El Titanic, antes de emprender su primer y último viaje
El Titanic, antes de emprender su primer y último viaje - ABC

Halomonas, la bacteria que está devorando el Titanic

Halomonas titanicae se está dando un banquete con el óxido de hierro del mítico transatlántico. El pecio será historia en unas décadas

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El 10 de abril de 1912, en su viaje inaugural, el trasatlántico «RMS Titanic», el mayor barco de pasajeros del siglo XX, partió de Southampton con destino a Nueva York. Tan sólo cinco días después se hundió al chocar contra un iceberg en las gélidas aguas del océano Atlántico Norte, frente a las costas de Terranova.

A pesar de que la tragedia se cobró la vida de más de 1.500 personas, en términos de pérdidas de vidas humanas, no ha sido el mayor naufragio de la historia. El record lo ostenta el trasatlántico alemán Wilhelm Gustloff, hundido a finales de enero de 1945 por los submarinos rusos y con más de 10.000 refugiados alemanes a bordo.

El «Titanic» estuvo en paradero desconocido hasta que en 1985 Robert Ballard, un oceanógrafo de la Universidad de Rhode Island, en Narragansett (Estados Unidos), lo descubrió por casualidad mientras participaba en una misión secreta de la armada estadounidense.

Bacterias corrosivas

El Titanic se encuentra a 3.800 metros de profundidad, en una total ausencia de luz y soportando elevadas presiones. Estas variables han permitido que su estado de conservación haya sido envidiable, tan sólo presentaba algunos carámbanos alargados y oxidado, a modo de estalactitas, de color rojizo, llamadas rusticles.

Desde hace unos años su suerte ha cambiado, su casco ha comenzado un proceso imparable de corrosión y en la actualidad no es más que un pecio oxidado que descansa en el fondo del océano.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.