Una treintena de civiles participan en el taller de empleo que se da en este cuartel militar. - Francis Jiménez
TALLER DE EMPLEO

Formación Profesional para civiles en el cuartel

Durante seis meses una treintena de desempleados participan en varios talleres de empleo impartidos en el acuartelamiento isleño de Camposoto

San FernandoActualizado:

Después de meses o incluso años en el paro tienen una nueva oportunidad. Aprenden Jardinería, Albañilería o Montes, pero en un sitio muy especial, el acuartelamiento militar de Camposoto, ubicado en San Fernando.

Esta iniciativa conjunta del Ministerio de Defensa y el Servicio Estatal de Empleo (SEPE) se realiza en la instalación del Ejército de Tierra por tercer año consecutivo. 24 alumnos, ocho por cada especialidad, más el director, una auxiliar administrativa, tres monitores y un profesor de apoyo, participan en los talleres de empleo que comenzaron el pasado 3 de diciembre y tendrán una duración de seis meses, hasta el próximo 2 de junio. Tiempo durante el cual los alumnos reciben tanto formación teórica como práctica. Y durante el que también se intenta que aquéllos que no tienen título de Educación Secundaria Obligatoria adquieran la formación necesaria para obtenerlo.

Parados de larga duración

Tanto alumnos como profesores, eran desempleados. «Es el Servicio Andaluz de Empleo (SAE) el que nos manda a tres personas por puesto. Dos personas del acuartelamiento, más dos técnicos del SEPE los entrevistamos y los elegimos uno a uno», explica el capitán Antonio Fernando Valverde, jefe de la Oficina de Apoyo al Personal (OFAP) de la Unidad de Servicios de Acuartelamiento (USAC) de Camposoto y responsable castrense de los talleres de empleo. Al tiempo que destaca que los alumnos suelen ser parados de larga duración de más de 25 años y se da bastante importancia durante la selección a que pertenezcan a algún sector desfavorecido.

‘Quid pro cuo’. Los participantes en los talleres, que tienen a su disposición aulas y edificios, reciben formación teórica y hacen sus prácticas en el cuartel, arreglando instalaciones que lo necesitan. De este modo ellos aprenden, obtienen una titulación y durante los seis meses cobran un sueldo (el salario mínimo interprofesional más el prorrateo de pagas extra, en total, algo más de 800 euros), ya que tienen un contrato de formación, y mejoran algunas partes del acuartelamiento de Camposoto. El beneficio es mutuo y «esto no deja de ser una instalación pública de todos los españoles», recuerda el capitán Valverde.

«Somos una unidad más dentro del acuartelamiento», afirma José María Calderón, director de los talleres y encargado de coordinar los módulos correspondientes a los tres certificados de profesionalidad que se imparten y de la relación con el «ente promotor, es decir, la OFAP». Arquitecto de formación, ha sido el director de los talleres de empleo durante las tres ediciones. «Sale la oferta de empleo, con unos perfiles determinados y te presentas», explica, mientras subraya que cree que es «importante no tener solo formación docente, ya que el profesional de fuera tiene una visión práctica, muy adaptada a lo que aquí se pide».

Aprovechar la oportunidad

José María no había trabajado nunca con militares antes de participar en los talleres y considera la experiencia «muy positiva, también para el alumnado, porque se van con otra imagen de los militares, dejando atrás los prejuicios de fuera». Los alumnos son «muy receptivos», afirma. «Se dan cuenta de la oportunidad que tienen y la valoran», asegura Ana Flethes, Ingeniero Técnico Agrícola y monitora del módulo de Montes.

«El grupo comienza siendo muy heterogéneo, ya que es gente de varias edades, generalmente con un nivel cultural bajo», describe. «Por eso se intenta que el aprendizaje esté totalmente enfocado a las prácticas», matiza esta profesora, para la que es su segundo año formando parte de los talleres de empleo. No obstante los módulos, «en los que se imparten clases y se realizan exámenes» tienen «un temario específico» por ley «que nosotros seguimos escrupulosamente», matiza.

A su lado, en la ‘sala de profesores’, Ana María López se encarga de realizar todo el trabajo de administración. Para ella, que hasta diciembre era parada de larga duración, es su primera vez aquí. «Realizo el control de asistencias, las labores de oficina del taller de prevención de riesgos laborales que imparte José María, gestiono la documentación, la lista de material, etc...», detalla. Junto a ellas, Tomás Fernández, de Jardines y Sixto Carrasco, de Albañilería, completan el plantel de monitores.

Por el acuartelamiento los alumnos de los diferentes talleres asisten a clase o realizan sus prácticas, cada día, de 8.00 a 15.00 horas. Los de Montes reciben una clase de formación teórica de apoyo para después ‘ir al tajo’ ocupándose de la realización de varios cortafuegos. Además, colaboran con los de Jardinería en el arreglo de unos jardines históricos datados en los años ‘50 y que se encontraban en desuso.

«Estoy aprendiendo mucho y la experiencia está siendo muy buena», declara sin soltar las herramientas María del Carmen Regueira, isleña, que a sus 54 años era parada de larga duración y ahora tiene la oportunidad de realizar el módulo de Jardines.

En otro lado del acuartelamiento los alumnos de Albañilería realizan una completa obra en la residencia de personal, para dotar a dos habitaciones de baño propio. Gabino Prian coge la carretilla. De San Fernando, 51 años y desde 2011 en paro. Aquí «aprendo y tengo un respiro económico», por eso, dice, quiere «agradecer esta oportunidad». Una oportunidad de progresar que ninguno de ellos dejará pasar.