Imagen de archivo de los pequeños en una de las convivencias en el claustro de San Francisco.
Imagen de archivo de los pequeños en una de las convivencias en el claustro de San Francisco. - A. Vázquez
PROGRAMA ACOGIDA NIÑOS BIELORRUSOS

Cádiz para contrarrestar a Chernobyl

Una treintena de niños bielorrusos llega este martes a la ciudad para el programa de acogida de Vera-Cruz

CádizActualizado:

La madrugada del 26 de abril de 1986 explotó el reactor cuatro de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, más conocida como Chernóbil. Los trabajadores habían intentado apagar dicho reactor para evitar el desastre. Pero fue demasiado tarde. Comenzaba una de las catrásfotes mundiales más importantes del siglo XX, un suceso de graves consecuencias.

Aquella noche, en tan solo unos segundos se produjeron dos explosiones consecutivas. La segunda dejó al descubierto las entrañas de un reactor nuclear destruido y devorado por un incendio y esparció el combustible nuclear y el grafito por todo el entorno de la central. Decenas de personas murieron y 350.000 tuvieron que ser evacuadas. La contaminación que causó la nube tóxica dejó inutilizados 200.000 kilómetros cuadrados de terreno. Causó miles de casos de cáncer y se extendió por Europa.

Por la situación geográfica de Chernobyl, la propagación de esa nube radioactiva afectó principalmente a un país que nada tuvo que ver con este accidente pero que por cercanía se convirtió desde entonces en uno de los grandes damnificados. La población de Bielorrusia padece desde hace años enfermedades que se han asociado al desastre nuclear. Desde que nacen, conviven con todo lo que queda de esas sustancias tan dañinas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada mes que estos ciudadanos están fuera del ambiente radioactivo les garantiza un año más de vida.

Y es en esta misión en la que entra la hermandad decana de Cádiz. La cofradía de la Vera-Cruz que desde hace ya dieciocho años lleva a cabo cada verano su programa de acogida a niños bielorrusos, una iniciativa que como indica el hermano mayor Emilio Bienvenido, «es un programa de vida porque un chaval que venga desde los once años pues le estamos dando 17 o 18 años más».

El objetivo es que durante este periodo los niños ganen salud y vida. En estos dos meses los pequeños cambian, toman fuerzas y vuelven saneados. Normalmente vienen los mismos menores y a su vez van con las familias que ya conocen y que esperan con emoción cada año este reencuentro. «Este año se da la particularidad de que viene la hija de una chica que estuvo aquí en el primer programa. La verdad es que para nosotros es una alegría poder ayudar y llevar a cabo este plan cada año y estamos muy agradecidos por contar con el respaldo y apoyo de las familias», comenta Bienvenido.

Vera-Cruz se encarga de toda la organización y realiza los trámites para poder traer a los pequeños. La hermandad de la Salud de Rota le ayuda con un niño. A los menores se les realiza un examen médico y si hay algún problema se prepara un informe para que luego puedan seguir su evolución cuando están de vuelta en casa. Pero además, la cosporación de San Francisco prepara siempre actividades para ellos. «Al menos una vez a la semana reunimos a todo el grupo. Para tener un rato de convivencia entre ellos y también estar con los padres», comenta Emilio Bienvenido. E incluso la hermandad organiza actos a beneficio de estos niños como será la gala de carnaval del próximo sábado en Santa Catalina.

Lejos de Chernobyl, fuera del área de radioactividad que afecta aún hoy día a los seres vivos que están cerca del área de influencia, este martes comienza de nuevo el programa de Vera-Cruz que para estos niños y jóvenes es como una aventura, una experiencia que les une a Cádiz para siempre y que les da vida.