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ABUSO DE INTERNET

Caer de la realidad con red: el abuso de internet en los jóvenes gaditanos

Expertos alertan de la creciente dependencia de los jóvenes a los móviles y a los juegos on line y previenen de que ese abuso de lo virtual les hace tener menos sentido de lo que es real

CÁDIZActualizado:

Saber qué es real y qué no lo es ha sido un constante en la historia de la humanidad. Desde el mito de la caverna de Platón hasta el célebre «is this the real life? Is this just fantasy?» («¿Es la vida real o es sólo fantasía?») de Queen, el hombre siempre se ha planteado de manera intelectual la naturaleza del mundo que le rodea. Sin embargo, la generación más joven no se encuentra ante un problema filosófico, sino ante una falta de conciencia por la invasión en tropel de lo digital. Al menos, así lo señala el presidente de Proyecto Hombre, Luis Bononato, que, ante el aumento de adicciones a las nuevas tecnologías, alerta de que «los jóvenes, muchas veces no saben qué está bien y qué está mal, ni qué es real y qué no».

Las estadísticas no son alarmantes aún pero sí marcan por dónde pueden venir los problemas. La agencia anglosajona Digital Clarity publicó recientemente una encuesta que señalaba que el 16% de los jóvenes entre 18 y 25 presentaba adicción a internet, usando como criterio el estar más de 15 horas al día ‘on line’. El caso de la provincia de Cádiz, se nota un aumento constante de personas que necesitan ayuda por su adicción a la red.

«Los jóvenes muchas veces no saben qué es real y qué no, ni qué está mal y qué está bien»

«Más que de adicción, habría que hablar de uso problemático o abuso de las TICs (tecnologías de la información y la comunicación)», matiza Bononato antes de indicar que el primer caso que se trató a nivel nacional sobre esta dependencia fue en la sede de Jerez en el año 2002. En esa ocasión, la persona afectada estaba enganchada a los sms. En la actualidad, 51 personas reciben tratamiento por no poder vivir sin conectarse a las redes.

Según el máximo mandatario de Proyecto Hombre, esta pérdida de conciencia de lo real estaría en consonancia con la falta de mesura con los riesgos que conllevan las acciones. «Los chicos se pelean con saña, lo graban y lo comparten en la red pese a que saben que son acciones que les traerán problemas, pero no tienen conciencia clara de las consecuencias», algo que también se estaría dando en el ámbito de las relaciones sexuales.

Esa falta de perspectiva de los riesgos reales que esconde la red es lo que ha motivado, como detalla Bononato, que «el 100% de los centros a los que les hemos propuesto dar charlas, en coordinación con la Policía, sobre temas de seguridad de internet nos hayan dicho que estaban interesados». Como ejemplo de estos riesgos, Bononato indica que muchos depredadores sexuales estarían recurriendo a los juegos en red para conocer a posibles víctimas.

El primer caso de obsesión con la tecnología tratado por Proyecto Hombre fue el de una jerezana en 2002

La pregunta de cómo atajar el problema es más que complicada, en especial por «el fácil acceso a la red y a que el abuso del uso de los TICs no está demasiado mal visto». Además, cuesta detectarlo «aunque hay señales como problemas de sueño, la falta de iniciativa, la irritabilidad, que pueden poner a los padres sobre la pista de que se estaría produciendo una situación de riesgo».

El Plan Nacional sobre Drogas ya apunta a que, en los próximos años, habrá que tratar como una adicción convencional el estar sobreconectado.

El drama de los juegos on line

El director del Centro de Tratamiento de Adicciones (CTA) en Cádiz, Carlos Atienza, es cauto a la hora de valorar la inicidencia de la obsesión con el móvil y los juegos on-line entre los jóvenes a tenor de las cifras de pacientes que atienden. Así, incide en que sólo un 0,7% de quienes son atendidos en el CTA de la capital acuden por problemas que no estén relacionadas con el consumo de sustancias ni con el juego. Sin embargo, sí alerta de cómo el juego on-line está enganchando a un número creciente de jóvenes, que no son conscientes del riesgo que esta práctica supone y que tienen un acceso fácil e ilimitado.

La accesibilidad de los juegos on line está provocando que los ludópatas sean más jóvenes

Sus datos son preocupantes. «Si hasta hace unos años el perfil del ludópata era el de un hombre maduro, de entre 30 y 40 años, ahora su franja de edad está entre los 15 y los 35 años», aporta Atienza, que valora que las características de impulsividad y anonimato del juego en red «encajan demasiado bien con el perfil del adolescente que, además, no tiene aún formada una personalidad fuerte que le haga más resistente a los reclamos para jugar».

Unos reclamos que, denuncia, al igual que Bononato, llegan en forma de personalidades del mundo del deporte o de la música «que les hacen ver que no es algo negativo». Precisamente el hecho de no desarrollarse la actividad del juego en un mundo real, «con la posible estigamatización que eso supone», provoca que se acelere el proceso de la ludopatía y que sea más difícilmente detectable.

Introversión

Tanto Bononato como Atienza, al igual que la psicóloga isleña especializada en adolescentes Esmeralda Vázquez, coinciden con matices en esbozar un perfil del adolescente que puede ser más vulnerable a perder el control de su acceso a internet. Así, suelen ser más bien introvertidos, lo que les hace sentirse más cómodos en un ambiente en el que no tienen que mantener relaciones cara a cara.

De momento, la adicción (término que empleamos en este reportaje para facilitar la lectura pero del que huyen los especialistas al no existir un consenso académico y claro al respecto) a las nuevas tecnologías afecta fundamentalmente a jóvenes, «pero esto es la punta del iceberg, desde que se inician las conductas desordenadas hasta que se consideran patológicas igual transcurren cinco o siete años», analiza Bononato. «Además, el afectado rara vez detecta que lo es, por lo que en adultos es más difícil que se pida ayuda», abunda Vázquez. «Cuando determina nuestra conducta diaria, se convierte en obsesión, afecta a nuestras relaciones sociales y su ausencia nos genera ansiedad es cuando hay que estar alerta», resume Atienza.