El comisario de la Policía Nacional Luis Esteban.
El comisario de la Policía Nacional Luis Esteban. - La Voz
PROVINCIA | NARCOTRÁFICO

«'Moroloco' es ficción pero sí he intentado que el entorno se asemeje a la realidad»

Luis Esteban, anterior comisario de Algeciras, presenta 'Moroloco', una novela inspirada en el mundo del narcotráfico del Campo de Gibraltar

María Almagro
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Su rostro y su trabajo se hicieron bastantes populares cuando se puso al frente de la Comisaría de Algeciras. Lo hizo en un momento complicado cuando las noticias sobre agresiones de narcos a agentes y alijos a plena luz del día se contaban casi a diario. Ahora, el comisario Esteban está en Salamanca, pero recuerda bien su paso por Cádiz, por lo que pudo aprender y, también, porque le dio la llave para construir su cuarta novela, 'Moroloco', una obra de literatura negra inspirada en el mundo del narcotráfico del Campo de Gibraltar.

¿De qué manera y cuándo surge la idea de escribir esta novela?

La idea surge como consecuencia casi natural de mi estancia en Algeciras. Creí que debía describir el peculiar ecosistema delictivo que allí descubrí, sin parangón en ninguna otra parte de Europa, y la magnífica respuesta que los compañeros de la Policía Nacional le daban, muchas veces pagando un alto peaje personal.

Está inspirada en el narcotráfico del Campo de Gibraltar, un contexto que ha conocido de cerca como comisario de Algeciras, ¿Cuánto hay de realidad y cuánto hay de ficción en 'Moroloco'?

Como indico en el prólogo de la novela, la trama y los personajes son ficticios. Eso no obsta para que algunas partes y personajes estén inspirados vagamente en sucesos y personas reales. Lo que sí he intentado es que el entorno expuesto en el texto se asemeje al real. No obstante, como todo escritor, hago uso de licencias literarias para hacer más atractiva la lectura.

Moroloco es un poderoso traficante de hachís que ha tenido una carrera delictiva meteórica y que se cree capaz de manejarlo todo, dice que es ficción, pero a quien conozca la zona le pueden venir varios nombres a la cabeza, ¿no cree?

Moroloco no se corresponde concretamente con ninguno de los traficantes que operan o han operado en la comarca. Es más bien un compendio de los rasgos, hábitos y 'modus operandi' de todos ellos. Es el capo estándar de Campo de Gibraltar, no debe ser confundido con ninguno de ellos en particular, aunque es inevitable, para los que conocen el paño, hacer comparaciones.

Otro de los aspectos que llaman la atención es que el narco cuenta su historia en primera persona, ¿es una forma de acercarlo al lector, de humanizarlo?

Quise que Moroloco hablara en primera persona para ofrecer una narración novedosa del narcotráfico. He intentado huir de los tópicos más manidos de la novela negra. Que el lector sintiera próximo al delincuente y que eso le planteara algún dilema ético, como, por ejemplo, por qué acaba empatizando, aunque sea en pequeña medida, con un personaje que es un perfecto sinvergüenza, un amoral.

Frente al narco hay un policía tenaz, comprometido, que le quiere dar caza a toda costa, pero que en el fondo guarda bastantes similitudes con su objetivo, incluso ambos han vivido una tragedia familiar parecida ¿qué pretende transmitir con estas coincidencias entre ambos personajes?

He querido armar un juego de espejos que pusiera frente a frente a los dos antagonistas, ambos excelentes especialistas en su ramo, circunstancia que hace más interesante la narración. Y en esa confrontación, como en todas las de la vida, hay aspectos humanos que trascienden lo profesional y que son determinantes para el resultado de la contienda.

«Hoy cualquier niñato se cree Pablo Escobar y por eso La Línea es un sindiós», ¿firma esta frase fuera de 'Moroloco'?

Esa frase, que es exagerada, pudo tener algo de cierto tiempo atrás. A día de hoy la Policía Nacional mantiene perfectamente el orden en La Línea y Algeciras. Se han adoptado decisiones inteligentes que, unidas al trabajo encomiable de los agentes desplegados en la zona, han conseguido revertir la situación y reconducirla a la normalidad. De todos modos, esa frase hace alusión a un «sindiós» dentro de las relaciones entre narcotraficantes.

En el libro se tratan también temas tan controvertidos como la corrupción en el mundo policial, o las mafias y el poder político en el narcotráfico, ¿lo ha tenido que novelar demasiado?

En España, la corrupción afecta a un número muy pequeño de funcionarios públicos. Estamos, afortunadamente, a años luz de la corrupción de países como Méjico, Brasil o Colombia. De todos modos, un solo funcionario corrupto puede resultar de gran ayuda para los narcotraficantes. Eso lo saben los servicios de Asuntos Internos de Policía Nacional y Guardia Civil, que son implacables con los garbanzos negros. Por otro lado, la relación entre el narcotráfico y la política, en nuestro país, es inexistente. En mi novela es sólo un recurso narrativo que no haya reflejo alguno en la realidad.

¿Cree que la novela va a gustar en el Campo de Gibraltar?

Sé que la novela está interesando en la comarca, no en vano está ambientada en ella. Espero que los campogibraltareños, tan honrados como el resto de españoles, no se sientan aludidos cuando en el texto aparecen narcotraficantes u otras personas de dudosa moralidad. La literatura negra acentúa los rasgos negativos de las personas, de las profesiones o de las regiones, los caricaturiza en alguna medida. Por eso nunca debe tomarse al pie de la letra lo que en ella se narra. El Campo de Gibraltar es una comarca fantástica.

Tras su paso por Algeciras, ¿cómo ve ahora la situación?, ¿cree que como se dice se ha recuperado el principio de autoridad?

El principio de autoridad y el estado de Derecho, que siempre han regido en la zona aunque en ocasiones pudiera parecer que peligraban, están más vigentes que nunca en Algeciras y en toda la comarca. La Policía Nacional y el resto de fuerzas de seguridad se han empleado a fondo para garantizar la seguridad ciudadana y no van a bajar la guardia.

La novela tiene pinta de poder ser llevada al cine, ¿le gustaría?

No es usted la primera persona que me lo dice. No escribí 'Moroloco' pensando en el cine, pero me encantaría que se llevara a la pantalla. Creo que daría mucho juego.