Los gaditanos vuelven a hacer las maletas para buscar el jornal francés

Más de un millar acuden a los campos de Francia aunque en esta ocasión algo menos que en año anteriores por la mejora de la economía y ante las previsiones de recolección

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Francisco Ponce se encuentra sentado con unos amigos en la terraza de uno de los bares del centro de Alcalá del Valle. Una estampa típica del verano, si no fuera porque su encuentro sabe más a despedida puesto que allí todos los que están sentados, unas cinco personas, se preparan para partir en breve en busca de un jornal.

Algunos lo harán a Francia, otros pondrán rumbo a Bélgica, a los Alpes. El pueblo por temporadas se queda vacío y sus habitantes van y vienen para recoger uva, manzanas, aceitunas o lo que sea en otros municipios, en otras provincias, regiones o países. Las maletas se hacen y se deshacen de manera continua y en esta ocasión se hacen para partir de nuevo en busca del jornal francés en especial.

El sabor de esa cerveza de despedida ya se ha disipado en la boca de Francisco Ponce, porque él ya se encuentra en Francia, en la región de Les Barthes donde un año mas iniciará la campaña para recoger manzanas. Aunque la rutina sea la misma de los últimos años, lo cierto es que esta ocasión es algo especial, ya que cumple 40 años emigrando como temporero. Siempre se va unos días antes que el resto de la cuadrilla de la que es responsable para prepararlo todo. El resto (más de una treintena) partieron ayer desde un autobús del pueblo.

Francisco confirma los datos que se han dado por parte de los sindicatos que exponen en primer lugar que el 90% de las personas que regresan a Francia suelen ser habituales de las temporadas, es decir que ya han trabajado en ese terreno, lo conocen y van con un contrato ya bajo sus brazos.

Por otro lado la bajada en cuanto a personas que este año acuden al campo francés y las razones. El año pasado la cuadrilla eran aproximadamente de unas cuarenta personas esta vez son casi una decena menos debido en primer lugar a las previsiones de recogida, ya que será una temporada más corta y con unas cifras menores como consecuencia del pedrisco caído en el país vecino, mientras que por otro lado el resurgir económico (empujado por el sector de servicios) que permiten tener más opciones.

«Este año ha sido algo más complicado poder encontrar a gente, sobre todo jóvenes que han preferido buscar un contrato en restaurantes de la costa», confiesa Francisco. Aunque eso sí, no siempre las condiciones son mejores y lo expone otro Francisco, de apellido Saborido, que con 23 años va por primera ver a la campiña francesa. «Lo que puedes ganar en Francia es más y en mejores condiciones que lo que ganas en restauración en la costa. El problema es que tienes que salir y dejar a familia y a amigos, pero yo lo prefiero a estar explotado aquí en España con contratos precarios y ganar encima menos», explica este joven que ha arrastrado también a su padre, que hacía años que había decidido dejar de acudir a Francia y que ahora regresa para acompañarle y facilitarle su integración.

De padres a hijo

Francisco Saborido oposita para lograr una plaza como profesor de educación Primaria, y ante la falta de oportunidades y de ofertas de empleo, ha decidido marcharse para ganar dinero. «En principio estaremos hasta noviembre y vamos a ver cómo va la experiencia. Sé que vamos a un cortijo y que vamos a estar todos juntos y espero que eso lo haga todo más liviano».

El otro Francisco, Ponce, también regresa con su hija, que cumple ya una década acudiendo al campo y su mujer, al igual que hace Juan Macareno Jiménez que acude junto a su hijo Borja, que ha estudiado diseño y que ahora precisa de dinero para ampliar sus estudios en Salamanca. «Como padre uno quiere que su hijo trabaje en aquello que le gusta y cerca de los suyos. Mi hija tiene 29 años y no ha salido de España y lleva ya cinco años en una empresa y él lo hace para financiar sus estudios y seguir creciendo en lo que le gusta, pero si tienen que vivir de ello tampoco pasa nada. Yo me lo tomo como eso un trabajo que va por temporadas».

Y es que él acaba de llegar de Huelva y tras Francia acudirá a recoger aceitunas a Jaén. «Lo tengo ya todo cerrado desde hace años y no lo pienso poner en riesgo por otras oportunidades porque es ya como un sueldo garantizado». Macareno expone otra de las realidades que manifiestan los sindicatos con respecto a la vendimia y es que en época de crisis pueden salir más de 16.000 españoles pero en época de bonanza se sitúan en torno a los 11.000, precisamente por eso; porque se trata de un jornal asegurado.

