Secuencia de imágenes de la pelea entre los dos grupos de jóvenes el pasado fin de semana en la Punta.
Secuencia de imágenes de la pelea entre los dos grupos de jóvenes el pasado fin de semana en la Punta. - LA VOZ
REPORTAJE

Violencia en las calles de Cádiz

Una noche de fiesta que casi acaba en una tragedia fatal. La fuerte bronca entre unos jóvenes en Cádiz hace saltar las alarmas sobre qué está pasando

Expertos en conductas sociales recomiendan la prevención y la educación como las mejores armas

María Almagro
Actualizado:

Apenas dura 35 segundos pero el vídeo de la brutal pelea entre dos grupos de jóvenes el pasado fin de semana en la Punta de San Felipe, en Cádiz, ha vuelto a traer a la actualidad un asunto espinoso, complicado, sensible pero que está ahí, que sucede y pone los pelos de punta. Las imágenes de esos chicos de entre 20 y 30 años pegándose al alba después de una noche de fiesta impresionan. La violencia, observar como un testigo más, cómo se abalanzan con ganas de golpear al otro sin un motivo aparente o aunque existiera alguno, sorprende a cualquiera que sea ajeno a este tipo de situaciones.

Pero ocurre. Ahí se ve. La historia es la de una bronca como las hay y siempre ha habido a cientos. Sin embargo en esta ocasión la espeluznante patada en la cabeza que le propina uno de ellos a otro ha multiplicado la difusión mediática y por tanto la atención social sobre este suceso. Cuatro jóvenes italianos que se encontraban en Cádiz de Erasmus fueron detenidos y, como se recordará, uno de ellos, un chico ‘normal’ de 29 años, ha ido a prisión. Él fue el que pateó la cabeza al herido que tuvo que ingresar de urgencia en la UCI y que se recupera lentamente de la agresión.

¿Qué está ocurriendo?, ¿hay ahora más peleas o son más violentas?, ¿qué papel juegan en todo esto el alcohol y las drogas?, ¿y las redes y su difusión?, ¿hay motivos reales para preocuparse?

Izabela Zych es una de las mayores expertas que hay sobre esta materia en España. Es profesora titular en el departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, miembro del Laboratorio de Estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia que esta misma facultad puso en marcha de manera pionera y también trabaja como asociada en el Violence Research Centre de la Universidad de Cambridge y como 'visiting scholar' del Instituto de Criminología también de esta prestigiosa universidad británica. Además es autora de diversos artículos científicos, investigadora y directora de proyectos sobre temas relacionados con la prevención de la conducta antisocial. Su visión sobre lo ocurrido en Cádiz la madrugada del viernes al sábado es clara, rotunda y cree que hay que abordar la situación desde un punto de vista profesional donde la prevención, la investigación y la formación son claves.

«Las imágenes me han parecido terribles y estremecedoras», confiesa una vez que ha visto el famoso vídeo. No lo duda. En su opinión, «desgraciadamente la violencia sigue estando presente y resulta fundamental abordarla desde una perspectiva multidisciplinar, incluyendo la investigación, la práctica y las políticas para poder reducirla». Según considera en este sentido «la ciencia ha avanzado mucho, pero sus descubrimientos no siempre se han puesto en práctica. También hace falta mucha más investigación y para ello es necesario destinar recursos de todo tipo para luchar por un futuro donde estas situaciones no tengan cabida».

«Ha existido desde siempre»

A juicio de esta profesional la conducta antisocial ha existido desde siempre, si bien considera que ha habido cambios en sus formas de manifestarse. «Ha aumentado la violencia a través de las tecnologías, incluyendo el crimen, el acoso o los mensajes de odio en la red». Hay varias teorías psicológicas y criminológicas que explican las conductas violentas.

Entre ellas, la Teoría del Potencial Antisocial Cognitivo Integrado del profesor David P. Farrington de la Universidad de Cambridge validada en diversos estudios. En ella explica que las personas desarrollan un nivel variado del potencial antisocial a largo plazo. Este potencial depende, por ejemplo, de algunos factores biológicos, de la educación y afecto recibidos en la familia, de las condiciones de vida, etc.

«Este potencial a largo plazo interactúa con los factores situacionales, por ejemplo, el enfado, una provocación percibida en un momento dado y el consumo de sustancias. Además, la persona evalúa las posibles consecuencias y si anticipa que actuando de forma violenta puede suponer la aprobación por parte de otros jóvenes, por ejemplo, restándole importancia a las consecuencias negativas, puede realizar este tipo de actos», explica la profesora. «Se trata por tanto de una interacción entre los factores personales que son relativamente estables, factores situacionales y la decisión tomada por la persona».

