Susana Díaz, carioacontecida, durante su comparecencia anoche para admitir el mal resultado electoral. EFE
ELECCIONES ANDALUZAS 2018

De repente, se acabó el PSOE

El cansancio toma forma en más abstención y en la irrupción de VOX para dejar a los socialistas sin opción de gobernar la Junta por primera vez en 37 años

CádizActualizado:

Los socialistas se pegan un batacazo de 14 escaños que basta para ser histórico, nunca visto en las once convocatorias autonómicas. De 47 a 33 diputados. Tras casi 37 años, el PSOE por primera vez no tiene opción de formar Gobierno en la Junta de Andalucía. Susana Díaz queda descalificada por las urnas dos veces en año y medio. Las de sus militantes le apartaron de la dirección del partido en mayo de 2017. Las de todos los andaluces le convirtieron ayer en la primera socialista sin posibilidad de gobernar la Junta desde que existe el estado autonómico en España. Es decir, es la primera de todos. No faltarán los que se lo recuerden, a diario, en su propia casa y su situación se volverá insostenible con el paso de los días.

La versión clásica del socialismo español se queda lejos de la esperanza. Lastrada por un desgaste que muchos analistas anunciaban en vano desde hace un siglo (el anterior) y por otra versión del cansancio: la abstención que avanzó cinco pasos.

Para trasladar a la realidad el distante y pedante análisis político que ha rodeado los últimos días –desde la prensa, la televisión o la radio– cualquiera puede probar a preguntar a sus parientes, amigos o compañeros. A pedirles el nombre de algún candidato de VOX, o alguna idea concreta más allá del nacionalismo y el miedo hecho mensaje. Nadie va a decir ningún nombre. Nadie va a contestar con una promesa electoral concreta. Nadie sabe gran cosa, nada.

Sin carteles ni vallas, sin redes sociales ni rollos millenials, que hablamos de nostálgicos del orden y la ley, conceptos subjetivos como tantos. Sin presencia en los debates y en los medios, sin entrevistas ni necesidad de tópicos, sin besar niños ni abrazar ancianos. No les ha hecho falta. Todos los sistemas convencionales de hacer campaña quedan, una vez más, cuestionados hasta el ridículo. La extrema derecha irrumpe en España por Andalucía, un domingo soleado de diciembre, montada en una ola imbatible, incansable, de comportamiento impredecible: el cabreo.

Ciudadanos, que duplica sus votos, y VOX, que los multiplica por doce, son los únicos vencedores de la victoria electoral

Ese caballo es el mismo que tira de candidatos semidesconocidos y decisiones indigestas en Estados Unidos, Brasil o Hungría, en Francia, Italia o Gran Bretaña. Ya están aquí. Ya estaban pero en unas reservas naturales que les hacían invisibles, mimetizados en el entorno. De repente, un domingo cualquiera, se independizaron para reclamar un espacio que resulta capital. No nacieron ayer. Existían hace tiempo pero se mezclaban. Desde ayer, se agrupan. En VOX. Hasta el punto de multiplicar por doce sus votos en Andalucía, impulsados por un fuerte viento de nordeste. De poco más de 35.000 en 2015 a casi 392.000 papeletas ayer.

El partido que más votos obtuvo ayer (el PSOE) fue, en una noche de paradojas, el mayor perdedor. También fue el principal divulgador de VOX y quizás su mayor coartada. Nadie como Susana Díaz mencionó ese nombre de forma tan insistente y oportuna. Hasta el punto de dar a los cabreados el nombre que debían buscar para dar escarmiento y dotar de forma su enfado.

El PP, vencedor de los derrotados

El carrusel de ironías convierte al PP en el vencedor de los derrotados. Retrocede siete escaños, de 33 en 2015 a 26 escaños ayer. Moreno Bonilla está en disposición de ser el primer presidente de la Junta de Andalucía al margen del PSOE a pesar de los malos números. Con Pablo Casado haciéndole la campaña sin tapujos, los populares han visto el abismo en plena travesía del desierto tras el ‘caso Bárcenas’ y la caída de Rajoy.

Han mirado tanto a Pedro Sánchez que son condenados a imitarle: dependerán de compañías complicadas (puede escribirse VOX donde aparecían Bildu o Esquerra) para gobernar. Sin ese apoyo, no hay gobierno. Con ese apoyo, no habrá tregua. El cambio de ciclo, en La Moncloa antes y en San Telmo ahora, a un precio muy alto. Se paga a plazos, con dificultad y entre reproches constantes en casa, como un coche caro.

El oscuro triunfo popular

El amargo éxito del PP lo explica uno de los vencedeores reales –que sólo hubo dos– de la noche: Ciudadanos. El experimento catalán convertido en proyecto estatal pasa de nueve a 21 diputados en Andalucía (casi 660.000 votos). Casi el doble que en 2015 (369.000, entonces). El que más crece por la derecha (Ciudadanos) frente al que más tiene en esa zona (PP). Ambos coinciden en la necesidad de contar con el respaldo de VOX, considerado el primer partido nuevo de ultraderecha en España, representante de ese fenómeno mundial de democrático enfado con la democracia. Para entender la fuerza de la aparición de esta formación, basta un dato: VOX obtuvo ayer más votos (395.500) que Ciudadanos hace tres años (369.000). Y Ciudadanos sostuvo el último Gobierno de Susana Díaz en la Junta. Los números son similares y la fuerza, también.

El PP aspira a liderar un nuevo gobierno conservador pese a perder siete escaños y Adelante Andalucía se deja tres en un precoz desgaste

En el amplio catálogo de derrotados electorales de ayer (todos menos Ciudadanos y VOX) tiene papel protagonista Adelante Andalucía. Ni trasvase de votos del PSOE ni ariete progresista ni alianza con Izquierda Unida. Las dos formaciones (15 escaños de Podemos y cinco de IU en 2015) se dejan tres diputados cuando ahora que se unen y bajan a 17. Parece un desgaste leve pero es llamativo en un movimiento político con apenas cinco años de vida activa. Desde ayer, PSOE y Podemos (con el apéndice de Izquierda Unida) se declaran diques de contención de la extrema derecha pero ese fenómeno ha llegado en su presencia. Cabe debatir si por su presencia.

Formación de gobierno

Este lunes comienza un periodo de formación de gobierno que puede resultar complicado y largo, con PP y Ciudadanos reclamando una hegemonía que no tienen, que no es posible sin VOX. Mientras se entienden, o no, los andaluces tienen dos conclusiones a las que aferrarse: la etapa socialista ha terminado tras 37 años ininterrumpidos y la derecha más desacomplejada ha plantado los dos pies en el escenario.

Los primeros, caen a pesar de contar con una de las mayores redes de influencia, propaganda y subvenciones conocida en Europa. Los últimos, aparecen a pesar de no contar con un solo candidato conocido. Sin un nombre, sin un póster de farola, sin una valla, una cara y una frase que recordemos. Sin nada. Bienvenidos al siglo XXI. Asuste o no.