Antonio Juliá, en su consulta de San Carlos, con el mural de Frida Kahlo de fondo. :
Antonio Juliá, en su consulta de San Carlos, con el mural de Frida Kahlo de fondo. : - ANTONIO VÁZQUEZ
SALUD

El pintor que hace llorar a las mujeres gaditanas

Antonio Juliá comanda, en el Hospital de San Carlos, la primera unidad de micropigmentación mamaria del SAS

SAN FERNANDOActualizado:

Antonio Juliá es de esos hombres que hace llorar a las mujeres. Sin embargo, las palabras que le dedican las gaditanas que pasan por sus manos son siempre de gratitud, de infinito agradecimiento, después de las lágrimas de alegría por haberles devuelto una parte fundamental de sus vidas: la «feminidad» y autoestima que surge de no mirarse en el espejo y sentirse enfermas. El enfermero dermoestético Antonio Juliá es el responsable de la flamante unidad de Micropigmentación para el Cáncer de Mama del Hospital de San Carlos, que desde principios de julio, devuelve a las mujeres mastectomizadas la imagen de sus areolas y pezones «y la sensación de que vuelven a ser ellas mismas».

Quien acude a esta unidad, perteneciente al servicio de cirugía plástica del Hospital Puerta del Mar, se lleva un primer impacto con el cuidado interiorismo, obra de Juan Rojas. Y es que no parece parte de un hospital. Una iluminación cálida, plantas e incluso un gran mural de Frida Kahlo con una frase que resume el proceso de diagnóstico y superación del cáncer de mama reciben a las pacientes «que, en alguna ocasión, me han preguntado si esto pertenecía al hospital o se pagaba aparte», bromea Juliá.

Una vez allí, y tras las explicaciones y pruebas ineludibles, Juliá aplica su destreza sobre el busto reconstruido para, mediante la micropigmentación (que, resumiendo mucho, sería como un tatuaje temporal) dibujar una areola y un pezón a la paciente con efecto de tres dimensiones.

Tras las dos horas y media que dura, aproximadamente, la primera intervención, la paciente puede comprobar frente al espejo el efecto que los pinceles y agujas de este gaditano de 40 años han tenido en sus pechos. Los ojos primero ven y luego, «casi siempre», lloran de emoción. La sensación de las pacientes (algunas operadas desde hace más de década y media) es común: la lucha ha terminado.

Dinero culpable

El servicio lo presta el Hospital de San Carlos desde principios de julio. Pero antes, Antonio Julia lo ofrecía de manera privada en la ‘Clínica Integral’ que regenta con su mujer, la odontóloga Arancha Fernández. «Aprendí esta técnica en un seminario en Boston, de un cirujano plástico que lo hacía para pacientes que habían quedado mal operadas del pecho. Me formé como enfermero dermoestético e incorporé a mi clínica la micropigmentación oncológica».

«La sensación que tienen las pacientes es que, por fin, la lucha ha terminado», indica Antonio Juliá

«Las pacientes de lo primero que se sorprendían en la consulta era que, pese a ser algo estético, yo siempre les pedía el informe médico y el consentimiento de su cirujano plástico –que muchas veces era quien le había hablado de él–». «Ser un profesional sanitario les suponía una garantía». Su condición de enfermero del SAS le hacía tener una especial sensibilidad con la falta de recursos económicos que, en ocasiones, sufren las pacientes. «No te voy a engañar, muchas veces me sentía mal por cobrarle la micropigmentación a una mujer que ha pasado por este proceso tan duro, ¿es que la que tiene menos dinero merece menos?»

Resultado de uno de los trabajos de Antonio Juliá
Resultado de uno de los trabajos de Antonio Juliá

Juliá rehuye méritos al explicar cómo consigue que la primera unidad pública en España de micropigmentación mamaria pase de idea a ser una realidad. «En 2014 le expliqué el proyecto a Fernando Forja, gerente del Puerta del Mar (la gerencia de los hospitales de Cádiz y La Isla es compartida) y a la directora de Enfermería, Charo García, y les entusiasmó la idea. Fueron valientes», resume Juliá, que también agradece al delegado de Salud, Manuel Herrera, que diera todos los parabienes a un proyecto «que viene a completar el magnífico trabajo del equipo de Patología Mamaria». Algo de mérito tendrá Juliá, para quien distintas asociaciones han solicitado la concesión de la Bandera de Andalucía, distinción que concede anualmente la Junta a personalidades destacadas de la comunidad.

Pinturas de paz

En el interior de la unidad de Micropigmentación Mamaria hay una gran tranquilidad. Hay un perfume especialmente escogido, entra luz natural y una suave música que Juliá (que en el transcurso de la entrevista maneja hasta cuatro pantallas táctiles), va seleccionando. «Soy muy puntilloso, me encanta poner en esta fase de la recuperación de mis pacientes –32 gaditanas han pasado por esta unidad– el máximo mimo para que sientan toda la paz posible».

Juliá, consciente de que la realidad es terca y prosaica como las enfermedades, reconoce que uno de los aspectos positivos del tratamiento es que el bienestar de la mujer «redunda en el sistema público, porque el consumo de antidepresivos desciende y se constatan menos visitas al resto de especialistas». Obviamente, está la mejor percepción que tienen de ellas mismas: pierden el miedo a mirarse en el espejo, vuelven a reconocerse.

«En muchos casos, al sentirse menos femeninas, han desarrollado un rechazo a las parejas que gracias a esta técnica, desaparece». Mientras lo dice oye un ruido fuera de la sala. Se asoma y reconoce a dos mujeres que esperan consulta. «Buenas, ¿cómo estáis? ¿Os ha gustado la frase de la puerta?» «Mucho, nos ha emocionado ¿no pasa nada por hacerle una foto, verdad?» le responde una de ellas con una amplia sonrisa que sirve para cerrar la entrevista.