La Línea

De patrulla con la Unidad de Respuesta Inmediata (URI)

La línea Patrullamos con la Unidad de Respuesta Inmediata (URI), integrada por un oficial y nueve policías. Víctor Sánchez era su jefe

CádizActualizado:

Esta unidad se dedica fundamentalmente a realizar controles de documentación, alcoholemia y droga con Drogotest, un aparato de alta precisión adquirido hace aproximadamente un año. De las innumerables pruebas realizadas en este tiempo sólo 16 dieron negativo. Hachís y cocaína son las sustancias detectadas principalmente en estas pruebas, aunque también psicotrópicos. «Hay de todo», nos cuentan. La multa es de 1.000 euros y seis puntos menos del permiso de conducir.

Acudimos a un control en el paseo marítimo de Levante. Es increíble comprobar la efectividad del mismo en apenas media hora. Se interviene hachís –pequeñas cantidades- a varios conductores y ocupantes, una especie de arma de hierro, conductores sin la documentación obligatoria e incluso dos personas en situación irregular en nuestro país, un adulto y un menor de origen magrebí que se había fugado de un centro de menores que fueron detenidos y trasladados a la comisaría de la Policía Nacional. El conductor del vehículo en que viajaban tampoco tenía la documentación en regla.

También intervienen un teléfono móvil sin contrato de los que utilizan las redes del contrabando de tabaco. «Esto es continuo. Los utilizan para comunicarse entre ellos. Tenemos una caja llena en la jefatura», asegura un agente.

El jefe de la URI nos explica que dos días antes detuvieron al conductor de un ciclomotor que circulaba con cajas de tabaco a toda velocidad por la calle Real de La Línea a las doce y media de la madrugada. Se trata de la principal calle de la ciudad y es peatonal. Suele estar muy concurrida a esa hora en verano. La pericia de los agentes permitió detener a uno de los dos motoristas en lo que denominaron ‘Operación Fitipaldi’.

«Esto es continuo, circulan de cualquier manera y se meten por calles por las que saben que no podemos entrar con el coche, pero lo cogimos», señala un policía.

El perfil de los ocupantes de los vehículos cambia enseguida. «Ya han avisado de que estamos aquí», nos cuentan los agentes. Nos encontramos junto al barrio de San Bernardo, una zona golpeada por el narcotráfico y el contrabando de tabaco.

Entre los servicios más complicados, todos coinciden que los episodios de violencia de género: «Estas situaciones son muy delicadas y duras, y a veces, la víctima no quiere denunciar».

La URI realiza también batidas por las zonas más conflictivas de la ciudad para dejarse ver. La sensación de seguridad es importante.

Una vez finalizado el control nos dirigimos a la barriada de viviendas sociales de Mirasierra, conocida popularmente como Las Palomeras. La URI acude al completo y con varios vehículos.

El panorama es desolador. Se trata de una de las zonas más degradadas y marginales de La Línea, igual que las que existen en otras muchas ciudades. Hay muchos adultos y niños en la calle. Al deterioro de los inmuebles se une la suciedad existente. Todo parece estar tranquilo y en orden.

Recorremos parte de Los Junquillos, otra «zona complicadas», donde se le interviene un teléfono a un joven de los usados por el contrabando. «Es el segundo que me quitáis ya», espeta a los agentes. Estos teléfonos, sin ningún tipo de contrato, no son legales, aunque estas organizaciones los adquieren sin problema.

Son viviendas sociales que algunos han convertido en auténticas y ostentosas mansiones ocupando suelo público. «Esto está denunciado en Disciplina Urbanística pero los trámites llevan su tiempo», nos aseguran en la URI.

En ambas zonas llama la atención la cantidad de piscinas portátiles instaladas en plena calle, muchas incluso con depuradoras. Es algo que también vemos en las casas de la calle Sevilla, otro lugar problemático.

La jornada está siendo tranquila, pero nunca se sabe: «Este trabajo es así. No sabemos lo que va a deparar el turno y si volveremos a casa», comenta uno de los agentes de esta unidad.