OPINIÓN

Los males del Concurso: Por un puñado de euros

Para mi entender, uno de los graves problemas que asola a nuestro concurso, es que está siendo ‘prostituido’ por un puñado de euros por muchos de los que en él participan

Adolfo Vigo
Actualizado:

A la hora de ponerme a escribir esta columna tengo de fondo el concurso de agrupaciones de carnaval y mientras escucho lo que está pasando por las tablas del Gran Teatro Falla llego a la conclusión que nuestro carnaval está encaminándose, si nadie lo remedia, al más profundo de los abismos.

Hay quienes culpan de este mal a la presencia de muchos foráneos en el teatro, hecho que, sin ser para mí el mal principal, si es un condicionante pero del que hablaré en otro momento. Sin embargo, para mí son otros. Para mi entender, uno de los graves problemas que asola a nuestro concurso, es que está siendo ‘prostituido’ por un puñado de euros por muchos de los que en él participan.

Se está prostituyendo porque muchos autores y componentes simplemente ven en el carnaval un medio para ganar dinero, para sacarse un sobresueldo a su trabajo o a la paga del Estado y no una tradición cultural de nuestra ciudad que no debería de perderse nunca. Muchos se han olvidado de la función crítica de las coplas del carnaval sobre todo lo que sucede en nuestra sociedad.

Las coplas de la inmensa mayoría de los autores carecen del doble sentido, de la ironía que durante muchísimos años caracterizó a las letras que se cantaban en el concurso para poder sortear la censura de la dictadura. Quizás sea que, como se suele decir, la ironía requiere de ciertas dosis de inteligencia que no todo el mundo posee, y actualmente ese don y, porque no decirlo, esa inteligencia brillan por su ausencia en la pluma de la inmensa mayoría de los autores actuales.

De este modo, muchas de las agrupaciones, cuales vulgares ‘meretrices’, se limitan a abrirse de labios para realizar un acto carnavalesco carente de toda pasión y amor por la fiesta, esperando que pase el tiempo justo y necesario por el que los han contratado para que los clientes disfruten y, posteriormente, les paguen por sus servicios.

El colmo de esta ‘prostitución carnavalesca’ lo encontramos en el cuplé que el pasado día le dedicó la comparsa de Nene Cheza a un electrodoméstico del hogar. Tradicionalmente, las agrupaciones han solido llevar publicidad en la caja y en el bombo, e incluso, en los forillos pero esta agrupación ha ido un paso más allá. Se sabe que normalmente las comparsas suelen flojear en los cuplés, que son más propios de las chirigotas y en donde se tiene que demostrar más el sentido del humor o ironía del autor, pero es que esta agrupación ha preferido sacrificar esa pieza de su repertorio para convertirla en un mero anuncio cantado en las tablas del Falla para hacer publicidad de una tienda y de uno de sus productos: una freidora

Les juro que he escuchado pasodobles y cuplés dedicado a cosas raras pero nunca había oído uno dedicado a la venta de un producto. No sabemos si en el caso de seguir pasando de fases en el concurso seguirá utilizando sus cuplés como rodillo informativo, cual canal de teletienda, de los productos que podemos adquirir en la publicitada tienda.

Este es el grave problema del concurso de coplas carnavalescas, el deseo de muchos de los que participan en él en ganar dinero a su costa. Y ese es el mal que acucia al concurso, el mercantilismo al que muchos se han vendido por llevar unas coplas al Falla pensando más en sus contratos publicitarios o en los bolos que les esperan a partir del mes de junio.

Adolfo VigoAdolfo VigoArticulista de OpiniónAdolfo Vigo