MEDIO AMBIENTE

Las otras joyas monumentales

Cádiz tiene hasta una treintena de árboles que están catalogados como singulares y requieren un mantenimiento específico para su conservación

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La reciente caída de una rama del histórico ficus del Mora recuerda inevitablemente las pérdidas de otros árboles monumentales que existían en Cádiz. El emblemático drago del Tinte fue el último en desaparecer hace ya algunos años. Tampoco sobreviven otros dos que fueron muy característicos como el de las Puertas de Tierra o el de la Facultad de Medicina.

Pese ello, Cádiz tiene una treintena de árboles que están catalogados como singulares y que se deben a un mantenimiento especial. Se trata de ejemplares de gran porte pertenecientes a especies como la chorisia, el algarrobo, la palmera azul, el podocarpus o el olivo.

Los dos ficus del Mora se encuentran entre los más especiales ya que, aunque no son los más antiguos, cuentan con más de cien años. Fueron dos monjas las que los trajeron en unas macetas para llevarlos al norte de España pero una de ellas se puso enferma y se quedaron aquí. Desde entonces forman parte indispensable del entorno de la Caleta. Los otros dos ficus cercanos y de principios del siglo XX son los que están en la Alameda.

Para ellos existe un tratamiento especial que consiste en podarlos todos los años tal y como viene recogido en el pliego de condiciones del servicio de jardines y zonas verdes de la ciudad. En Cádiz es una empresa de poda externa la que se encarga de esta labor (ya que tiene unos métodos de trepa idóneos para ello). Sin embargo tal y como han denunciado estos días los trabajadores de parques y jardines la poda de los ficus no se realizaba desde 2014. De hecho, la rama que cayó el pasado domingo pesaba cinco toneladas. Según los expertos esos árboles tienen unas raíces aéreas que los sujeta al suelo y se compensa poniéndoles apoyo y podándolos regularmente. El mantenimiento es fundamental por la envergadura que tienen y porque se encuentran en la vía pública.

No solo los ficus precisan unos cuidados específicos. Un espacio en el que conviven importantes ejemplares es el parque Genovés donde están además de los mencionados ficus, el drago (el segundo árbol más antiguo), un metrosiderus, un ciprés de monterrey, un brachychiton o árbol de fuego australiano, seis ejemplares de bismarckias y un podocarpus o tejo del Japón.

Además de estas especies Cádiz cuenta con una palmera datilera y dos palmeras azules que son originarias de Madagascar y se encuentran en el parque de Varela y sendos ejemplares de chorisia o palo borracho procedentes de América del Sur en la plaza de Candelaria y en el parque Celestino Mutis donde hay plantado un algarrobo. Existen asimismo otras chorisias en la plaza de España y también en la entrada de la ciudad hay un olivo.

Cada uno de estos casos requiere un mantenimiento. Los empleados de parques y jardines exponen por ejemplo que los cipreses del parque Genovés también deben ser tratados regularmente de enfermedades que le atacan mucho como la phytophthora o seiridium y sin embargo ahora al tener menos personal se han parado las labores de fumigación nocturna.

Tras meses de confrontaciones, a partir del próximo seis de agosto será Acciona la empresa adjudicataria que se haga cargo del servicio. Esta modificación debe ser positiva en lo que se refiere al mantenimiento de estos árboles así como de los jardines. Lo más destacado de este pliego es la ampliación de los 300.000 euros al incluir el parque Genovés y la incorporación de siete trabajadores. Cabe esperar ahora que se cumplan las condiciones del contrato y se cuide debidamente el arbolado.

El drago del obispado, el más antiguo

Desde que cayó el que se encontraba en el patio de la escuela de Bellas Artes en el callejón del Tinte, el drago que se encuentra en el patio interior del obispado es el árbol más antiguo de Cádiz. A este ejemplar se le calculan más de 250 años aproximados y según cuentan se plantó cuando se comenzó la construcción del antiguo Hospital de Mujeres, sede del obispado. Por aquel entonces se le atribuían propiedades curativas al drago y por eso no extraña que hubiera plantado otro en la Facultad de Medicina. A pesar de estar situado en el interior de un edificio y no es tan accesible al público el Ayuntamiento dede estar pendiente de su mantenimiento debido a que se trata de una especie protegida y por los años tiene un gran valor. Después de este el árbol, el segundo más antiguo de la ciudad es precisamente otro drago, en concreto el que está en el parque Genovés junto al Hotel Parador Atlántico aunque este tiene 125 años.