Un agente de la UPR sale de la Comisaría a un servicio este pasado miércoles.
Un agente de la UPR sale de la Comisaría a un servicio este pasado miércoles. - ANTONIO VÁZQUEZ
REPORTAJE

UPR de Cádiz, diez años sirviendo al control y a la seguridad de todos

Durante este tiempo, la unidad de la Policía Nacional especializada en mantener el orden público en la provincia ha vivido una continua evolución

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Son las seis de la tarde. En la planta baja de la Comisaría Provincial se preparan los agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) para cumplir con otro día más de servicio. 'Custodiam adsumimus et ordinem redigimus' se lee en el escudo que lucen todos ellos en la camisa de su uniforme. En el brazo izquierdo por ser la especialidad que les distingue. En el derecho, el del Cuerpo Nacional de Policía como el resto de sus compañeros. El lema no es casual, es justo lo que les define: «La custodia asumimos y el orden restablecemos». No lo pueden olvidar. Hoy hay una manifestación en el centro de Cádiz donde se espera la concentración de cientos de personas. Ellos son los encargados de que no haya incidentes y de que si los hay, todo vuelva a la normalidad de la mejor manera posible.

«Ya ha salido el primer equipo», nos cuenta uno de estos agentes mientras coge su bolsa. El suyo, compuesto por otros seis policías, prepara el material. Vayan donde vayan nada queda en manos de la improvisación. Todo tiene que estar medido. Estudiado. Son expertos en el control de masas, en la seguridad, en el orden. En dar cobertura y evitar los riesgos innecesarios. En el 'búnker', como le llaman, guardan todo aquello que les hace falta. En este u otros servicios. Todo cuenta y todo va al furgón porque, y esto es también indispensable tenerlo siempre presente, «nunca se sabe qué puede pasar».

La ciudadanía los conoce popularmente como 'antidisturbios' pero realmente la labor de estos hombres y mujeres de la Policía Nacional va mucho más allá. La prevención, el mantenimiento del orden, el apoyo a otras unidades o la actuación inmediata en momentos de peligro extremo, son los ejes centrales de la labor que desarrollan.

La primera ilusión de doce agentes

Desde hace ahora diez años en toda España. También en Cádiz. Fue en la capital gaditana donde doce agentes formaron ese primer equipo de UPR sin apenas estructura, con la idea de un proyecto que tendría que ir creciendo y tomando forma. Con bastantes dificultades pero mucha fe en lo que hacían y un gran empeño. Hasta hoy. Una década después esta unidad es de las más respetadas. No solo en Cádiz capital sino también en El Puerto, Jerez y Algeciras, las cuatro localidades de la provincia donde tienen base.

Como decíamos, poco o nada queda para la improvisación. Ejemplo claro de esta regla no escrita es el material que utilizan o el uniforme que visten. En cuanto a lo primero, el individual, conocido como EPI, es completísimo, específico y diferente al de los radiopatrullas. Pantalones con protección acolchada de rodillas a tobillo, botas altas con el pantalón por dentro, casco antidisturbios, chaleco antitrauma con cierta protección balística, arma corta y, la defensa, semirrígida y más larga que la que llevan los agentes de los zetas.

El material colectivo es también diverso. Las armas, los escudos, las luces y señales para los controles, o los arietes, palancas y cizallas para aperturas y registros de domicilios. En esta unidad el armamento tiene que ser también el adecuado para las funciones que deben cumplir. La escopeta es la Franchi SPS350 PN, un arma italiana fabricada especialmente para la Policía Nacional. «Se usa tanto para lanzamiento de medios –pelotas de goma o botes de humo y lacrimógenos– como también arma de apoyo con cartuchos de postas. La porta el 'bocachero'. Pero hay más. El fusil de asalto Cetme-C, y el más moderno, el HKG36 CV, que fue lo último de lo que se les dio en dotación después de los terribles atentados yihadistas en Europa. Además también cuentan con un subfusil (metralleta), el STAR Z70, con calibre de pistola. Y otro fusil de precisión con mira telescópica que solo utiliza un tirador experto para, por ejemplo, el control desde azoteas.

Además a este material hay que sumar los chalecos antibalas, interiores y también unos exteriores que tienen mayor protección debido a las placas balísticas que se le incorporan. Y para seguir controlando, los furgones. Con protecciones antidisturbios especiales como las rejas o las ventanas de metacrilato que eviten los impactos que puedan recibir.

Preparación y vocación

Pero todo eso es el material. Importante pero inservible si quien lo maneja no sabe o quiere hacerlo. Por eso a todo esto hay que sumarle voluntad. «La UPR es un sentimiento. Hay que tener mucha preparación y vocación para poder estar en ella», cuenta el inspector responsable de esta unidad en Cádiz. «Para mí es un orgullo poder dirigir a un equipo así con tanta disponibilidad».

