Unos sesenta subsaharianos que fueron desembarcados el martes en Barbate pasaron la noche en unos módulos habilitados.
Unos sesenta subsaharianos que fueron desembarcados el martes en Barbate pasaron la noche en unos módulos habilitados. - ANTONIO VÁZQUEZ
REPORTAJE

Radiografía del suma y sigue

Unos sesenta subsaharianos pasan más de un día en el puerto de Barbate sin poder ser acogidos, las comisarías están repletas y los centros saturados, «no hay sitio». Todo el sistema, colapsado

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La situación actual de la inmigración en la provincia de Cádiz se podría ver en diapositivas. Imágenes. Una tras otra que dan cuenta de lo que hay. De lo que está pasando. Desde Algeciras, a Tarifa y también Barbate, pero además se retrata en comisarías colapsadas, centros de acogida repletos y polideportivos reconvertidos por emergencia. Todo. Hay muchas circunstancias diferentes, y a cada instante saltan nuevas cifras pero éstas son difíciles de computar porque cambian a cada minuto. La presión migratoria que está viviendo estas últimas semanas la costa gaditana no tiene precedente. Algunos recuerdan el gran desembarco de agosto de 2014 de Tarifa pero esos números (si hablamos de ellos y no de personas) hace ya tiempo que se superaron.

Y para comprobarlo no solo vale con hacer balances numéricos sino también repasar las historias que se han ido sucediendo, solapándose, en tan solo unas horas.

Viajamos hasta Barbate. Son las diez de la mañana. En dos módulos prefabricados que hay en el puerto de unos treinta metros cuadrados han pasado la noche 62 personas, subsaharianos rescatados el martes y que ya no pudieron ser llevados a ningún sitio, ni comisaría ni centros, porque no había ya capacidad por el auxilio de otros 300. Sin camas ni colchones. En el suelo y en apenas medio metro se han tenido que apañar para descansar del 'viaje'. Entre ellos, cinco mujeres, una de ellas embarazada, y un niño de unos seis años.

Un agente de Barbate conversa con el pequeño en el módulo.
Un agente de Barbate conversa con el pequeño en el módulo. - ANTONIO VÁZQUEZ

Decenas de migrantes pasan la noche hacinados en la comisaría de Algeciras, otros al raso

La Guardia Civil se vuelca en atenderlos. También lo hace el Ayuntamiento barbateño que les dona comida, agua y productos para su higiene personal. Pasan las horas. Despacio. Las temperaturas livianas de este verano ayudan al menos algo. Hasta que en torno a las seis de la tarde llega por fin la noticia de que ya pueden ser trasladados. Más de 24 horas sin saber su ‘destino’. Un autobús y un furgón los llevará hasta el polideportivo de Algeciras que se está convirtiendo en el centro neurálgico de esta acogida masiva.

Pero esos módulos no se quedarán vacíos. Pronto tendrán nuevos inquilinos. Ya están esperando de hecho en el muelle. Se trata de otro medio centenar de subsaharianos que acaba de ser rescatado también de una patera en el Estrecho. Tampoco vienen solos. Ellos fueron auxiliados cuando la Salvamar se dirigía a puerto con otros 38 marroquíes a bordo que también habían sacado del agua. Éstos últimos marchan directamente hacia Algeciras y de ahí, una vez cumplidos también todos los trámites y las esperas, serán devueltos a su país de origen ya que con Marruecos sí hay un acuerdo en este sentido. Los viajes de ida y vuelta a la frontera con Ceuta de laPolicía Nacional tampoco paran. Todos los días. La misma situación:sin tiempo, sin personal suficiente, sin recursos. Incluso está habiendo ya problema de material.

Todas las comisarías de la provincia están repletas y los viajes a Ceuta para llevar a marroquíes son diarios

En el puerto barbateño una docena de guardias civiles combate todo esto como se puede entre atenciones a los inmigrantes, custodia, nuevas recepciones, traslados, y otra vez a empezar... Con relevos constantes en jornadas de 24 horas y pendientes de dónde se les va a hacer sitio a los nuevos recién llegados que pasan el tiempo descansando, hablando. Esperando.

A. VÁZQUEZ
A. VÁZQUEZ

Otros escenarios pero lo mismo

El recuento continúa. Y en Algeciras, la situación no cambia mucho. Solo que son otros escenarios. En una comisaría desbordada, decenas de inmigrantes pasan la noche también hacinados. Sobre el suelo, sin nada para dormir. Además otros cuarenta se quedan durmiendo al raso en la patrullera que les ha rescatado. «No hay sitio, no hay sitio», repiten por todos lados.

Y otra vez vuelven los números. Según los últimos datos recogidos, más de 900 inmigrantes rescatados estos días en aguas del Estrecho a bordo de pateras se encuentran ubicados entre polideportivos municipales habilitados en Cádiz, Jerez y Algeciras, así como en la Comisaría de la Policía Nacional de Algeciras y en el barco de Salvamento Marítimo atracado en el puerto algecireño.

Cientos de subsaharianos se encuentran a la espera de la resolución de expediente, antes de que se les ponga en libertad

Además en el pabellón municipal La Mirandilla de Cádiz hay otro centenar, mientras que en el de Jerez hay 240 personas. Estos pabellones han sido preparados por personal de la Cruz Roja, donde los inmigrantes esperan destino. Pero también están los que están en distintas dependencias a la espera de la resolución del expediente en el que se refleja que quedan en libertad pero en situación irregular. Es el caso de los trasladados al Saladillo, en Algeciras, 300 más, así como los más de 100 que se encuentran en las dependencias de la Comisaría de la Policía Nacional y los más de 140 que se encuentran en el barco de Salvamento Marítimo atracado en el puerto de Algeciras. No obstante, la situación en cuanto número de estas tres ubicaciones va variando conforme la Policía va atendiendo a las personas rescatadas.

Y ante esta situación, está pendiente que se abra el centro de primera recepción en San Roque y que la UME ha estado habilitando. Según anunció el delegado del Gobierno en Andalucía, previsiblemente pueda abrir el próximo 1 de agosto. Sin embargo, no hay que pasar por alto que este centro será un lugar de primera recepción por lo que, una vez que se les dé esa atención y se les tramite el expediente, volverán a estar en la misma situación si no hay capacidad para que las asociaciones y ong los acojan o ellos mismos se busquen la vida.