saturno. Su diámetro máximo es de 120.500 kilómetros y sus anillos se extienden hasta los 270.000. Existen nueve anillos principales, formados por miles de millones de trozos de hielo, rocas del tamaño de casas o cristales diminutos. En general, la gravedad del planeta evita que estas partículas se aglutinen en lunas, de las que Saturno tiene 62. Pero en algunos casos no es fácil distinguir grandes cuerpos «residentes» en los anillos de pequeñas lunas, o lo que se conoce como satélites pastores. Entre unas y otras, se conocen al menos 150 lunas menores en Saturno.

Si sabemos todo esto es en gran parte gracias al sacrificio de Cassini, la sonda de la NASA que se hundió en la atmósfera de Saturno en el año 2017. La sonda ha permitido que se publiquen cerca de 4.000 artículos científicos sobre Saturno, pero sus datos, captados en el acto final de la nave espacial, siguen dando frutos. Esta semana, un estudio publicado en Science ha aportado nuevos datos sobre Pan, Dafne, Atlas, Pandora y Epimeteo, pequeñas lunas de ocho a 120 kilómetros situadas dentro de los anillos. Según han concluido, están hechas del mismo material que compone estos impresionantes discos de partículas.

Imagen de la luna Pandora, a la derecha, a la derecha del anillo exterior de Saturno
Imagen de la luna Pandora, a la derecha, a la derecha del anillo exterior de Saturno - NASA/JPL/Space Science Institute

«Están hechos de lo mismo», ha dicho en Cosmosmagazine Bonnie Buratti, directora de una de las investigaciones publicadas en Science y astrónoma del Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena (California). Según ha sugerido, tanto los anillos como los pequeños satélites pastores son lo que queda de objetos que se acercaron demasiado al gigante gaseoso. «Probablemente son grandes pedazos que proceden del proceso de formación», ha explicado.

Satélites flotantes

Los científicos también han averiguado que dichas lunas son tan porosas y poco densas que si se lanzaran a un océano lo suficientemente profundo, podríamos ver una pequeña fracción de ellas por encima de las aguas, como si fueran una extraña isla flotante o gigantescas pelotas de playa. «Son una pila de escombros», ha explicado Buratti. La más densa, Epimeteo, alcanza una densidad de 0,62 gramos por centímetro cúbico, mientras que la menos densa, Dafne, llega a los 0,27. La densidad del agua es de un gramo por centímetro cúbico.

La luna con forma de ravioli

Ser un satélite pastor tiene sus consecuencias. Si eres un objeto más o menos esférico y vas atravesando un campo de escombros distribuido en una fina lámina, un anillo de Saturno, la consecuencia es que se van incrustando partículas en tu perímetro, como si se tratasen de mosquitos espaciales. El resultado final es una forma que recuerda mucho a la de un ravioli. Este es el caso de Atlas: «Es como un ravioli», ha dicho Buratti. «Tiene un disco de partículas formadas por la acreción de los anillos».

Imagen de Atlas, una pequeña luna con forma de ravioli
Imagen de Atlas, una pequeña luna con forma de ravioli - NASA / Jet Propulsion Lab-Caltech / Space Science Institute

Curiosamente, algo así se ha detectado también en el asteroide Bennu, visitado ahora por la misión OSIRIS-REx de la NASA, aunque a un nivel mucho más humilde. Parece ser que esta banda más ancha en la «cintura» del asteroide se formó cuando este objeto atravesó un campo de escombros generado por un impacto pretérito.

¿Nuevas lunas?

Aparte de esto, Matthew Hedman, investigador en la Universidad de Idaho (Estados Unidos), ha dirigido un estudio, que se ha publicado recientemente en Icarus, que ha analizado la presencia de «pegotes» en el anillo interior de Saturno, que parecen estar formados por partículas procedentes de estos discos.

«La explicación más sencilla» –ha dicho en Cosmosmagazine.com, para referirse al origen de estas acumulaciones de partículas– «es que algo fue destruido». Es decir, no es que, necesariamente, se estén formando nuevas lunas en este mismo momento, sino que podríamos estar viendo los resultados de un impacto reciente.

De hecho, Hedman sospecha que estos pegotes o nubes de partículas golpean otras partículas de los anillos y generan interesantes cascadas de colisiones. Sea como sea, ha comentado que el hecho de que pudieran detectar cuatro de estos pegotes de forma simultánea es curioso, y podría ser consecuencia del impacto de una lluvia de meteoros.

Mientras tanto, en las afueras de los anillos de Saturno, este tipo de pegotes aparecen cada cierto tiempo. Si se forman a causa de colisiones, bien pudiera ser, según este científico, que los impactos dieran pistas sobre cómo se formó el polvo que ahora se está apelmazando en la cintura de las lunas y que forma parte de los anillos.