La barra y las vitrinas proceden de un estanco que había en la calle Ancha y que ahora se han adaptado a su uso hostelero. :: VÍCTOR LÓPEZ
CÁDIZ

Un café con la historia

El local, con decoración romántica y neobarroca, volverá a la vida para ser uno de los escasos ejemplos de este tipo de establecimientos que se conservan en Europa El Royalty abrirá sus puertas en el plazo máximo de un mes

JESÚS A. CAÑAS
CÁDIZ.Actualizado:

Seguro que el café sabe distinto. La idea es que ya de por sí sea bueno, el mejor, pero algo tendrá que ver que la máquina que la elabore sea la misma que ya los realizaba en los años veinte. O que se sirva en una taza de porcelana inglesa de principios del siglo XX, sobre una mesa de caoba de estilo napoleónico. En este caso, hasta las paredes y los techos tendrán algo que decir. A fuerza de exclusivo y único, tomarse un café en un salón rodeado de espejos, yeserías neobarrocas y frescos de impresión en los techos, dejará a más de uno boquiabierto y con ganas de volver. O al menos así lo espera Kiko de la Serna, un empresario dividido entre su interés por el arte y el patrimonio y el propio negocio que está a punto de abrir: el Café Royalty, el último testigo del esplendor comercial gaditano. Un sitio especial y único, en la línea de los clásicos cafés vieneses, todo «un museo vivo» que abrirá sus puertas un siglo después de que abriera por primera vez.

Falta poco para que los pomos de bronce (de cinco quilos cada uno y procedentes de un hotel de Inglaterra) abran unas puertas de caoba y cristal dibujado al ácido de principios del siglo XX, para que el suelo de la misma época reciba a los primeros visitantes. «De una semana a un mes», ese es el tiempo aproximado para cerrar los últimos flecos y que la esquina de Candelaria con Obispo Urquinaona recupere su vida más señorial. De la Serna ya no quiere dar una fecha concreta, después de un año de intensa y cuidadosa restauración. Son muchos detalles para rozar la perfección en la recreación histórica.

Cada uno de los elementos que decoran el café son o de la misma fecha que estuvo abierto o una recreación fiel y exacta de las artes decorativas de la época romántica. Neobarroco, Art Noveau o Modernismo se dan cita en un local cargado de historia de Cádiz. Sin ir más lejos, la barra y las vitrinas proceden de un estanco antiguo de la calle Ancha y los lienzos de los techos (para suplir a los que no se han conservado), de un palacio de Sanlúcar o recreados por un artista local. El mobiliario, tapizado en terciopelo y con maderas nobles de caoba, también se adapta al estilo del café. Cada una de las lámparas del local, los rótulos exteriores, las losas de mármol o hidráulicas, los cuadros o incluso los indicadores de los servicios, son de la misma época. Lo que se ha tenido que hacer, se ha hecho siguiendo las pautas de la época, como los marmorizados de paredes, siguiendo los existentes (sacados al bisturí) o el estuco romano rojizo de la fachada.

El servicio irá también en consonancia con el espacio. El empresario De la Serna junto a su socio Carlos Bueno ya han seleccionado a los 15 gaditanos que formarán la plantilla del establecimiento. El café abrirá de 10 de la mañana a la medianoche y ofrecerá dulces de un obrador artesano, helados artesanos y una carta selecta de platos que «lo distingan del resto». Todo ello, «a un precio asequible», como asegura De la Serna. Cuando está abierto, se sumará a una selecta lista de cafés de este estilo conservados en España y Europa. «En Andalucía no hay ni uno así que se conserve y en Europa no habrá más de diez», reconoce el empresario que se confiesa un enamorado de Cádiz. «La ciudad tiene mucho que decir, podría ser una Venecia o Salzburgo si explotara su enorme potencial». El mismo que De la Serna supo ver en unos estucos ennegrecidos hace más de dos años y que a punto estuvo de desaparecer. Suerte que no lo hizo y que encontrara un mecenas a la altura del esplendor comercial gaditano. Para hacerse una idea de lo que era ese Cádiz, encontrará más señas en la plaza Candelaria Y por el precio de un café que seguro que le sabe bien distinto.