Francisco sujeta la foto de su hermano asesinado a los 33 años. - A. VÁZQUEZ
REPORTAJE

«Ni perdono ni olvido»

El hermano de Antonio Mateo, guardia civil vejeriego asesinado por ETA en 1987, planea hacer una fundación «para que de verdad se haga justicia»

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Han pasado ya algo más de treinta años y a Francisco Mateo, vejeriego, 61 años, la voz le sigue temblando cuando habla sobre el asesinato de su hermano. Tiene aquel Día de Todos los Santos de 1987 grabado en sus ojos humedecidos, en su memoria, como si hubiera sido ayer. Ese 1 de noviembre el etarra José Luis López Ruiz, 'Kubati', decidió acabar con la vida de Antonio Mateo, cabo primero de la Guardia Civil destinado en el País Vasco. Se le acercó por la espalda y le descerrajó dos tiros en la cabeza. Luego lo remató de otro disparo seco en el suelo. Disfrutaba de un día libre y salía con unos familiares del cementerio de Villafranca de Ordizia pero a los pocos metros, cuando caminaba hacia el bar de su cuñado, se acabó todo. Tenía 33 años.

«Yo estaba en Vejer. Me dijeron que fuera para casa. En el patio me encontré que había mucha gente, pensé que le había pasado algo a mi madre pero me dijeron ‘han matado a tu hermano’», recuerda Mateo. «No me lo creía... mi hermano...». A través del alcalde y de la Guardia Civil pudieron viajar de noche hasta San Sebastián. «Cuando llegamos ya era para enterrarlo». «Nos enteramos que había sido Kubati. Con un revolver del 38, fue por detrás.¡Dos tiros por la espalda!. Lo llevaron al hospital pero no pudieron hacer nada por él. Ya era una víctima más de ETA».

Para Francisco aquel día quedó señalado para siempre. «Esa herida no se cura. Y menos mientras estén esos asesinos en la calle. Aunque no maten siguen en activo», lamenta. Y entre los que disfrutan ya de esa libertad se encuentra Kubati, el pistolero que les hirió en casa de muerte. El etarra salió de la prisión de Puerto I en noviembre de 2013. Había sido condenado a 1.076 años por su participación en 13 asesinatos consumados y 16 frustrados. Sin embargo fue excarcelado tras la aplicación de la sentencia de Estrasburgo por la Doctrina Parot. En la puerta le esperó Francisco Mateo entre otros familiares de víctimas.

«Nos enteramos que salía ese día y desde las ocho de la mañana me fui a la cárcel. Sentí odio y rabia. Quería cogerlo. En ese momento nada más que se me venía a la mente mi hermano. Que ese cobarde lo había matado por la espalda. Él estaba esperando que vinieran a recogerlo. No me pude acercar pero si llega a estar solo me voy a por él. ¿Tú sabes lo que se siente cuando han matado a tu hermano por nada? Es muy triste y doloroso. ¡Ni perdono ni olvido!».

Una lucha que no descansa

Desde entonces Francisco no ha parado de luchar para que se le haga justicia a Antonio. «Los etarras se creen que son políticos y lo que son es asesinos y tienen que pagar por ello». «En 2013 excarcelaron a cerca de 70 y están ahí, en la calle. No han cumplido con lo que hicieron, que además de matar, secuestraron e impusieron el impuesto revolucionario a mucha gente. ¿Cómo se puede plantear la pena revisable para quienes han asesinado durante cincuenta años? Debería de haber habido cadena perpetúa desde el principio», se lamenta Mateo.

«Esa herida no se cura y mucho menos cuando ves que su asesino, Kubati, está en la calle»

Por todo ello, treinta años después, el tiempo no ha podido vencer sus ganas de reivindicar lo que considera que no se cumplió. Desde entonces ha participado en multitud de acciones por toda España. En 2010 se montó en su moto y recorrió 3.300 kilómetros parando en diferentes pueblos homenajeando a decenas de asesinados por la banda ETA. Lo volvió a hacer en 2016. Además, como miembro de la Asociación Víctimas del Terrorismo, ha salido a la calle y ha respaldado multitud de actos de memoria y protesta. «No me da miedo señalarme. Siempre los llevo conmigo, me acompañan... Me ayudan a seguir», dice mientras señala uno de los carteles que él mismo ha hecho con fotos de todas las víctimas.

Pero su lucha cuesta dinero. Para poder costearse todos esos viajes y material cada año vende un número de Lotería de Navidad. El 11187, la «maldita» fecha en la que perdió a su hermano. Ahora, tras la «división» de las asociaciones de víctimas, quiere crear una fundación que lleve el nombre de Antonio Mateo. Cree que sería la mejor forma de no sentirse «solo» y poder encauzar más voluntades y una mayor atención. «No se puede olvidar. Esto no ha sido una guerra.Esto ha sido obra de una banda de asesinos que han matado a muchas personas que no tenían culpa de nada».