CARNAVAL EN EL PUERTO

Las callejeras llegan a buen Puerto

La ciudad de los cien palacios intenta recuperar la calle en Carnaval y concede su hueco para las chirigotas ilegales

JOSÉ MARÍA AGUILERA
EL PUERTOActualizado:

Cuentan los viejos del lugar que El Puerto de Santa María guiñaba el ojo a la capital durante sus benditos Carnavales. Que la ciudad de los cien palacios se pintaba dos coloretes, un par de churretes y tomaba las calles en riadas que desembocaban en su Guadalete. Majaras más que locos, payos y gitanos, traían las coplas de ida y vuelta que se paseaban en el Vaporcito, del Puerto a Cai y de Cai al Puerto.

Pero aquello se perdió. Se hundió como el Adriano III. Los porteños le volvieron la espalda y encaminaron sus pasos hacia otras fiestas primaverales. Sucedieron años de oscuridad, de eclipse total, donde el único compás que se escuchaba llegaba desde el otro lado del mar en días fuertes de levante.

Aún así, queda la semilla que a veces florece por febrero. O por marzo, que el Carnaval irreverente desafía hasta al tiempo y su calendario. Y cuando menos se esperaba se han encontrado brotes verdes entre la maleza. El Puerto mantiene aún esa esencia escondida que asoma en días inesperados. En el último lustro, cientos de portuenses han dejado en casa la vergüenza para apostar por su tierra y atreverse con sus murgas y chirigotas ilegales.

La chirigota de Afanas de Jesuli y José Mari, la del Melli, Lolo Carreto, más las comparsas que acuden cada año al Falla, grupos de amigos, gaditanos que cruzan el puente y abandonan por unas horas la Tacita… El Puerto ha recogido el guante y ellos, los protagonistas, han arrastrado de sus vecinos para que el segundo sábado de Carnaval (en este caso el 9 de marzo) merezca la pena moverse por estos lares.

Las callejeras rondarán las arterias del centro histórico. El Encuentro de Ilegales convocado por el Ayuntamiento, incluido en el programa oficial aunque se trata de una convocatoria oficiosa, será ese sábado a las 13 horas en la calle Luna.

Esta perpendicular a Virgen de los Milagros, la conocida calle Larga, es punto de encuentro de chirigoteros y aficionados. El bullicio son las balizas que marcan el camino. Junto a la farmacia, o frente al antiguo cine Macario (o Mucho Teatro para los jóvenes), habitan estas especies ilegales con su descaro y desvergüenza como santo y seña.

Misericordia, la calle de los bares o la ‘milla de oro’, se estrecha aún más cuando los carnavaleros se recogen en una casa puerta para lanzar sus voces. Frente a Kapote o al pub O’Donoghue’s, es habitual que pequeños grupos familiares discurran por esta peatonal por la cercanía que ofrece. El aficionado escuchará las letras a escasos centímetros de distancia, prácticamente formando parte de la agrupación. Si con una buena propina se agencia el libreto hasta puede entonar algún cuplecito. No hace falta ensayar mucho.

En la plaza de la Herrería se asientan los valientes, porque su apertura permite la concentración de mayor número de aficionados. En ocasiones incluso se ha habilitado un tablao donde cantaban las premiadas del anterior Concurso celebrado en el teatro Pedro Muñoz Seca. No obstante, las ilegales prefieren descender hasta poner los pies en el suelo y cantar de tú a tú a sus seguidores. En el bar la Draga se dejan ver con facilidad.

La improvisación es el estandarte de esta forma de vida, de hacer Carnaval. Por eso hay quienes dan con sus huesos en la plaza de la Cárcel, inmejorable escenario para entonar las coplillas, o se acercan al castillo de San Marcos por la calle Jesús de los Milagros. No existe mejor callejero que el propio oído, mejor recomendación que el propio gusto. Ese es el mapa perfecto para encontrar el tesoro.