La propia composición y las tácticas que utilizan también son claramente intencionadas. En cuanto a lo primero, cada grupo (lo que hay por base: Cádiz, El Puerto...) se divide en dos subgrupos y éstos en cuatro equipos cada uno. Y en cada equipo, seis agentes. Se mueven y actúan por binomio. «Nunca lo dejes solo», otra máxima. Y al frente, los mandos que dirigen las actuaciones.

«La UPR es un sentimiento. Hay que tener mucha preparación y vocación para poder estar en ella»

Los movimientos que realizan en intervenciones como las de orden público cuando por ejemplo hay revueltas, altercados o incidentes son muy medidos. Y aunque a veces algunos ciudadanos puedan pensar lo contrario porque es lo que más impacto puede llegar a tener, «la carga es lo último». Antes de eso, hay lo que ellos llaman «un uso progresivo de los medios». Que va desde las mismas posiciones que adoptan, el diálogo y la negociación, la propia presencia o el despliegue hasta que se opta por utilizar otro tipo de medios. «La carga se realiza cuando ya hay un riesgo inminente para la seguridad, no solo para nosotros, sino también para el resto de los ciudadanos».

Las funciones de estos agentes es también muy amplia. Desde la prevención en 'puntos negros' de seguridad como estaciones de autobuses, tren... a lugares de gran afluencia como fiestas populares (Carnaval, ferias, Semana Santa...) o espectáculos musicales y deportivos, entre otros; a colaborar con la justicia en la custodia de presos peligrosos o en macrojuicios, traslado y vigilancia de inmigrantes, o el apoyo a otras unidades de la Policía Nacional haciendo por ejemplo las entradas y registros en operaciones antidroga y de otros asuntos.

Desde la 'movida' Punta hasta Cataluña

Muestra de esta polivalencia es la evolución que han tenido en estos diez años en la provincia donde la UPR ha estado muy presente en momentos donde la seguridad era clave. En Cádiz capital las primeras intervenciones de importancia se hicieron en la Punta de San Felipe. La movida «estaba fuera de control», recuerda uno de estos agentes más veteranos. El trabajo de prevención y control que realizaron en la zona evitó que se repitieran incidentes como el que había acabado con la vida de un joven portuense poco tiempo antes.

«La carga se realiza cuando ya hay un riesgo evidente para la seguridad, para nosotros y el resto»

También en este tiempo fueron complicados los años de las manifestaciones de astilleros o Delphi de mayor contundencia. «Nosotros no estamos en contra de nadie. Estamos para que se cumpla la ley y muchas veces nos encontramos en medio de decisiones políticas o de empresas pero nuestro trabajo es que haya orden, que nadie resulte herido, intentar que todo vuelva a la normalidad para evitar mayores riesgos. Para todo el mundo». No hay más. Aquí no entran en juego las consideraciones personales.

Como también bastante complicado tiene que ser poder poner un poco de cordura en las celebraciones deportivas cuando hay quien se empeñan en echarlas a perder. Momentos de gran tensión como por ejemplo en 2017, cuando el autobús de los jugadores del Cádiz se quedó atrapado sin poder avanzar en la Avenida mientras que algunos radicales lanzaban piedras y botellas de cristal. Con el evidente peligro que todo ello supone, más aún, cuando hay concentradas miles de personas y cualquier movimiento equivocado puede causar una desgracia de mayor calibre. De ahí que el Estadio Carranza sea otro de esos lugares donde siempre hay un importante dispositivo especial.

Igual en Jerez, Algeciras y en El Puerto, y en todas las localidades de la provincia donde acude la UPR debido a su movilidad. Estos agentes siempre están en esos sitios de gran afluencia de público donde la prevención y el orden son indispensables. «Nosotros cuidamos de que otros puedan disfrutar y volver a casa sin problemas».

Los terribles atentados terroristas cometidos en noviembre de 2015 en Francia y más tarde en otros países de Europa, como también sucedió en Barcelona, pusieron de nuevo sobre la mesa la importancia de la prevención. En España se determinó continuar el nivel de alerta 4, con una mayor presencia policial en algunos lugares estratégicos y que los medios que se utilicen sean los impuestos por los estrictos protocolos de seguridad.

Hace algo más de un año algunos miembros de la Unidad de Prevención y Reacción vivían otro de estos episodios que jamás olvidarán. Algunos de ellos se trasladaban a Cataluña para participar en la conocida 'operación Copérnico', el operativo que puso en marcha el Gobierno de Rajoy para frenar el desafío secesionista que llegó a convocar un referéndum ilegal independentista.

«Los que fuímos nunca lo olvidaremos. Fue un punto de inflexión para nosotros como unidad también. Se puso en valor nuestro trabajo. Eran momentos de gran tensión pero también sentimos el cariño de mucha gente que nos agradecía que estuviéramos allí... fue muy emocionante». Alejandra, una niña de 9 años, fue una de estas personas. Les hizo un dibujo de agradecimiento en Lérida y se lo entregó. «¡Gracias por protegernos y cuidarnos!», escribió en él. Ahora, ese regalo cuelga de la pared de la sala de la Comisaría de Cádiz donde se preparan estos agentes para salir, cada día, a cumplir con su trabajo.