Psicólogo especialista en adicciones a las nuevas tecnologías

«La adicción a los videojuegos también provoca síndrome de abstinencia»

José Ramón Muriel, psicólogo del Centro de Tratamiento de Adicciones de Puerto Real y especialista en adicciones a las nuevas tecnologías subraya el papel de los padres

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Las nuevas tecnologías han revolucionado la manera de comunicarnos y son una herramienta útil en la vida de las personas. El problema surge cuando la afición se vuelve adicción. Los jóvenes y adolescentes son los más vulnerables a engancharse a los videojuegos, al teléfono móvil o a las redes sociales. Un mes después de la aparición de Pokémon Go, con parte de Europa, EEUU y Asia rendida a los pies de Pikachu y miles de personas cazando Pokemons por la calle, hablamos con un experto de Diputación sobre los peligros de una adicción de la que no escapan ni los adultos.

-¿Cómo define la adicción a los videojuegos?

La adicción a los videojuegos es un fenómeno parecido a cualquier otro tipo de adicción con la diferencia del formato que se utiliza. Como cualquier adicción implica un uso excesivo, una pérdida de control sobre la actividad en cuestión (en vez de sobre una sustancia química), una dedicación del tiempo de ocio cada vez mayor en detrimento de otras actividades y una interferencia en otras áreas personales. Es similar a una adicción química, incluso hay un síndrome de abstinencia cuando no se puede realizar la conducta adictiva.

-¿Cuáles son los signos de alarma de un uso excesivo de internet, teléfono móvil o videojuegos?

No hay que comprar un móvil a un niño antes de los 12 ó 13 años porque no hará un uso responsable

Algunos signos de alarma ante los cuales los padres deben estar atentos son el descuido de las tareas escolares y la disminución del rendimiento académico, comportamientos de irritabilidad cuando se interrumpen la actividad o se le limita a una franja horaria, el abandono de aficiones que tenían antes, actividades de tiempo libre aparcadas en beneficio del uso de internet o el móvil, la disminución de la frecuencia o el tiempo de contacto con las amistades reales.

-¿Cómo se puede tratar?

El tratamiento es parecido a las adicciones a una sustancia química pero el objetivo terapéutico no es el mismo. La diferencia es que en el caso de una adicción a una sustancia química (alcohol, cocaína, etc) el objetivo es interrumpir el consumo de esa sustancia mientras que en el caso de las adicciones a las nuevas tecnologías no, salvo en el juego patológico. Si alguien tiene una dependencia al teléfono móvil o a internet o a los videojuegos el objetivo no será que nunca más en su vida juegue a los videojuegos, use el móvil o se conecte a internet sino reeducarle en el uso que hace.

-Los niños cada vez se incorporan desde más pequeños a la cultura del ocio digital. ¿Qué consejos les da a los padres para evitar que la afición se convierta en adicción?

La necesidad de revisar continuamente el teléfono se llama y es propia de chavales y adultos

El acompañamiento de los padres, la supervisión y el establecimiento de una serie de normas de uso de las tecnologías son muy importantes. Si hablamos de internet, hay que sentarse con los hijos y enseñarles a usarlo. En el caso del móvil debe utilizarlo con limitaciones horarias apagándolo en determinadas horas (por ejemplo, por las noches para que no interfiere en el sueño) y momentos (que no se use cuando se está almorzando o haciendo otra actividad). No hay que comprar móvil al niño antes de los 12 ó 13 años, porque no tiene madurez para hacer un uso suficientemente responsable y, tener en cuenta que a menor edad, más riesgo de desarrollar adicción. También se puede hacer corresponsables a los niños del mantenimiento de la tecnología dedicando parte de la paga semanal o similar a ayudar al pago de la factura.

-¿Realmente los padres cumplimos y damos ejemplo o, de lo contrario, le imponemos unas normas que nosotros mismos no somos capaces de cumplir?

Muchas veces a los adultos nos cuesta dar ejemplo porque cada vez hacemos un uso más frecuente e inoportuno del teléfono o internet. A veces estás con las amistades y estas más pendiente de si te ha vibrado el teléfono o has recibido una notificación de lo que te está contando la persona que tienes sentada enfrente tuya. Esa necesidad de estar revisando el teléfono continuamente se llama phubbing y está muy extendida en adolescentes y adultos. Los adultos lo hacemos mucho y es mal ejemplo.

-Esa práctica y ese riesgo no es atribuible sólo a niños y adolescentes. Pokemon Go es el mejor y más reciente ejemplo...

Muchos de los que ahora salen a cazar Pokemons eran aficionados a Pokemon cuando eran pequeños. Están reviviendo de alguna manera su interés por este tema con un formato diferente. Las edades empiezan a dejar de ser importantes, la brecha digital lo era cuando los chavales empezaron a jugar a videojuegos o similares pero ahora un padre con treinta y tantos años hay muy poquita brecha digital con sus hijos pequeños.

-¿Le ha sorprendido el fenómeno Pokemon Go?

