Un importante operativo se desplegó por la barriada portuense. - LA VOZ
SUCESOS

Admiten que traficaban con cocaína en Los Milagros para ver reducida sus condenas

Tres años y medio y dos de prisión para una pareja que vendía cocaína en un piso de esta conflictiva barriada portuense

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En el verano de 2016 un importante operativo policial tomaba la barriada de Los Milagros de El Puerto. Apoyados por agentes de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y los GOES, investigadores del grupo de Estupefacientes entraban en varios domicilios tras haber recabado una sólida información sobre que desde al menos uno de estos pisos se estaba traficando con droga, concretamente cocaína. De nuevo se ponía el ojo en una de los barrios más conflictivos de la Bahía de Cádiz donde el trapicheo y la delincuencia crean una gran sensación de inseguridad entre los vecinos de la zona. En dicha operación se detuvo a tres personas y además durante esa investigación saltó otro caso de tráfico de estupefacientes, esta vez en Chiclana, por el que también se arrestaron a otras dos personas.

Los investigados estuvieron en prisión provisional por estos hechos y recientemente acudían a la Audiencia Provincial de Cádiz a rendir cuentas ante el tribunal. Los procesados, la pareja formada por J.B. y R. G., evitaron la celebración del juicio llegando a un acuerdo de conformidad con el fiscal por el que aceptaban los hechos de los que se le acusan. Así J.B. ha sido condenado a tres años de prisión por un delito contra la salud pública y seis meses por tenencia ilícita de armas, además de una multa de 100.000 euros. En un principio se pedía para él la condena de siete años. A su pareja R.G., se le han impuesto dos años de prisión (se pedía cinco). Se ha considerado que no está acreditado que tuviera disponibilidad de la droga, asumiendo toda la responsabilidad su marido. Se le cree por tanto cómplice al ejercer solo funciones subordinadas, por ello su pena es menor.

Según relataba el Ministerio Público en su escrito de acusación, fruto de las investigaciones policiales desarrolladas por el Grupo de Estupefacientes del Cuerpo Nacional de Policía se averiguó que los acusados, una pareja que residía en la citada barriada, puestos de común acuerdo y con ánimo de distribuir sustancias tóxicas entre la población a cambio de un beneficio económico, se dedicaban a vender de manera frecuente la droga a los distintos compradores que se acercaban a su piso ubicado en la calle Nuestra Señora de Regla. Como pudieron constatar, numerosos toxicómanos se acercaban a este punto de venta a por sus dosis a diario y además, durante las vigilancias, los agentes le intervinieron una importante cantidad de dinero en billetes fraccionados al sospechoso que al parecer guardaba en su coche.

Ante tales evidencias, continuaron con los seguimientos e interceptaron MDMA y cocaína a dos compradores justo cuando salían del piso investigado.

Tras realizar otras gestiones policiales se solicitó al juzgado la entrada y registro de los supuestos puntos de venta. En junio de 2016 se desplegó el operativo y en el piso de la calle Virgen de Regla se encontró dos bolsas de plástico con 3,8 y 79 gramos de cocaína respectivamente, dos balanzas de precisión así como una caja fuerte con 320 billetes de 50 euros cada uno que ascendían a un total de 16.000 euros. Además se localizaron un revólver, una pistola y 193 cartuchos metálicos aptos para ser empleados en estas armas.

Tenían un 'asalariado'

Pero la investigación también apuntaba a otro domicilio vecino donde vivía el otro procesado en esta causa. A. D., quien había sido contratado por la pareja para custodiar el piso. Este procesado ha sido condenado a dos años de prisión ya que se le ha aplicado la atenuante de alteración mental. En un principio se pedían para él tres años y medio.

En el transcurso de esta investigación se tuvo constancia de otra pareja que también se dedicaba al tráfico de drogas en un piso de Chiclana y a veces en la misma calle. En el registro que se efectuó, los agentes encontraron varios móviles con los que establecían los contactos con sus clientes, útiles de pesaje y distribución y polvo en roca escondido en el horno de la cocina. El acusado ha sido condenado a dos años de prisión y, la mujer, a cuatro años y medio con el agravante de reincidencia.