Laura Rojas-Marcos compartirá sus experiencias en Cádiz este jueves
Laura Rojas-Marcos compartirá sus experiencias en Cádiz este jueves
Entrevista

Laura Rojas-Marcos: «Todos somos personas tóxicas en algún momento»

La reconocida psicóloga será la protagonista este jueves del encuentro Cádiz es futuro y presentará su libro ‘La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas’

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Laura Rojas-Marcos recuerda perfectamente el día que le contó a su padre, el reconocido psiquiatra, que quería ser psicóloga. Fue a los 19 años cuando vivía con él en Nueva York.Fue clara:«Me quiero dedicar a esto». Entonces el insigne doctor, padre pero también mentor, le sonrió y le deseó toda la suerte del mundo. «Yo creo que ya lo sabía», cuenta. Y de momento, no se equivocó con su complacencia. La terapeuta es una de las profesionales de su disciplina más reconocidas de nuestro país. Educada y formada parte en Estados Unidos, parte en España, atesora la admiración y el respeto de sus compañeros. Este jueves la experta psicóloga presentará su libro ‘La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas’ en el ciclo de encuentros ‘ Cádiz es futuro’ que organiza LA VOZ y ABC con la colaboración de la Fundación Cajasol, Hidralia, Fundación Cruzcampo, Unicaja y Viesgo.

¿Cómo de importante es la familia en el desarrollo de una persona?

–Es el pilar básico y la estructura central de nuestra sociedad. Nacemos y nos hacemos en un contexto familiar pero no podemos olvidar que somos seres independientes y autónomos con nuestra propia capacidad para pensar y sentir de manera diferenciada. El entorno familiar va a influir en la manera en la que nos relacionamos con el mundo y con otras personas. Es el primer escenario de nuestra vida, de nuestro futuro. En familia aprendemos a dialogar, a negociar, pero también a defendernos. En ella sentimos por primera vez el amor pero además descubrimos el rechazo, la ira, la rabia. De todos estos factores dependerá nuestro desarrollo como personas y la autoestima que alcancemos.

¿Qué diferencia hay entre crecer en una familia sana o en una tóxica?

–Si vivimos en un entorno familiar seguro donde no hay toxicidad y hay coherencia y bienestar nos sentiremos mejor y también afrontaremos la vida de una manera más positiva. Sentiremos que tenemos más control de nuestra vida. Sin embargo, en un entorno tóxico donde hay dolor, donde hay violencia como el chantaje emocional o la agresión física... en ese entorno podemos crecer con muchos miedos, inseguridades. El papel que tienen nuestros padres y cuidadores influirá en nuestro bienestar y en nuestro desarrollo en la vida y en las familias que construyamos. Ahora hay muchos modelos de familia pero todos ellos son, o funcionales o disfuncionales. Las segundas usan más el poder, hay faltas de respeto, hay problemas de comunicación. Sin embargo en la funcional, hay tolerancia, independencia, y se fomenta el buen desarrollo.

La familia sobre todo para los mediterráneos siempre ha sido fundamental, ¿lo es todavía?

–Bueno además de la familia considerada tradicional (padre, madre, hijos, primos, tíos...) ahora se aceptan otros modelos que ya existían antes pero que no se aceptaban. En el mundo occidental ha habido una evolución en positivo en este sentido. La dinámica familiar va evolucionando como un ser vivo porque está compuesto de personas y sus cambios y ciclos forman parte de su propia esencia. En la actualidad, sobre todo en el Mediterráneo, sigue teniendo un papel muy importante. En Estados Unidos por ejemplo se ve normal que un hijo a los 18 años se emancipe. Aquí no se espera ni se fomenta y se sigue hablando que son pequeños cuando en realidad no lo son. Hay una tendencia a infantilizar. Pero, al margen de esto, esa unión que tenemos nosotros en nuestra cultura es muy positivo, una fortaleza, siempre que hablamos de una familia que no sea tóxica.

¿Cómo sé si alguien es tóxico?

–Bueno, son personas que hacen daño. Que estás con ellos y te sientes mal de manera constante. Que te hace sentir inseguro o te crea ansiedad. Las personas tóxicas son críticas, absorbentes, culpabilizantes, inflexibles. A menudo transmiten insatisfacción. Tienen rencor, rabia, envidia, y les cuesta trabajo perdonar. Son vampiros emocionales. Hay que tener mucho cuidado con ellos porque te anulan.

Si en tu familia hay alguien tóxico, ¿cómo lo desactivamos?

–Primero, hay que identificar si es tóxico perverso o si lo es porque está pasando por una mala racha. Todos somos tóxicos en algún momento, siempre puedes tener un mal día o tener problemas. Pero esa es una toxicidad normal. Otra cosa es la perversión. Si existe manipulación dañina. Se puede identificar de acuerdo a cómo te sientes cuando estás con esa persona y una vez que sabes quien es hay que intentar hablar de una manera constructiva, sin atacar, aunque a veces no es posible y lo mejor es buscar un intermediario, alguien de confianza, que ayude. Si no es posible, lo mejor es poner distancia, física o emocional.

¿Y si eres tóxico puedes cambiar?

–Por supuesto que se puede cambiar. Ayuda que los factores que te rodean sean positivos pero influye también la actitud que uno tenga. También es importante en quien te apoyes. A veces me llega gente que le pide ayuda a personas tóxicas. Eso pasa mucho. Hay que pensar muy bien a quien recurrir porque puede ser peor. Todos podemos ser tóxicos pero la clave está en la perversión. Como seres humanos no somos perfectos, cometemos errores y es normal, pero hay diferencia entre disfrutar haciendo daño y otra cosa es algo circunstancial.

Usted vivió el 11 de septiembre estando en Nueva York y además colaboró como psicóloga voluntaria para ayudar a las víctimas, ¿cómo vivió aquella tragedia?, ¿se puede llegar a olvidar algo así?

–Bueno, ha sido uno de los momentos más traumáticos de mi vida. Lo viví mal como todo el que lo sufrió. Es algo que forma parte ya de mi, lo he integrado en mi biografía. Yo pedí ayuda también. Tuve mi propio terapeuta con quien pude trabajar mis emociones, miedos y tristeza. No lo olvidaré jamás pero ya no vivo en ese dolor tan espantoso y desgarrador. Que sepas cómo ayudar, no significa que tu no necesites alguna vez que te echen una mano. Todos necesitamos hablar, desahogarnos... Es fundamental.