SUCESOS

«Sabían que los llevaban hacia la muerte y les dio exactamente igual»

El naufragio de la patera de los Caños refleja la «falta de escrúpulos» que manejan las mafias de la inmigración ilegal. «Seguirá pasando. Es un negocio»

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La madrugada del pasado lunes 5 de noviembre no solo se sesgó la vida de al menos 23 jóvenes marroquíes cuando la endeble patera en la que viajaban se estrelló contra las rocas en los Caños, sino que también este terrible episodio ha servido para destaparle al mundo la crudeza de una realidad que está aquí al lado desde hace mucho tiempo pero que cada vez es más arriesgada, más peligrosa y más sucia. Llovía, el viento de suroeste levantaba enfurecidas las olas y la fuerte marejada aparecía en las previsiones metereológicas desde hacía días. Pero todo dio igual. Casi 48 horas de extrema navegación a bordo de una barca de madera de la que tuvieron que estar achicando agua durante todo el trayecto las más de 40 personas que iban en ella desde que salieron de Kenitra. La vida puesta al límite hasta que la mitad de ellos (de momento) perdió la partida.

«Las mafias que trafican con estas personas no tienen escrúpulos en enviar a la muerte a quien sea con tal de que se les pague el viaje». Lo cuenta con una evidente sinceridad el teniente de la Guardia Civil Moisés González. No se lo ha dicho nadie, lo está viendo con sus propios ojos. A diario. Dos semanas lleva junto a todos sus compañeros del Servicio Marítimo sacando cadáveres del agua. Vidas cuyo viaje solo tuvo billete de ida.

«El tráfico de la inmigración ilegal va a seguir manteniéndose porque es un negocio». Y lo que es peor. Un negocio que se extiende y que parece no tener fin ni lucha posible contra los intereses, la corrupción y las cortapisas para poder desarrollar investigaciones de calado, allí, en el origen, que den con los verdaderos responsables. «Ya no son solo mafias organizadas, establecidas, las que están detrás de este drama sino que también comienzan a participar todos aquellos que tienen algo que flote y quieren también aprovecharse de esta miseria».

Así se explica por ejemplo que los agentes del Servicio Marítimo hayan interceptado en los últimos meses a numerosas recreativas y barcos de pesca con magrebíes escondidos intentando cruzar de manera irregular el Estrecho, o que la llegada de pateras a nuestras costas se mantenga durante todo el año y no se limite solamente a aquellos meses de mejor tiempo para embarcar como el verano o la primavera. «Este año se va a superar con creces el récord que se dio en 2006 con la crisis de los cayucos», advierte el teniente.

El tráfico se está extendiendo por toda la costa de Marruecos, no solo de Tánger como antes. La naufragada salió de Kenitra

Un dato que también llama la atención es el tiempo de navegación que según los supervivientes llevaba en el agua la patera naufragada antes de chocar contra el arrecife de los Caños. Casi 48 horas. La razón es que salieron desde la zona de Kenitra, no desde Tánger como hacen habitualmente, un lugar más próximo a la Península. «Las salidas se están extendiendo a toda la costa marroquí y eso también aumenta el riesgo».

Los ocupantes, más de cuarenta personas, pagaron por el viaje 1.500 euros (500 más si querían un chaleco salvavidas). Una medida de seguridad que no era precisamente definitiva por la mala calidad de los chalecos («de los chinos»). Y encima, la mala mar no les echó para atrás. Cuando entraron al agua ya se había levantado un fuerte temporal. «Las previsiones son fáciles de ver. Sabían que los llevaban hacia la muerte y les dio exactamente igual».

Los ocupantes de la patera pagaron 1.500 euros por el viaje, 500 euros más si querían chaleco salvavidas

Ayer, el mar arrastraba hacia la playa de Chiclana a los dos últimos cadáveres. 23 van ya. El primero aparecía en la Barrosa y el segundo en la Torre del Puerco. La Guardia Civil continúa investigando este dramático suceso para que esta tragedia no se quede solamente en números y familias rotas sino que sus responsables paguen también por lo que han hecho.