Un grupo de marineros en la cubierta del 'Guadalete' antes de llevar a cabo su última travesía. :: LA VOZ
CÁDIZ

Contra las olas del mar del olvido

Hace ya 59 años que el navío de la Armada se hundió en aguas del Estrecho y se llevó la vida de 34 marinos; José Vega quiere rescatar su memoria Un superviviente intenta recuperar la historia del 'Guadalete' y su tripulación

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Lo ha vivido tantas veces, tantas como ocasiones en que lo ha contado. La forma en que describe ese episodio de su vida, las palabras y entonación que utiliza, hasta los silencios, lo llevan de nuevo a enfrentarse con la tragedia. Aquella de la que pudo escapar, pero que echó anclas en su vida para estar siempre presente.

El pasado 25 de marzo se cumplieron 59 años desde que el dragaminas 'Guadalete' desapareciera en aguas del Estrecho llevándose a las profundidades 34 vidas. Para José Vega parece que ocurrió ayer, cuando apenas tenía 17 años. Hoy roza los 80. «Nadie pensaba que se iba a salvar. Todos llorábamos a la espera de que ocurriera lo peor, de que llegara la hora mientras nos acordábamos de nuestros familiares».

El 'Guadalete' era un buque de la Armada con base en Ceuta en el que José Vega realizó parte de su instrucción dentro de la mili. Llevaba ya varios meses embarcado en este dragaminas hasta que partió un 24 de marzo de 1954 para cumplir una de sus misiones. Su última travesía que comenzó con un fuerte viento de levante. El temporal que se levantaba no fue suficiente para que el barco volviera a su base, el comandante al mando decidió buscar rutas más cómodas en un intento por evitar los envites de las olas. Tras varias horas zigzagueando, comprobaron que era imposible limpiar los ceniceros de las calderas (algo imprescindible) debido a que el agua entraba por las frisas de las puertas exteriores. Es entonces cuando se decidió regresar.

A José Vega lo mandan a las calderas para conseguir suficiente potencia para virar al barco. «Era un carbón muy malo y resultaba casi imposible lograr vapor. Por ello empezamos a buscar sillas y mesas para tirar y lograr más presión». El barco se dio al fin la vuelta pero la fuerza del mar era mayor que la propulsión de las hélices con unas calderas agotadas. Finalmente se perdió el control del navío. Mandaron varios SOS y recibieron dos negativas de ayuda; lo que hundió aún más la moral. El agua comenzaba a entrar en los compartimentos y de la cubierta desaparecían marineros con cada envite. Poco a poco el buque se recostaba y la batalla estaba ya más que perdida.

«No me lo pensé dos veces y nada más oír al comandante gritar sálvese quién pueda, cogí uno de los salvavidas de rosco y me lancé al mar. Desde allí pude ver cómo el mar se iba tragando el barco, mientras jugaba con las balsas que se habían lanzado. Ya no había ninguna esperanza». O eso pensaba José Vega que se agarró junto a sus compañeros a la única balsa que había conseguido aguantar a las olas. Una hora después el buque mercante italiano 'Podestá' se cruzó por su lado y al comprobar la situación comenzó un rescate complicado. Los supervivientes apenas contaban con fuerzas para trepar hasta la cubierta de este navío. «No podíamos subir, muchos se cayeron. Yo no sé ni como lo hice, porque no me quedaban fuerzas. Ni siquiera recuerdo bien el subir, tan sólo tengo guardada la imagen de que al llegar a cubierta caí desfallecido». De los 78 hombres que componían la dotación del 'Guadalete' tan sólo 44 pudieron salvar la vida. El capitán del mercante puso rumbo a la Bahía de Algeciras, donde transbordó a los supervivientes a un buque español. Ironías del destino muchos de ellos fueron de nuevo embarcados, en el caso de José Vega en el 'Eume', cubriendo la misma ruta por la que se hundió el 'Guadalete'.

Ahora desde Algeciras, José Vega contempla el mar, del que nunca se ha alejado. «Con excepción de una placa en el cementerio de la Marina en San Fernando y cuatro cosas en el museo de la misma ciudad, nadie se ha acordado de nosotros. Sólo quiero honrar la memoria de mis compañeros». El año que viene se cumplirán 60 años. Un buena excusa para recuperar la memoria.