Este año según los datos aportado por la Unión General de Trabajadores (UGT) serán en torno a 14.000 los españoles que acuden a la vendimia, un millar menos que el año pasado, de los que más de 10.000 proceden de Andalucía. De esos 10.000 el 70% lo aportan Granada y Jaén, mientras que Cádiz porta un millar de trabajadores. La cifras varían según Comisiones Obreras (CC.OO) pero las conclusiones son similares y es que este año van menos y por lo anteriormente expuesto, por una mejoría de la economía española aunque la mayor incidencia se debe a las previsiones de recolección y por lo tanto a la necesidad de menor mano de obra.

Olvidados

Lo que se gana allí en Francia será según los sindicatos nunca será inferior al salario mínimo interprofesional de crecimiento, que está fijado en 9,88 euros/hora, lo cual contrasta con los 6,54 euros/hora de media que perciben en España.

Hay que señalar que la jornada laboral en Francia es de 35 horas semanales, y que, al superarla, estos trabajadores cobran horas extraordinarias. Así, las horas trabajadas que superen las 35 horas semanales mejoran en un 25 por ciento el salario, y las que superen las 43 horas semanales, lo hacen en un 50 por ciento. Otro reclamo lo constituyen las prestaciones familiares que se generan por cotizar en Francia. Esto hace que se pueda cobrar entre 1.200 y 1.400 euros al mes.

Pero no todo es tan bonito como lo pintan y de ello advierte Francisco Ponce que en primer lugar expone la «dificultad» de tener que dejar a la familia lejos, de tener que convivir a cientos de kilómetros y el riesgo que se corre al salir del país.

Es por ello que echa de menos mayo atención por parte de las instituciones «ya que en muchas ocasiones los que llegan se encuentran que as condiciones no son las pactadas. Nosotros tenemos suerte y llevamos tiempo con unos patronos que cumplen con todas las condiciones legales y miran por nosotros, pero en otro casos no es así y nadie se preocupa por los emigrantes».

De esta forma apunta que solo se acuerdan de ellos cuando llegan las elecciones y comienzan a prometer cosas. «Sobre todo trabajo para no tener que irnos más, que podrían hacer algo para evitar. En otros municipios apuestan por el turismo, pero aquí no tenemos nada. Pero ya que se tiene que emigrar al menos que miren por nosotros que nos protejan y faciliten los tramites que tenemos que hacer cada vez que nos vamos o llegamos».

Y es que como cada año hay gaditanos que se vuelven a buscar la vida lejos de esta provincia.

Carta con recuerdos de Les Barthes por José Ayala

Otro año más las cunetas, van hacía atrás de mis pasos; otro año más mis maletas, su peso cansa mis manos; cuantos años de despedidas, cuantos años emigrando; aún tengo abierta las heridas, de aquel primer contrato; cuanta gente conocida, que me dejaron su legado; cuantas noches a escondidas, por la distancia he llorado. Pepe, Julián, Diego, Lorenzo, barreno, escalera, macaco; Juan, Chico, Manolo, Lamberto, en Les Barthes trabajaron; dejando su sudor y sus huesos entre garbanzos y manzanos. Cuantas cartas he leído, cuantas copas he escalado; cuantos cajones he movido, en la distancia pensando; cuantos días hecho meses, cuantas noches de fracaso; al comprobar que

amanece, y no estabas a mi lado. Cuanta lluvia en mi cabeza, cuanto frío entre mis manos; cuantas veces la frontera,mi cansino cuerpo ha cruzado; cuantas estaciones y mesas, mi alma la han marcado; con un pasaporte de miseria,en un bolsillo guardado. Vitoriano, Guido, Alivio, Rufino, Manolo Alfaro; cuantas risas y secretos, mi corazón ha guardado; de gente que aún viven, y de los que ya nos dejaron; muchas huellas en mi existen, desde aquel primer año. Gordy and Gordy, Madame Pelet de los patos; cuantos paseos al río, cuantos Domingos en el mercado, cuantos paseos a Les Barthes; en aquella cantina comprando, Bartolo, Francisco, pascual; Andrés Belloc y su padre Juan Olando. Que legado más bonito, a pesar de seguir emigrando; a pesar del dolor no olvido, pues aún seguiremos andando; todos esos largos caminos, con la maleta en la mano; ese será nuestro sino, y moriremos emigrando.