Estos cucos, que normalmente anidan en grupos de dos a tres hembras, pueden convertirse en parásitos sociales después de que se destruyan sus propios nidos
Estos cucos, que normalmente anidan en grupos de dos a tres hembras, pueden convertirse en parásitos sociales después de que se destruyan sus propios nidos - Christina Riehl

Por qué el cuco pone el huevo en nido ajeno

Un estudio llevado a cabo en Panamá durante once años descubre cómo estas aves deciden convertirse en parásitos si han sido víctimas de los depredadores

MadridActualizado:

En la jungla tropical de América Central, donde abundan los depredadores, el garrapatero mayor (Crotophaga major), una especie de cuco, construye nidos comunitarios custodiados por dos o tres parejas reproductoras para garantizar su seguridad. Sin embargo, hay ocasiones en las que estas aves abandonan el estilo de vida colaborativo y deciden depositar huevos en nidos fuera del grupo, actuando como parásitos sociales, con la esperanza de que otras hembras críen a los polluelos como propios. Para los científicos, este comportamiento ha resultado siempre un rompecabezas evolutivo.

El garrapatero es una de las pocas especies de aves en las que hembras no relacionadas se unen para criar en comunidad. En contraste, el parasitismo social es bastante común, se encuentra en más de 250 especies. Para descubrir por qué los garrapateros normalmente colaborativos recurren al parasitismo, investigadores de la Universidad de Princeton observaron a las aves y sus comportamientos de anidación durante un período de once años en el Monumento natural Isla Barro Colorado en Panamá.

No fue fácil, las aves construyen los nidos en ramas que sobresalen del canal de Panamá, por lo que los científicos tenían que alcanzarlos en barco. Muchos estaban en la parte superior de los árboles, en cañas endebles entre la hierba, en lugares espinosos o, como también encontraron, «justo al lado de un nido de avispas enfadadas».

A pesar de los inconvenientes, los investigadores estudiaron datos genéticos de 1.776 huevos depositados por 210 hembras en 240 nidos de 2007 a 20017. Revisaron los nidos a diario, recolectando las células y la sangre que quedaba en los huevos con el objetivo de utilizar la genética para identificar a las madres. Pesaron y midieron cada huevo y recogieron sangre de los polluelos para confirmar su parentesco.

«El plan B»

Según publican en la revista «Nature», los investigadores descubrieron que bajo la constante amenaza de depredadores como serpientes y monos, casi todos los garrapateros comienzan la temporada de reproducción en grupos comunales. Sin embargo, alrededor del 25% de los nidos estaban parasitados por una hembra que no era miembro del grupo.

El motivo es que las hembras cuyos nidos fueron destruidos por los depredadores al principio del ciclo de anidación tendían a poner sus huevos en nidos cercanos a su propio nido fallido.

¿Esto suponía una ventaja para sus descendientes? Aunque poner tantos huevos como sea posible suena como una buena estrategia, el parasitismo social tiene inconvenientes. Los huevos tienden a ser un poco más pequeños y, por lo tanto, tienen menos probabilidades de prosperar. Y debido al riesgo de ser descubiertos, los falsos hermanos tienen una menor probabilidad de sobrevivir en la etapa en que abandonan el nido.

En contraste, las hembras cooperativas ponen menos huevos pero dedican más esfuerzo a atenderlos, por lo que más polluelos sobreviven para abandonar el nido.

La conclusión de los investigadores es que ambas estrategias reproductivas (solo la crianza comunal frente al enfoque mixto de comenzar como criadores comunales y cambiar a parasitismo) son estrategias reproductivas viables. «Encontramos que la estrategia parasitaria es más una opción de segunda línea -explica Christina Riehl-, es como si los pájaros dijeran: 'Si nuestro intento de cooperación falla, vamos al plan B'».

«El estudio explica por qué la cría cooperativa se mantiene evolutivamente en esta especie: la cría solitaria o el parasitismo por sí solos simplemente no son lo suficientemente productivos», explica Mark Hauber, un ornitólogo y ecologista del comportamiento de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign que no ha participado en la investigación. El cuco tiene mala fama por aprovechado, pero en este caso no es más que un pájaro traumatizado intentando que sus crías sobrevivan.