Uno de los pasos del proceso de fabricación artesanal de la alianza.
Uno de los pasos del proceso de fabricación artesanal de la alianza. - Francis Jiménez
CÁDIZ

Un joyero de Cádiz enseña a novios a hacerse sus alianzas de boda a la carta

Parejas de España y el extranjero ya se han fabricado sus propios anillos de boda en el taller de Antonio Collantes en la calle Isabel La Católica

CádizActualizado:

Un anillo a la medida de cada persona y circunstancia. Eso es lo que debió pensar Antonio Collantes, un artesano joyero de Cádiz, cuando hace un tiempo empezó a ofrecer un servicio novedoso en el sector: alianzas de novios diseñadas y fabricadas artesanalmente por los propios contrayentes. Y ajustadas a su presupuesto.

¿Hace falta preparación previa? Es la pregunta más frecuente cuando las parejas le llaman por teléfono. La respuesta es no. «Solo hacen falta ganas», responde siempre Antonio. Efectivamente. El taller de este maestro joyero, situado en la calle Isabel La Católica, al lado de su tienda ‘Dolmen’, es el escenario donde los novios acuden a confeccionar sus alianzas, un proceso que suele tomar entre tres y cuatro horas.

Lejos de la imagen de lujo asociada a la joyería, el taller es un espacio reducido atestado de herramientas, máquinas, pinceles, líquidos y piezas que le confieren una impronta de laboratorio. En ese pequeño cuarto en una planta baja cercana a la Alameda Antonio convierte en realidad las joyas que imagina. Y ahora también, las parejas particulares que se animan a dar forma -literal- a sus alianzas. Collantes guía cada paso del proceso. Qué y cómo.

«Primero se elige la materia prima, normalmente oro». También puede ser plata. A continuación se funde con un soplete. Se mete en una máquina para laminarlo y darle el ancho que va a tener la alianza. Luego se tira para darle el grosor elegido, normalmente media caña. Luego, en un banco de estirar se voltea para terminar de darle forma. Obtenida ya la lámina, se toma la medida de los dedos de los novios y se corta la lámina ajustada a la talla. Luego con un martillo y una lastra se termina de dar la forma redonda al anillo. Se lima y se procede a soldar los extremos para cerrar la circunferencia. Para ello se le adhiere con un pincel diminutas placas de soldadura de plata mojadas en un líquido fundente y con un soplete se funden sellando así la circunferencia. Conseguido el anillo, se mete en un molde y se uniformiza la forma y superficie con suaves martillazos, luego se lima y se pule. Finalmente, en un pantógrafo se graba en su cara interna con el nombre, fecha o leyenda que los interesados quieran. Voilà. Terminado.

Puede parecer más compleja la explicación del proceso que seguirlo a pies juntillas aconsejado por este conocido artesano joyero nacido en la calle Sagasta. De hecho, al principio es común que las parejas que acuden a confeccionarse sus alianzas a la carta no se sientan preparadas. «Muchas creen que no van a ser capaces pero al final se asombran del trabajo que hacen. En el momento en el que llegan al taller se creen que vienen a hacer un paripé, que los anillos los hace una máquina, así que se sorprenden mucho cuando realmente se dan cuenta de que son ellos quienes van a fabricar al cien por cien sus alianzas, desde el principio hasta el final», explica Antonio Collantes.

Clientela diversa

La mayoría de los clientes de este curioso servicio es de fuera de Cádiz y, parte, de otros países. «Todo gracias a internet», asegura. «Me llaman hasta del extranjero para preguntarme y que les cuente». Esta versión del movimiento DIY (hazlo tú mismo por sus siglas en inglés) adaptada a la joyería también se ha convertido en un regalo de bodas cada vez más usual. Como el que una clienta le regaló a su hermano. «Recuerdo a una pareja que era de Madrid. La hermana del novio le regaló un fin de semana sorpresa en Cádiz, que incluía venir a hacerse sus propias alianzas de boda. Lo organizó como una gimkana. Era todo sorpresa para los novios. La pareja vino a las 5 de la tarde al taller pero no sabían a qué. Su hermana le había dejado apuntado en una libreta que tenían que estar a las 5 en la calle Isabel La Católica y tenían que hacer lo que les dijera el señor del bigote, que era yo. Cuando acabaron quedaron contentísimos».

Reinventarse a los 60

Cuando a Antonio Collantes se le ocurrió esta idea en 2012 ya llevaba medio siglo de profesión en el cuerpo pero eran años de crisis económica. «Opté por adaptarme a las circunstancias» y se reinventó. «Llevaba con la tienda en Beato Diego 30 años pero con el sector de la joyería cayó y no podía esperar a que la situación cambiara. Ahí no cambiaba nada así que pensé que el que tenía que cambiar era yo». Y así fue. Cambió de calle la tienda, abrió su negocio internet y las redes sociales y empezó a ofrecer nuevos servicios adaptados a las necesidades de la gente. Su clientela ahora es como el gaditano, que viene de donde quiere.