El día que el FBI investigó al Yeti

Un documento desclasificado muestra que el servicio estadounidense analizó pelos sospechosos de pertenecer a la mítica criatura

ABC Ciencia
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En Nepal lo llaman «Yeti» (o Jigou), en Estados Unidos «Bigfoot», en Canadá «Sasquatch»... Pero todos se refieren a un ser mitológico que combina rasgos humanos con trazos de primate o de oso. Lo de mito le viene por formar parte de la imaginación colectiva durante años, por sus numerosos avistamientos sin comprobación certera y por ser una criatura fabulosa. Tanto, que el mismísimo FBI llegó a dedicarle una investigación en los años 70.

Peter Byrne, director del «Bigfoot Information Center and Exhibition», lleva estudiando a esta criatura mítica desde hace más de 40 años.

En 1976 envió a la División de Servicios Técnicos y Científicos del FBI una muestra compuesta por 15 pelos unidas a un pequeño trozo de piel que, supuestamente, pertenecían a un gran homínido peludo que vagaba por los bosques de América del Norte.

Normalmente, el laboratorio del FBI no tendría por qué examinar cabellos con un origen potencialmente fantástico, ya que se centran en investigaciones criminales, pero... «en ocasiones, caso por caso, en interés de la investigación científica, hacemos excepciones a esta política general. Con este entendimiento, examinaremos el pelo y el tejido mencionados en su carta».

Fue la respuesta de Jay Cochran, responsable en aquel momento de la División de Servicios Técnicos y Científicos del servicio de inteligencia estadounidense. El intercambio de misivas y los resultados del informehan sido desclasificados recientemente por el FBI.

Tras el análisis de la muestra, Cochran respondió a Byrne que «el pelo que recientemente entregó al laboratorio del FBI fue examinado mediante microscopía de luz transmitida e incidente [...]. Como resultado de estos exámenes, se concluyó que el pelo es de origen familiar de los ciervos».

No es la primera vez. De osos, caballos, perros, vacas, mapaches y hasta de un humano... Muchos investigadores han analizado el ADN de pelos atribuidos al Yeti, pero ninguno ha hallado evidencias reales.