Los agentes observan la ventana, una vez que terminaron el rescate.
Los agentes observan la ventana, una vez que terminaron el rescate. - La Voz
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Rescate en Chipiona: «Tiempo que piensas, tiempo que pierdes... había que sacarlos de allí»

Dos guardias civiles y dos policías locales salvan la vida a una familia con niños en Chipiona tras declararse un peligroso incendio en su casa

«El humo era muy denso, no se podía respirar. Rompimos las rejas y los sacamos por la ventana»

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No había ni un minuto que perder. Desde el interior de una casa en llamas se escuchaban los gritos de auxilio. El humo, negro y denso, no daba demasiado margen ya. Ocurría en Chipiona este pasado martes. Eran las cinco y en un piso de la calle Virgen de Palomares se declaraban un incendio que se agravaba por momentos. Los bomberos, alertados, tenían que llegar hasta el lugar desde el parque de Sanlúcar, así que había que tomar decisiones.

Controlados, expertos ya en intervenciones de este tipo, los guardias civiles Máximo y Francisco no lo dudaron. Dentro de esa casa había cuatro personas y tenían que sacarlas lo antes posible. Al lugar acudieron además dos policías locales que también participaron de manera muy activa en el rescate.

«Cuando llegamos empezamos a escuchar los gritos, había mucho humo», recuerda Máximo. Al parecer, el fuego se había iniciado en el salón donde estaban jugando los niños, de apenas 4 y 8 años. En la vivienda también se encontraba la madre de los pequeños y la abuela. Las llamas les había llevado a refugiarse a un cuarto cuya ventana daba al exterior del bloque. A casi dos metros de altura sobre el suelo.

«Intenté acceder por las escaleras, por la puerta principal pero era imposible, eso era una chimenea. Tragué mucho humo, en ese momento me di cuenta de cómo la gente puede morir asfixiada en minutos».

Ante esta situación que podía empeorar las cosas y viendo que en las escaleras no había ningún afectado en peligro inminente, Máximo volvió sobre sus pasos. Entre todos decidieron entonces que tenían que intentarlo por la ventana. Sin embargo, las rejas impedían cualquier escapatoria.

A martillazos

«La gente colaboró con nosotros. Nos dieron martillos y cinceles y conseguimos romper a machetazos los barrotes». La situación empezaba a mejorar. El resto de vecinos del bloque permanecieron en sus viviendas. «No podían bajar por el fuego y el humo de la escalera así que les fuimos informando por los móviles que se quedaran en casa y pusieran toallas húmedas bajo las puertas. Era mucho peor que intentaran salir».

La escena continuaba a toda prisa. Con las ventanas ya libres, sacaron primero a los niños y luego a las dos mujeres y así, gracias a la rápida y efectiva actuación de estos agentes, no sufrieron más daño que los nervios y el miedo que habían vivido y que, con total seguridad, les costará un tiempo olvidar. Máximo sí tuvo que ser atendido en un centro médico tras haber inhalado bastante humo.

«Muchas veces somos los primeros en intervenir», comenta sin darle apenas importancia al heroico rescate de esta familia que realizó junto a sus compañeros. En su opinión en este tipo de servicios lo importante es mantener la calma y ser resolutivo, rápido. «Tiempo que piensas, tiempo que pierdes». Aunque también, «hay que actuar siempre con cabeza». «Claro... si te pones tú mismo en peligro ya no podrás hacer nada más por nadie».