Cádiz

De Podemos a «entendemos»

La segunda asamblea postelectoral, sin Kichi, pasa de la euforia al pragmatismo con unas formas impecables pero con la desconfianza hacia el PSOE intacta

j. landi
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El tiempo entre el 24 de mayo y el Pleno de renovación de los ayuntamientos se hace tan largo, transcurre tan machacón, que entre la primera y la segunda asamblea de Por Cádiz sí se puede parecen haber pasado siglos. Del entusiasmo eufórico al pragmatismo. De la alegría idealista al debate sobre el método aplicado. En 15 días, la versión gaditana de Podemos parece haber madurado (envejecido, según cada cual) 15 años.

La segunda asamblea postelectoral tras su asombroso resultado (de cero a 18.000 votos, ocho concejales) merece subir a internet como tutorial para que ejerza como ejemplo de cualquier debate colectivo. En el país de los gritones y acaparadores de la palabra, el encuentro -menos público, sin cánticos, gestos mitineros, líderes mesiánicos ni vítores- fue un arquetipo de agilidad, respeto, orden y transparencia que ojalá se trasladase a debates en cualquier ámbito (vecinal, educativo, laboral...). Resultó ser la destilación de aquella contagiosa esperanza del 15M pero ya sin inocencia. Le hemos visto la cara a la realidad y tiene los colmillos muy largos, parecía ser el invisible lema del segundo encuentro.

La principal conclusión política de esta segunda cita –sin Kichi y en la víspera del crucial encuentro con los socialistas– es que Podemos, en Cádiz, ya sabe lo que le espera. Ya intuye la magnitud del reto. Aún desconfía, y mucho, del PSOE, pero asume y acata que es su única opción de aplicar su programa. La única alternativa a ese pacto envenenado es esperar en la oposición. «No tenemos ninguna garantía de que no nos vayan a quitar la mano, para que caigamos de boca, después de dárnosla para llegar a la Alcaldía», admitió uno de los cargos intervinientes, todos con sorprendente concisión.

«Lo único que podremos hacer es que el PSOE se retrate en cada votación. Si esa situación de falta de apoyo se da, ojalá que no, solo podremos exigirle que explique a la ciudadanía por qué no apoyan nuestra medida. No vamos a gobernar con el PSOE, vamos a pedirle que se retrate si nos apoyan para gobernar. Pero vamos a dejarle en el purgatorio. No tenemos garantía administrativa ni política de que serán leales si apoyan la investidura de un alcalde de Por Cádiz. Son los que firmaron un documento con el compromiso de recolocación de los trabajadores de Delphi. Mirad lo que pasó ¿Qué garantía vamos a tener?».

Las críticas a «la vieja política, al régimen del 78» abrieron el encuentro y se ampliaron a Ciudadanos («han demostrado ser una pata más para apuntalar el bipartidismo») y a las negociaciones para formar gobierno en la Junta («la vieja política de despachos con Cádiz o Jerez como moneda de cambio»).

Pedro Castilla, activista social de gran prestigio y trayectoria, tomó la palabra para resumir otro mensaje básico: «Si tenemos que ceder en los ideales y en los proyectos por tal de pordiosear un voto, mejor no aceptar el abrazo del oso. La Alcaldía no es un fin, es un medio para hacer cosas. Mucho cuidado con ceder», defendió para recordar que la alternativa, legítima, a la falta de apoyo del PSOE sería esperar antes que renunciar al programa.

Pero al margen de la notable mejoría en las formas –que tanto se le afean a Podemos– persisten las dudas sobre el fondo. María Romay, concejal electa encargada de abrir la asamblea, usó mucho la muletilla «entendemos que...» para iniciar sus frases. De Podemos a «entendemos», mostró sin pretenderlo.

La nueva edil admitió que Por Cádiz no tiene estructura para manejar un gobierno municipal. «Los activistas y voluntarios no podrán hacer nada solos. Tenemos que hacer todos los equipos de trabajo nuevos, desde cero».

A tal punto llegó la confesión de debilidad que hizo público un correo electrónico para que profesionales de cualquier área (de economistas a periodistas, de ingenieros a abogados) envíen sus currículos. Tienen hasta el martes para mandarlos, «caso de que formemos gobierno local». La selección, a cargo de personas que fueron definidas, comenzaría el jueves. Eso sí, el número de asesores bajará a la mitad, no cobrarán «la barbaridad que perciben ahora algunos». Se conformarán con el doble del salario mínimo interprofesional y su labor tendrá una duración limitada a cuatro años.