No. Probablemente van a seguir sucediendo fenómenos parecidos con nuevos videojuegos o aplicaciones móviles con una

Muchos adultos que hoy cazan Pokemons por la calle fueron los primeros aficionado cuando eran niños

repentina repercusión mediática importante a nivel mundial.

-¿Qué potencial adictivo tienen los videojuegos?

Tienen una función comunicativa, elementos estimulantes, son muy atractivos y te sumergen en un mundo virtual donde de alguna manera puedes llevar a cabo fantasías que en la vida real no son posibles. Las consecuencias negativas del uso no son inmediatas, lo cual hace que no veas que te pueda causar adicción. Los medios digitales son un mecanismo de inclusión social (el chaval que no tenga teléfono prácticamente no puede comunicarse con los amigos) y de mejora del estatus social (disponer del último videojuego o terminal de móvil es guay). Si sumas todo eso a factores psicológicos individuales de cada persona, el conjunto te puede precipitar potencialmente a la adicción.

-¿Hay videojuegos adictivos y no adictivos?

Es complicado catalogar eso. Lo que sí está claro es que los videojuegos que se pueden jugar en familia o en grupo pueden tener menos potencial adictivo porque no fomentan el aislamiento y otras características propias que conducen a la adicción.

-Los expertos hablan de que los videojuegos son buenos ¿Qué beneficios tienen?

Efectivamente. Con los videojuegos se desarrollan capacidades de resolución de problemas, de resolución de conflictos, como ocio también puede ser atractivo si su consumo es moderado y facilita la interacción social al compartir gustos, aficiones e intereses comunes con otras personas.

-Muchos padres sitúan en el rendimiento académico de los hijos la medida para hacer sonar o no la voz de alarma ¿Podemos guiarnos por ese criterio?

Ahí hay que hilar muy fino. Puede ocurrir que se estén desarrollando problemas derivados de una adicción pero que el área académica no se vea afectada. A veces los problemas derivados del exceso de horas de juego pueden venir por otro lado: el que hacía deporte, ya no hace; el que salía cuatro días con los amigos, sale sólo uno; tener más contacto con amigos a través de internet que en la vida real. A lo mejor lo que se ve más afectado en ese chico/a en concreto es su ámbito social y no tanto el académico. Depende de cada persona. El hecho de que el rendimiento escolar y las notas de los exámenes se mantengan igual no quiere decir que no haya un problema.

-¿Hay algún perfil del adicto a los videojuegos, al móvil o a internet?

Realmente no existe un perfil definido. Lo que sí vemos es que muchas veces coincide que son personas con la autoestima un poquito baja, con algunos rasgos de impulsividad, con poca tolerancia a los estímulos displacenteros o a la frustración. También coincide que en su entorno no suele haber mucha supervisión ni contención del uso que hacen de las nuevas tecnologías.

-¿Cómo sería su videojuego ideal?

El grupo de whatsapp de padres del colegio es para asuntos educativos concretos, no para mandar fotos

Para mí sería uno que permitiera el desarrollo de habilidades, resolución de problemas, afrontamiento de situaciones, manejo de conflictos y jugar en grupo.

-La relación hombre-máquina cada vez le está pisando más terreno a las relaciones entre las personas... ¿Qué opina?

Es cierto. Además nos hemos acostumbrado a la inmediatez y la máquina te proporciona ese estímulo inmediato que hace que no nos fijemos en quién tenemos al lado. El caso del móvil es el más evidente, puede causar problemas pero hay que aprender a gestionar cómo utilizar las nuevas tecnologías porque no son una moda, han venido para quedarse y hay que convivir con ellas.

-¿Hace falta orientación sólo en casa o también saltar al ámbito de lo público por tratarse de un asunto que afecta a toda la sociedad?

Creo que la gestión y el uso de las nuevas tecnologías se deben ir incluyendo en el currículum escolar, en las aulas, para que sean los propios alumnos quienes reflexionen sobre qué uso deben hacer y qué problemas les pueden generar. Los profesores y los orientadores están cada vez más pendientes de eso.

-¿Hay algún fenómeno derivado del mal uso de las nuevas tecnologías que le preocupe especialmente dentro de las aulas?

El fenómeno del ciberbullyng ha experimentado un considerable incremento del número de casos en los últimos años. En los centros educativos se está empezando a implementar programas para detectarlo. Puede ser más nocivo que el acoso escolar presencial porque puede ejercerse las 24 horas del día. Sus signos de alarma son más difíciles de detectar y se recomienda que los padres estén atentos en ver a qué dedica el tiempo su hijo, con quién se relaciona, qué amigos tiene, con quién se lleva mejor o peor, etc.

-Sin salir de la esfera del colegio, ¿es normal la actividad de los grupos de whatsapp de los padres del colegio?

Uno de los asuntos que generan problemas y conflictos en los centros educativos son los grupos de whatsapp de padres y madres. Estos grupos se tienen que utilizar para cuestiones concretas y siempre relacionadas con el ámbito educativo, no para asuntos personales ni para intercambiar otro tipo de historias, conversaciones ni fotos. Si alguien tiene una diferencia de opinión o un problema con otro padre o madre debe resolverlo dentro del ámbito de lo privado y no dentro del grupo de whatsapp.