Respecto a lo ocurrido en Cádiz, donde la pelea se desata a altas horas de la madrugada con un previsible elevado consumo de alcohol anterior de los implicados, se incorpora por tanto otro condicionante importante. Zych sostiene que el consumo de sustancias es «un factor de riesgo para la violencia encontrado en muchos estudios científicos». Sin embargo considera que «ni es imprescindible ni es suficiente». «Hay una serie de factores que son relativamente estables y que hacen que las personas tengan una mayor o menor tendencia a comportarse de forma violenta. El consumo de alcohol y drogas es un factor situacional que interactúa con esa tendencia. En general, la violencia es un fenómeno multicausal. Algunos de los factores que juegan un papel importante son la baja empatía, la llamada desconexión moral que supone encontrar excusas para justificar conductas que, en realidad, no son justificables o la impulsividad».

Perfiles delincuenciales. O no

Sobre el hecho de que en esta misma pelea por ejemplo se hayan visto involucradas personas que no responden a un perfil de delincuente habitual, la experta llama a la cautela. «Es importante no generalizar. La ciencia tiene muchas respuestas obtenidas a través de la estadística que funciona muy bien con grandes números. Es decir, conocemos los factores de riesgo y de protección que pueden explicar la violencia en la sociedad y hay algunas estrategias que pueden disminuirla. No obstante, cuando hablamos de individuos, sería necesario conocer su historia personal. Sería injusto y erróneo opinar sobre estas personas en concreto. Sería parecido a intentar decir por qué una persona en concreto ha desarrollado una enfermedad pulmonar sin ni siquiera conocerla. Sabemos muy bien que disminuyendo el tabaquismo y la contaminación y fomentando el ejercicio físico podemos disminuir notablemente las enfermedades pulmonares en la sociedad. No obstante, eso nos dice muy poco sobre un individuo que no hemos valorado personalmente. En este caso también debe ser así y todas las personas implicadas deberían recibir un diagnóstico y una ayuda personalizada».

En cuanto a la búsqueda de soluciones Izabela Zych tiene claro que hay que apostar fuerte por la investigación, la práctica y las políticas. «Existen programas de prevención que funcionan muy bien y cuyos resultados a corto, medio y largo plazo han sido validados científicamente. El problema es que todavía son insuficientes, no siempre se apuesta por una estrategia a largo plazo y todavía hay mucho por hacer en este sentido». Entre ellos un «factor clave» es la educación. «Las escuelas del siglo XXI tienen que centrarse en la materia académica, pero a su vez deben fomentar las competencias sociales, emociones y morales, junto con las relaciones prosociales entre el alumnado».

También la familia, donde se recomienda mostrar un alto nivel de afecto, «pero a su vez poner normas y tener un nivel de exigencia relativamente alto». «Es bien conocido que muchas conductas se aprenden por observación y por ello es fundamental dar un buen ejemplo. La clave es la prevención, pero también resulta importante intervenir con las personas que ya han cometido estos actos para que no reincidan, incluyendo unos buenos programas de rehabilitación en las prisiones y otros contextos donde se trabaja con personas que han cometido delitos».

La prevención, básica

La psicóloga educativa Yolanda Martínez, coordinadora y responsable del Colegio de Psicologías educativas en Andalucía Occidental, cree también que la prevención es «básica» para que no se repitan o al menos se reduzcan imágenes como las grabadas en la Punta. «Desde el sistema educativo tenemos implantadas una serie de pautas para promover la convivencia y la solución de conflictos de forma pacífica», explica. Dichas pautas ayudan a «sentar las bases» ya que una vez que estos chicos o chicas salen de los colegios e institutos y también de sus casas tienen que hacerse ellos mismo cargo de sus propias conductas y responsabilidades. Y ahí es cuando, por ejemplo en el caso que nos ocupa, llegan los problemas. Pueden responder a perfiles más delictivos. O no.

«Este tipo de peleas aunque sean por motivos absurdos suelen producirse por una pérdida del control». Y en este descontrol el alcohol o las drogas son un detonante claro. «Agresiones así entre jóvenes suelen ocurrir a altas horas de la noche, cuando una persona se encuentra tranquila, sin interferencias de sustancias no es habitual que actúe de esta forma».

La violencia en las calles gaditanas entre jóvenes no es alarmante. «No es que haya más peleas que antes pero ahora con los móviles y a través de las redes sociales se ven más, tienen más difusión». Un amplificador que puede ser «peligroso», «puede existir un efecto contagio», alerta la psicóloga.

Y para plantarle cara, Yolanda Martínez cree también básica la prevención (en la educación pero también en el consumo de sustancias y sus consecuencias), además de la formación y el estudio de las problemáticas más habituales. Y por supuesto, aunque se trate ya de personas adultas, en las familias. «Aunque sean mayores, deben de estar vigilantes, supervisar que sigan siendo responsables, y aconsejarles bien. Hay que saber hacerles reflexionar».