El subteniente Guillén en el RACTA 4, en Camposoto.
El subteniente Guillén en el RACTA 4, en Camposoto. - Francis Jiménez
FUERZAS ARMADAS

De Camposoto a Mogadiscio para adiestrar a las Fuerzas Armadas somalíes

El subteniente Javier Guillén Calvera ha estado seis meses adiestrando a militares de Somalia para que puedan combatir el terrorismo y la piratería

San FernandoActualizado:

Tras más de 30 años de servicio el subteniente Javier Guillén Calvera no había estado jamás de misión. Salió de la Academia de Suboficiales del Ejército de Tierra con el empleo de sargento en 1990 y ese mismo año llegó destinado al Regimiento de Artillería de Costa nº 4 (RACTA 4), en el acuartelamiento de Camposoto. Ese ha sido su destino desde entonces y, como se puede imaginar el lector, este zaragozano de 49 años ya «es gaditano», afirma mientras sonríe.

Especialista en electrónica, el subteniente Guillén se encarga del mantenimiento de los sistemas de armas de este regimiento. Radares, obuses... que todo funcione a la perfección. Pero un día recibió una llamada, le tocaba irse a Somalia, de misión, seis meses. «El primer sorprendido fui yo», cuenta, «porque fui forzoso. Me dijeron que estaba vacante el puesto de instructor en Somalia, que habían pedido peticionarios pero que no había ninguno y, por lo tanto, el sistema había elegido a uno forzoso, que era, de los que cumplían los requisitos para el puesto (ser subteniente o brigada y tener un determinado nivel de inglés), el que menos misiones hubiese hecho o más tiempo llevase sin ir de misión. Y me tocó a mí», explica.

Catorce españoles

Ir a Somalia y además a realizar un trabajo que no tenía nada que ver con lo que hacía normalmente. «Mi mayor preocupación era saber hacer bien la labor que tenía que desempeñar allí», confiesa.Y es que, pasó de ser técnico especialista a instructor de infantería.

Antes de desplegar recibió un curso preparatorio sobre temas generales, de una semana de duración, en Madrid.Y de allí a Mogadiscio, donde llegó el 7 de mayo de 2018 y permaneció hasta el 12 de noviembre.

«En Somalia todo es distinto», explica. «Un día normal me levantaba poco antes de las 6. Estás muy cerca del Ecuador, por lo que amanece a las 6 y anochece a las 18.00 horas. Y hace mucho calor. Después de desayunar íbamos en un convoy al campo de entrenamiento, situado a unos cuatro kilómetros. Allí recibíamos a los soldados a los que instruíamos y les adiestrábamos hasta la hora de comer, que allí es muy temprano, por lo que a las 11.30 horas terminábamos y volvíamos a la base a comer. Por la tarde realizábamos trabajo de oficina», detalla.

Junto a él, como instructores, otros 13 militares españoles, todos de diferentes unidades, y miembros de las Fuerzas Armadas de siete países europeos. «Con los que más contacto teníamos, porque trabajábamos en el mismo equipo, era con finlandeses e italianos. Además, estos últimos son el contingente más numeroso y también Italia ostenta el mando de la misión», dice el subteniente Guillén.

Su misión: formar a las Fuerzas Armadas de Somalia. «Instrucción general del combatiente, como establecer un checkpoint, construir un pozo de tirador o las posiciones del tirador. Cosas muy básicas que cualquier militar debe saber, por lo que podía hacerlas perfectamente. Las que no tenía muy frescas, con repasar un poco no supuso problema», explica.

El militar estuvo seis meses en Somalia.
El militar estuvo seis meses en Somalia. - Francis Jiménez

Sobre el terreno

La mayoría de los soldados somalíes a los que tuvo que adiestrar era «gente que no tenía ningún tipo de formación militar». Lo más difícil, «inculcarles el orden, la organización, ya que debido a la situación de anarquía que ha sufrido Somalia están acostumbrados a vivir sin ello».

Los instructores europeos imparten dos cursos. El primero, para formar a una compañía de infantería, unas 100 personas, de 17 semanas de duración. Y el segundo, en el que el subteniente Guillén era uno de los instructores, se enseña a militares somalíes para que ellos, a su vez, puedan adiestrar a sus compatriotas. En este último, de 15 semanas de duración, se exige que los alumnos sepan leer y escribir.

Un tiempo en el que «se llega a conocer muy bien a cada uno». «Les enseñas cosas útiles, que van a tener que aplicar porque allí están en guerra y en alerta contra el terrorismo», explica el subteniente Guillén. De hecho, cuenta que «si les explicabas cosas muy teóricas a veces ni te prestaban atención, lo que querían eran cosas útiles sobre el terreno». «Se dan cuenta de que con lo que les enseñamos se pueden defender mejor ellos y a Somalia» por eso «se comportan perfectamente, con mucha educación».

El subteniente Guillén volvió de Somalia con la mochila cargada de aprendizajes. Por un lado, habiendo comprobado «lo respetadas que son las Fuerzas Armadas españolas tanto por los somalíes como por el resto de militares europeos». Además, «personalmente, en un sitio así ves realmente los resultados útiles de tu trabajo». Y, «valoras la seguridad que hay aquí en España», afirma, mientras cuenta que allí no podían salir de la base por lo inseguro del país. «En muchas partes del mundo no puedes ni salir a pasear».

A pesar de lo duro de la misión «por no ver a la familia» y la inseguridad del principio del despliegue por no saber si iba a hacer bien el trabajo, lo llevó a cabo a la perfección. Por eso, no lo duda, «tuve la suerte de que me mandaran forzoso. Me volvería a ir de misión».