Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo.
Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo. - LA VOZ
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Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo, agredió a un funcionario en la prisión gaditana de Puerto III

En 2010 el autor confeso del crimen de la joven en Huelva se abalanzó contra este trabajador en el patio de la cárcel e intentó apuñalarle con el palo partido de una fregona

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Bernardo Montoya, el asesino confeso de la joven zamorana Laura Luelmo, tiene tras de sí un buen reguero de actos violentos. Algunos condenados y otros no. Ahora detenido por el feroz crimen cometido contra esta joven profesora que comenzaba con ilusión su carrera educativa en El Campillo, empieza a conocerse el brutal historial de sangre y dolor que ha dejado a su paso.

Y uno de esos episodios sucedió hace ocho años. Cuando Montoya cumplía parte de su condena de 17 por matar a una anciana en la cárcel gaditana de Puerto III. Estaba en el módulo seis y protagonizó una de esas peligrosas agresiones que se cometen contra estos empleados públicos dentro de los centros penitenciarios.

Ocurrió el día que falleció su madre. Por la mañana, dos funcionarios y un educador le comunicaron la noticia. Cuentan quienes lo vivieron que primero se quedó en estado de shock pero que después y de manera repentina empezó a autolesionarse dándose cabezazos contra la pared. Le explicaron que si quería ir al tanatorio tendría que firmar los papeles necesarios de permisos y autorización y que además al ser un preso con su historial tendría que ir engrilletado.

Bernardo Montoya: permiso denegado por riesgo de fuga

Se le llevó entonces a la enfermería y le dieron un tranquilizante. Sin embargo cuando salió al patio todo cambió. Le avisaron de que le habían denegado ese permiso por riesgo de fuga. Entonces, la emprendió contra todo y todos. Primero, en el gimnasio, donde supuestamente intentó ahorcarse, aunque es extraño que en realidad pretendiera acabar con su vida delante del resto de reclusos y los encargados de la vigilancia que lo hubiera impedido. Después, salió «muy violento y agresivo» hacia el patio y en su camino golpeó a otro interno que intentaba tranquilizarlo y evitar que se hiciera daño.

Fue entonces cuando Bernardo Montoya cogió un palo de una fregona, lo rompió por la mitad, y volvió hacia donde se encontraban los funcionarios. Ya les había amenazado de muerte minutos antes. Empuñando con fuerza el palo y mirándole fijamente se abalanzó contra uno de ellos con «una intención clara». Sin embargo este trabajador pudo sortear el ataque e impedir que le apuñalara. Le propinó una patada y el agresor cayó al suelo de espalda. Los compañeros de este trabajador y otros reclusos lograron reducirlo.

Tras esta agresión, Bernardo Montoya estuvo aislado de manera provisional en el módulo 15 de la misma prisión. Tiempo después llegó a escribir una carta de arrepentimiento en la que pedía una segunda oportunidad.

Además de su conocida estancia en Puerto III, Bernardo Montoya pasó varias temporadas en Jerez de la Frontera, la localidad donde pernoctaba en sus permisos penitenciarios. Residía en la barriada de El Carmen, en un barrio conflictivo por los problemas derivados de las drogas y el narcotráfico.

De Puerto III pasó a la cárcel de Huelva, donde en los últimos años se convirtió en preso de confianza hasta su salida este último mes de octubre.