La cabina del helicóptero se puede configurar hasta de 175 formas distintas. - ANTONIO VÁZQUEZ
ARMADA ESPAÑOLA

Aprender a sobrevivir a un accidente de helicóptero en la mar

El dunker situado en la Base Naval de Rota es un completo simulador en el que se forman al año 1.100 militares que aprenden a actuar en caso de emergencia

En estas instalaciones se imparten cursos para civiles, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y Fuerzas Armadas de otros países

RotaActualizado:

La grúa comienza a bajar la cabina del helicóptero sobre la piscina. «Agua por el pecho, cojo aire y me quedo quietecito esperando a que esto se pare. Son tres segundos», explica el instructor. A su alrededor, ocho militares del Ejército de Tierra aprenden cómo sobrevivir a un accidente de helicóptero en la mar.

El simulador en el que lo hacen recibe el nombre de ‘dunker’ y se encuentra en la Base Naval de Rota. Como éste solo hay 14 en todo el mundo, 10 de ellos militares, y éste es el único abierto al público, ya que aquí también se adiestra personal civil.

La empresa encargada de su explotación es Inerco Forespro. «Tenemos la concesión administrativa por la cual formamos a los militares a cambio de rentabilizar la explotación con clientes civiles o militares de otros países», explica Julio ‘Uwe’ Acosta Martín, el jefe de operaciones de la compañía. De este modo, la Armada puede formar cada año a 1.100 personas (entre ellas nadadores de rescate), que son las plazas que tiene asignadas en este centro de supervivencia, dentro de las cuales reserva 10 días para adiestramiento de militares del Ejército de Tierra y otros 10 para el Ejército del Aire.

El personal de Inerco Forespro que trabaja en este centro de supervivencia de la Armada Española está compuesto por seis instructores, un encargado de mantenimiento y una administrativa. Los mismos instructores que se encargan de formar a los militares lo hacen también con Guardia Civil, Salvamento Marítimo, unidades de rescate de diversas provincias de España o el regimiento de helicópteros de la Armada portuguesa. Para todos ellos realizan cursos adaptados según sus necesidades.

El dunker de Rota es el único abierto a personal civil y como este simulador solo hay 14 en todo el mundo, 10 de ellos militares

«Ayer tuvimos a personal de los apagafuegos del Ejército delAire, hoy a los del Ejército de Tierra, hace unos días a infantes de Marina. Y la próxima semana vendrán militares estadounidenses que están destacados en Alemania», explican. También se forma aquí personal de plataformas eólicas o petrolíferas que tienen que cumplir con los criterios de formación establecidos por la GWO (Global Wind Organization) y deben certificarse, realizando el módulo de supervivencia en la mar. Asimismo, por ley, cuentan, es necesario que tanto Salvamento Marítimo como los equipos contra incendios pasen este adiestramiento de forma anual.

Respecto a los infantes de Marina, puntualiza el jefe de operaciones de Inerco, que imparten el curso de pasajero de infantería y de ‘fast rope’, por si caen al agua, que sepan soltarse el equipo, inflar la balsa, etc... «En el Tercio de Armada todos son susceptibles de ser embarcados, por eso cada cuatro años tienen que pasar el curso. Se estima que en cuatro años toda la unidad debe haber pasado por aquí y estar calificado», señala Uwe.

Inaugurado en 2012

El subteniente Guillermo de la Vega ha sido durante 18 años instructor de adiestramiento de nadadores de rescate de la Armada en el dunker. «Ha habido un gran cambio entre el antiguo dunker y éste, que es de 2012», subraya. «Antes los nadadores se calificaban en helicóptero, en la mar, ahora una vez al mes se adiestran aquí, realizando todo el ciclo de rescate, por lo que supone un ahorro importante», afirma.

«Tenemos dos aulas en las que se da comienzo al curso que, en el caso de hoy, dura ocho horas. En ellas reciben primero unas conferencias para que sepan, antes de meterse en el simulador del helicóptero, cómo tienen que actuar», cuenta Palma Flethes, la administrativa de Inerco.

