Los generales John Allen y David Petraeus charlan con Leon Panetta en julio de 2011. :: AFP
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¿Qué pasa en el Ejército de EE UU?

El Pentágono ordena abrir una investigación ante la crisis moral que sufre la cúpula militar

NUEVA YORK.Actualizado:

Antes de que se conociese la relación extramarital del general David Petraeus, héroe de la guerra de Irak, con la joven también casada a la que convirtió en su biógrafa, o del general John Allen, que le sucedió en Afganistán y ha sido nominado para secretario general de la OTAN, el secretario de Defensa Leon Panetta ya estaba preocupado por la crisis moral que se palpa en la cúpula militar. Ayer, desde Tailandia, ordenó que se investigue «por qué tantos generales y almirantes se han implicado en problemas éticos y legales», dijo a los periodistas que le acompañan.

Petraeus y Allen pueden ser los casos más sonados por la importancia de los cargos adquiridos, pero su conducta no es ni mucho menos la más escandalosa. El día antes de que el FBI informase al Gobierno de la investigación sobre Petraeus comenzó en Fort Bragg (Carolina del Norte) las vistas orales contra el general Jeffrey Sinclair, comandante adjunto de la 82 División Aerotransportada y de toda la logística de las tropas en el comando regional sur de Kandahar. El general que puede formar parte de los militares de más rango de la historia a los que se les ha abierto un juicio de guerra está acusado de numerosos cargos, que van desde adulterio y violación a sodomía. Según el testimonio que dio a su superior una de las seis mujeres que le acusan, Sinclair ordenó que fueran transferidas bajo su mando, las convirtió en amantes y luego las amenazó con matarlas si se atrevían a dejarle, forzándolas a tener sexo oral y anal.

Ese comportamiento entre los generales de tres y cuatro estrellas ayuda a entender lo que ocurrió en la base aérea de Lanckland en San Antonio (Texas), donde 48 mujeres han denunciado a 23 entrenadores militares por abusos sexuales que van desde tocamientos indebidos a violación. Al menos 13 de ellas fueron violadas, en seis de los casos fue a manos del mismo instructor. Otros 26 tuvieron relaciones inapropiadas con nueve de las cadetes, según un informe hecho público el miércoles. Por ahora solo cinco se enfrentarán a un consejo de guerra, y eso es tras la presión de legisladores y ONG.

La respuesta del Pentágono ha sido convertir a las mujeres en dobles víctimas, implementando la llamada 'Regla de Wingman', que las obliga a ir siempre acompañadas de al menos otra compañera. «¿Puedes imaginarte lo que supondría en la sociedad civil si los líderes ordenaran a las mujeres que siempre vayan acompañadas para que nadie las viole?», trasladó Nancy Parrish, presidenta de Proteger a Nuestros Defensores.

19.000 violaciones al año

Incluso los informes independientes se quedan cortos de una solución real. El que ha presentado la General Mayor Margaret Woodward, a cargo de la Seguridad en las Fuerzas Aéreas, denuncia que algunos instructores eran «demasiado inmaduros e inexpertos para ejercer eficazmente su autoridad y poder sobre las cadetes que entrenaban». Algo que no parece ser el caso de Petraeus, de 60 años, ni de Allen (59), ni de Sinclair (50).

Las mujeres representan el 13,6% de las Fuerzas Armadas en activo, siendo este porcentaje mucho más bajo en el cuerpo de marines. El año pasado 3.192 presentaron denuncias de abusos sexuales, aunque la cultura de castigar a la víctima hace que cunda el sufrimiento silencioso del que se aprovechan los violadores. Según una encuesta anónima que hizo en 2010 el propio Departamento de Defensa, el verdadero número de violaciones anuales es al menos seis veces mayor; 19.000 al año. Otros estudios, como el de American Journal of Industrial Medicine, van más lejos: una de cada tres mujeres que ingresa en las Fuerzas Armadas de EE UU sufre acoso sexual o violación.

El informe de Woodward se pronuncia en contra de separar los entrenamientos de hombres y mujeres, como proponen algunos, y recomienda que se incremente el número de instructores femeninas hasta el 25%. Actualmente en la base de Lackland es de solo el 11%. El Pentágono asegura «enfáticamente» que la orden de Panetta para investigar esta crisis moral entre la cúpula militar no es para purgar otros nombres que puedan estar implicados en la saga de Petraeus porque ni siquiera se limita a temas sexuales.