Agentes del Servicio Marítimo de la Guardia Civil divisan desde la patrullera una embarcación sospechosa. - LA VOZ
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Alerta por el uso de barcos recreativos para el tráfico ilegal de inmigrantes

La Guardia Civil advierte de este nuevo 'modus operandi' tras la interceptación de varias embarcaciones que intentaban cruzar a magrebíes de manera irregular

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Mala mar. El viento azota fuerte y una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil divisa a lo lejos una pequeña embarcación. Se trata de un recreativa de pocos metros de eslora. A bordo se distinguen las siluetas de varias personas pero hay algo que llama la atención de los agentes. El barco, a pesar de sus escasas dimensiones y de lo picado que está el agua, no cabecea. Se mantiene más o menos firme en su trayecto. Algo raro hay. En efecto, en ese barco viajan más personas de las que se ven. Escondidas. Van hacia él.

El tráfico ilegal de personas ha dado de nuevo otra vuelta de tuerca más en la zona sur. El uso de pateras, toys o de gomas ya no es suficiente. La Guardia Civil ha detectado en esta última semana la utilización de recreativas que también transportan a inmigrantes de forma irregular para que logren llegar a costa española sin ser vistos. En solo unas horas, estas semanas pasadas, han interceptado varias de estas embarcaciones que peligrosamente se lanzan a alta mar a pesar de las malas condiciones para la navegación que haya y en unas aguas tan feroces como las del Estrecho de Gibraltar.

Hace unos días interceptaban a los primeros. La patrullera, dentro de su servicio en la ‘operación Índalo’ que lucha contra las mafias de la inmigración ilegal, cubrían el trayecto Algeciras-Ceuta. «Yendo hacia Ceuta con muy mala mar divisamos una recreativa», cuenta uno de los agentes que navegaba en la lancha. «La vimos y nos sorprendió que, a pesar de como estaba el agua, no estuviera pegando ‘cabezazos’». Fueron hacia ella dándoles el aviso de que se detuvieran. Una vez que la alcanzaron confirmaron que el barco estaba lo que se conoce como «aproado», es decir, con su proa más hundida de lo normal en el agua. «Iba cargado de lo que fuera. Estaba claro». Los ojos de estos expertos encargados de vigilar durante tantas horas el Estrecho son difíciles de engañar.

Tres de los agentes desembarcaron de la patrullera con la auxiliar hacia el barco sospechoso. Y cuando llegaron, una vez asegurado el abordaje, descubrieron lo que se temían. «Empezó a salir gente». Hasta seis personas. Dos ceutíes y cuatro magrebíes viajaban a bordo en esa pequeña embarcación. Cuatro iban dentro escondidos. De todos ellos, dos quedaron detenidos al considerar que eran los que habían favorecido ese viaje. A estos se les llaman ‘facilitadores’ y son las personas que captan a los extranjeros que quieren intentar cruzar el Estrecho sin papeles y organizan el trayecto, previo pago por supuesto de su importe. Al parecer al comprobar la matrícula y tomarle declaración al propietario del barco, éste aseguró que se lo habían robado en Ceuta.

Según la información que recabaron los agentes, la embarcación había salido del puerto ceutí pero sus ocupantes se habían montado en ella ya en el mar, aproximándose a algún punto determinado de la costa debido a que su poco calado pudo permitirles acercarse a la orilla y que se montaran allí para no ser detectados por el control portuario.

«Intentamos tranquilizarlos para que no se tiren al agua o los hagan saltar. La mayoría no sabe nadar»

Pero esta no fue como decimos la única recreativa que cogieron transportando a inmigrantes de manera irregular. A los días volvieron a interceptar otra. De nuevo en la zona próxima a Ceuta hacia la península. Y otra vez con muy mala mar. En esta ocasión iban ocho personas a bordo más el patrón. Los agentes del Servicio Marítimo los vieron a una gran distancia. Sus ocupantes iban sin chaleco y además por mitad de la línea de navegación del Estrecho por donde pasan los mercantes con el alto riesgo que ello supone de no ser vistos por estos enormes buques que pueden pasarles, literalmente, por encima. «Llevaban radio marina y desde la patrullera empezamos a tranquilizarlos. Les dijimos que fueran hacia la costa ya que temíamos que saltaran ahí en medio o que les obligaran a saltar y se ahogaran. La mayoría de las veces no saben nadar».

Así, unas millas más cerca de tierra, dos guardias civiles saltaron a la embarcación. Les condujeron hacia el puerto de Barbate. Ya allí se había dado aviso para que se montara todo el dispositivo para recepcionarlos. El patrón quedaba detenido como «facilitador». Todos los ocupantes eran magrebíes con residencia en Tánger.

«Llevo muchos años en esto y lo que está pasando no lo había visto antes», cuenta uno de estos experimentados agentes del Servicio Marítimo. En tan solo una semana dos embarcaciones recreativas con el mismo objetivo: intentar cruzar a España con un barco muy limitado, mala mar y superando de manera completamente temeraria su capacidad. Un nuevo ‘modus operandi’ en el negocio de la desesperación.

La Guardia Civil ya se está ocupando de intentar dar con los responsables de estos métodos. Sin embargo, como ocurre siempre en estos casos, las víctimas que ponen su vida en manos de mafias suelen ser poco colaboradoras. Y más aún los supuestos implicados. En uno de estos rescates, el patrón tiró el móvil que llevaba al agua al ver que se aproximaban las patrulleras. Una forma de evitar el rastreo de llamadas o mensajes que destape a quien le ha pagado o quien lo ha organizado todo.