Después de las conferencias pasan a la piscina, de cuatro metros de profundidad, 10 de ancho y 20 de largo, en la que realizan diferentes ejercicios. En esta ocasión, 15 militares del Ejército de Tierra de los Batallones de Helicópteros de Maniobra III (BHELMA-III) y IV (BHELMA-IV), localizados en Logroño y Sevilla respectivamente, se están adiestrando. Son dotación de helicópteros Cougar y NH-90 y el simulador se ha configurado en base a estos aparatos, con los asientos, ventanas y puertas, en el mismo sitio en el que los tienen las aeronaves. De hecho, esta es la primera vez que se configura como NH-90, ya que este helicóptero multipropósito es de reciente adquisición por parte de las Fuerzas Armadas españolas. El simulador puede configurarse hasta en 175 formas distintas dependiendo de la unidad que vaya a adiestrarse.

Se estima que en cuatro años todo el Tercio de Armada debe haber pasado por el dunker y estar certificado

«El primer ejercicio en la piscina es nadar con el equipo», detalla Uwe Acosta. «Después los pasamos en apnea por una ventana para que vayan cogiendo soltura», desarrolla. Tras ello, los militares van entrando uno tras otro en una jaula con un asiento y una ventana, los instructores les dan la vuelta y quedan con las piernas fuera del agua y el resto, dentro. El objetivo: que se quiten el cinturón y salgan por la ventana para que luego, dentro del simulador que hace las veces de cabina del helicóptero, sepan cómo hacerlo. «Vamos viendo el grado de dificultad de cada alumno», cuenta el instructor.

«Ahora toca salto», dice Acosta, mientras los alumnos se colocan en una plataforma varios metros por encima de la piscina y, de uno en uno, van saltando de pie, rectos, con las manos cruzadas sobre el pecho y sujetándose el casco, como previamente les han explicado. «Lo que hacemos es adiestrarles en caso de accidente. Por lo que nos ponemos en lo peor de lo peor: que el helicóptero impacte o americe en el agua. Pero también tenemos que enseñarles cómo actuar en el caso de que el piloto pueda realizar un estacionario y que ellos tengan que saltar en el mar», detalla Uwe, que también es instructor de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), de la Federación Española De Actividades Subacuáticas (FEDAS), de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS), y pertenece a la directiva de la Federación Andaluza de Actividades Subacuáticas (FAAS).

Memoria muscular

«Es muy emocionante, de mucha utilidad», declara el sargento Antonio Villa, destinado en el BHELMA IV, para el que es su primera vez en el dunker. «Lo más molesto es sentir cómo el agua te entra por la nariz», señala al salir de la piscina. Tras él, sube su compañero, el sargento primero Joseba Martínez Cuberías, del BHELMA III. Es su tercera vez en el dunker y subraya la utilidad del entrenamiento que reciben. «Todo se basa en mecanizar el procedimiento para que haya una memoria muscular y aplicarla en caso de emergencia», cuenta.

Seguidamente, se suben a la ‘falsa cabina’ de helicóptero y ocupan sus asientos. «No nos soltamos el cinturón hasta que el aparato esté completamente sumergido y quieto». «Señores, no se precipiten. Nuestra seguridad por encima de todo», son los últimos consejos que les dan los monitores. «¿Alguna pregunta? ¿Todos saben por donde van a salir?». Los militares asienten y exponen sus últimas dudas. «¿Preparados?». «¡Dichi, dichi, dichi!». La cabina se sumerge y se da la vuelta. Poco a poco, salen sin dificultad. «¡Muy bien, señores!», animan los instructores. Todas las pruebas son eliminatorias.

El último ejercicio lo denominan ‘armagedón’ y simula un accidente de helicóptero de noche, con lluvia, viento y olas. «El personal tiene que salir, ponerse el chaleco, hinchar la balsa y el helicóptero va a rescatarles. El ejercicio termina con todo el personal en la aeronave de rescate», describe Acosta, mientras señala una plataforma sobre la piscina que hace las veces de helicóptero de rescate. En caso de emergencia, el operador que está fuera de la piscina pulsa un botón y todo se para.

«Aquí lo que hacemos es machacar el procedimiento, intentar rebajar el minuto de desconcierto y coger confianza. Boca abajo siempre te desorientas e intentas salir por el lado contrario. Por eso les damos puntos de apoyo, de referencia», cuenta el jefe de operaciones. «Todos tenemos el instinto de supervivencia, pero hay gente que se pone nerviosa, se bloquea. A mí se me han puesto a llorar dentro del simulador», afirma. Y eso es lo que, precisamente, intentan evitar, «hay que saber que puedes».