Laura Prieto, investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN)
Laura Prieto, investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN)
Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía

«Si vemos una carabela portuguesa en la orilla no debemos tocarla, pueden seguir vivas varios días»

Laura Prieto, investigadora del CSIC, ha desentrañado este jueves en el Facebook Live de LA VOZ de Cádiz todas las dudas existentes en torno a las carabelas portuguesas

CádizActualizado:

Laura Prieto, investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN), perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desentrañado este jueves en el Facebook Live de LA VOZ de Cádiz todas las dudas existentes en torno a las carabelas portuguesas.

Las carabelas pertenece a los filonidarios, como las ortiguillas, las medusas o los conocidos como ‘pica-picas’ en Cádiz. Prieto desvela que a diferencia de la medusa, la carabela es «una colonia de hidrozoos, una colonia de centenares de organismos». Por tanto, cada una de ellas «es en sí misma una colonia». El ‘veneno’ se encuentra en sus células urticantes, de tamaño microscópico.

La experta del CSIC considera que la posibilidad de que llegue una gran cantidad de carabelas portuguesas a las costas de Cádiz es “infrecuente”. En el ICMAN mantienen bases de datos con los registros de sus llegadas desde 2007. En el año 2010 en febrero se detectaron en dos semanas más de 100.000 colonias en Andalucía. Otros picos se notaron en 2013 y 2018.

En este sentido, Prieto valora que «este año hay muy pocas», aunque como hecho diferencial remarca que «su llegada ha coincidido con la temporada de baños». Así, explica que «otros años ha habido más, pero en invierno».

De hecho, califica las cifras observadas en las últimas fechas de testimoniales, para hablar de 2019 como «un año muy tranquilo» por lo que a las carabelas portuguesas se refiere.

La científica explica que su llegada «está asociada normalmente a borrascas con vientos de poniente», fenomenología que se dio en aquel repunte de 2010. Ella prefiere ser prudente al hablar de este año: «Habrá que esperar a analizar los datos meteorológicos y oceanográficos, ya que se mueven con las corrientes superficiales y el viento» resume.

Qué hacer si encontramos una carabela

Una de las principales dudas que resuelve Laura Prieto es qué debemos hacer cuando veamos una galera portuguesa en la orilla. Lo primero de lo que advierte es de que «no debemos pensar que está muerta». Alerta acerca de que «sus células urticantes pueden seguir vivas varios días». Si las encontramos habrá que avisar al puesto de socorrismo más cercano, o llamar al 112. «Ellos saben cuáles son los protocolos a seguir, y están preparados para atender a las personas afectadas», insiste. «En cualquier caso no hay que tocarlas», refuerza, para añadir que «ni siquiera hay que tocar la zona de rocas o la arena cercanas a donde se encuentren».

En caso de que nos las encontramos en el agua, el procedimiento debería ser prácticamente el mismo. «Si ves el ‘flotador’ de una carabela portuguesa, sal rápido y avisa», recomienda. Esa salida del agua debe hacerse «aunque no estés del todo cerca», porque, como matiza la experta del CSIC, «lo que pican son los tentáculos». Al margen de que como prevención los responsables de la playa coloquen la bandera amarilla de precaución, ella recomienda «no bañarse, porque tienen unos tentáculos muy largos que nos pueden rozar». Aunque una vez en la arena puedan parecer más pequeños, Prieto especifica que «los tentáculos de una carabela portuguesa pueden llegar a medir hasta cinco metros cuando están extendidos, listos para cazar».

La idea en la que la investigadora insiste es en que «hay que tranquilizar a la gente». De su ‘familia’, la carabela portuguesa «es la que tiene la toxina más potente, pero no es letal para los seres humanos». En las costas gaditanas no se da la posibilidad que sí existe en Australia o Hawaii «donde sí que hay otras medusas que te matan al instante». Como caso remoto, Prieto habla de que podría afectar de manera mortal a una persona que fuera alérgica, pero a este respecto lo compara con «el caso de una persona que pudiera ser alérgica a la picadura de una avispa».

La integrante del CSIC también descarta que este desembarco de carabelas portuguesas se pueda deber el deterioro del medio ambiente. «Que las haya es algo natural, forman parte del ecosistema». Su hábitat natural es el mar abierto. Se suelen desenvolver en el centro del Atlántico, pero «su llegada a las costas no tiene nada que ver con la actividad del ser humano», concluye.

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