Paul Dawson ha analizado esta norma y ha llegado a la conclusión de que lo mejor es no coger comida del suelo
Paul Dawson ha analizado esta norma y ha llegado a la conclusión de que lo mejor es no coger comida del suelo - AP

Cuatro claves para desvelar el enigma de la «regla de los cinco segundos»

¿Es sano comer un alimento que se ha caído al suelo si se coge antes de un tiempo determinado? Un experto analiza las cuestiones principales sobre la famosa norma

Actualizado:

Aunque no es bueno basarse en las leyendas a la hora de decidir si es sano meterse algo entre pecho y espalda, todavía hay un buen número de personas se rigen por algunos mitos como la «regla de los cinco segundos» a la hora de tomarse un alimento que se haya caído al suelo. Esta norma popular, concretamente, afirma que la comida en cuestión no se llena de bacterias si se coge antes de cinco segundos (como bien explica en su nombre) y que, por lo tanto, seguirá siendo perfectamente sana e higiénica.

Pero... ¿Es esta leyenda cierta? En 2014 una investigación determinó que sí. No obstante, el profesor de ciencia de la comida por la Universidad de Clemson (en Carolina del Sur), Paul Dawson, acaba de señalar en un artículo que, en contra de lo que se pensaba hasta ahora, lo mejor es evitar comer un alimento que haya caído al suelo debido a la gran cantidad de bacterias que puede contener y lo difícil que es eliminarlas por completo en una limpieza. A su vez, ha señalado que existen cuatro cuestiones determinantes a la hora de hablar de la «regla de los cinco segundos» que es necesario conocer antes de tomar la decisión.

1-¿De dónde viene la regla de los cinco segundos?

Esta curiosa norma no es nueva. En palabras de Dawson, es una leyenda que se popularizó durante el programa de televisión de la chef Julia Child cuando a esta se le cayó un trozo de carne (el tipo de la misma depende de quién cuente la historia) al suelo. La cocinera lo cogió rápidamente del suelo afirmando que, si los invitados a la cena no se enteraban de ello, no era peligroso, pues era imposible que hubiese adquirido gérmenes. Fuera o no el origen del mito, en 2003 un estudio determinó que más de un 70% de las estadounidenses sabían de la existencia de la norma, así como un 56% de los hombres.

2-¿Cuándo se empezó a investigar la veracidad de esta norma?

Las primeras investigaciones sobre esta curiosa norma se atribuyen a Jillian Clarke, de la Universidad de Illinois, quien roció en 2003 varias baldosas con bacterias y, posteriormente, colocó sobre ellas alimentos. Su equipo los quitó posteriormente a los cinco segundos para comprobar la norma. Afirmaron que las bacterias de la superficie se transmitían a la comida, pero nunca señalaron en qué grado y si esa cantidad era peligrosa o no para la salud humana.

3-¿Es real la «regla de los cinco segundos»?

En palabras de Dawson, no. Para llegar hasta esta afirmación, el experto se basa en un estudio que hizo en 2007 en la Universidad de Clemson. Durante la investigación, su equipo roció varias superficies (algunas baldosas, una alfombra y múltiples trozos de moqueta y madera) con Salmonela. Posteriormente, situaron sobre ellas pan y mortadela, alimentos que fueron retirando y analizando tras varios periodos de tiempo (5, 30 y 60 segundos, y 2, 4, 8 y 24 horas).

Sus conclusiones fueron determinantes: todas ellas tenían bacterias. A su vez, averiguaron que la cantidad de «suciedad» no dependía del tiempo que había pasado el alimento sobre el suelo, sino que la superficie era la causante de que la mortadela y el pan se «ensuciasen» más o menos. Así pues, la alfombra apenas transmitió un 1% de sus bacterias, mientras que los azulejos y la madera llegaron a traspasar hasta un 70%. En palabras del experto, en 2014 la Universidad de Aston llegó a las mismas conclusiones.

4-¿Es aconsejable comer alimentos que se hayan caído al suelo?

Dawson prefiere dejar que esta decisión sea tomada por cada persona, aunque señala que, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, si una superficie contiene un millón de virus, es posible enfermar con que se transmitan menos de un 0,1% de ellos. Con todo, indica que estos también pueden encontrarse (aunque en menor medida) en los cubiertos o las manos.