Un festival de gratas sensaciones

La decimosexta edición ha dejado muy alto el listón de la calidad artística a pesar de los recortes

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Un año más el Festival de Jerez se ha despedido dejando un sinfín de imágenes y sonidos incrustada en las memorias de los miles de espectadores que han pasado por sus tres escenarios. Augurábamos hace poco más de dos semanas que, pese al evidente recorte en programación, el cartel que se presentaba daba garantías de funcionar como así ha sido. La apuesta de la organización se ha vertebrado en eliminar uno de los escenarios del pasado año, la Sala Paúl, y una reducción drástica en el número de espectáculos en Compañía y Villavicencio. Todo en favor de conservar una programación de primer nivel en el escenario principal del festival. De nuevo la asistencia masiva de cursillistas ha sustentado el número de asistentes a las puestas en escena.

Los grandes nombres del baile dejaron marca en Villamarta y Compañía. Los hermanos Galván, con dos propuestas casi antagónicas, dejaron el pabellón altísimo. Algo previsible con ‘Pastora’ ya que el espectáculo venía rodado y cargado de unas críticas muy positivas. ‘La Curva’ de Israel era, sin embargo, toda una incógnita y el sevillano se reivindicó como el nombre más importante de la actual vanguardia flamenca. Con la misma etiqueta podríamos catalogar a Rocío Molina a pesar de que para algunos su espectáculo no estuviese a la altura de su baile.

El esperado estreno de ‘Metáfora’, con la dirección de Rubén Olmo, tampoco defraudó y evidenció que la apuesta por el coreógrafo sevillano para dirigir el Ballet Flamenco de Andalucía ha sido un absoluto acierto. María Pagés presentó un espectáculo de una belleza sobrecogedora a pesar de dejarnos con la sensación de algunos altibajos en su baile. Exactamente lo opuesto que le sucedía a Joaquín Grilo, pletórico en lo dancístico pero sumido en todo un mar de problemas escénicos.

Los nombres de Manuel Liñán y de Pilar Ogalla también merecen quedar marcados en positivo. El granadino apostó y ganó con su primera propuesta al mando de su propia compañía. Pilar por su parte brilló enorme en ‘El aire que me lleva’ dejando por primera vez en un segundo aunque notable plano a Andrés Peña.

En la Sala Compañía Mercedes Ruiz y, sobre todo, La Moneta se reivindicaron como bailaoras de primerísimo nivel. Ambas se encuentran en primera línea para volver a las tablas de Villamarta en un futuro próximo. Carrete encandiló tanto con su baile como con sus ‘Vivencias’ y pasa a la historia del festival por derecho propio. Sería injusto no nombrar a algunos ‘tapados’ que han descollado a pesar de su aparente segundo plano. Patricia Guerrero en ‘Metáfora’, Juan Parra en ‘Viva Jerez’ y Javier Pérez en ‘La mar de flamenco’ dejaron gratísimas sensaciones.

Grandes sesiones de cante

El cante tuvo dos grandes citas en el Teatro Villamarta. Por una parte la siempre excelente Carmen Linares y sobre todo ese ‘V.O.R.S.’ que deja una estampa imborrable en la historia del cante jerezano. Capullo de Jerez, Manuel Moneo, Fernando de la Morena, Juan Moneo ‘El Torta’, Manuel Agujetas y Luis ‘El Zambo’. El gran triunfador sin embargo ha sido un ‘secundario’. La confirmación, por si existía alguna duda, de que Jesús Méndez abandera el cante de Jerez llegó en ‘Viva Jerez,’ con unas monumentales malagueñas y un no menos formidable fandango del Gloria. Villavicencio dejó cuatro buenas tardes de cante, con las que el ‘pa´lante’ parece estar asegurado para el futuro.

A las seis cuerdas ha sido la sonanta de Manuel Valencia la gran triunfadora, primero, junto a Agujeta y unos días después junto a Gerardo Núñez. Precisamente, Gerardo protagonizó el único recital de guitarra en Villamarta y si bien no se le puede reprochar nada, no es menos cierto que nos dejó con ganas de más.

David Carmona también se reveló como una de las estrellas del firmamento guitarristico. Su suite en ‘Metáfora’, del Ballet Flamenco de Andalucía, desató las similitudes con el trabajo del maestro Manolo Sanlúcar, precisamente el mentor de Carmona. El guitarrista granadino, con 27 años, está llamado a recoger el testigo del sanluqueño y es de justicia valorar la actitud de superación que está teniendo frente a la presión de las inevitables comparaciones. Los nombres de Antonio Rey, Luis Mariano y Rubén Lebaniegos también merecen ser recordados.

Antonio Rey gustó en un enorme recital en Villavicencio. Luis Mariano estuvo soberbio acompañando tanto a Fuensanta La Moneta como a Manuel Liñán. Y Lebaniegos complementó de colores musicales los cromatismos escénicos de la ‘Utopía’ de María Pagés.

El festival ha estado un año más repleto de propuestas novedosas en lo musical. Desde Brasil tuvimos a Fred Martins tocando el cavaquinho y a Sergio Menem al chelo. Bigin Canaz trajo neyzen y báglama desde Turquía. Tuvimos saxos, pianos, armónicas, trompeta, la voz carnavalera de Jesús Bienvenido y la voz jazz de Esther Weekes en ‘El Aire que me lleva’, de Andrés Peña y Pilar Ogalla. También disfrutamos del piano contemporáneo de Sylvie Coruvoisier con Israel Galván y de toda la Orquesta de Córdoba amparando la danza del Ballet Flamenco de Andalucía.

En definitiva, hemos vivido quince días en los que la organización de este XVI Festival de Jerez ha sacado oro de una situación económica realmente difícil. No encontramos ningún espectáculo decepcionante o que careciese de nivel. El seguimiento por parte del público ha sido muy alto y en pocos espectáculos hemos visto las salas desangeladas. La ciudad, sin embargo, sí que ha notado los efectos de la crisis. Parece que el ‘Off’ ha perdido en número, algo que ha afectado a posteriori a los tradicionales locales de reunión nocturna. La ocupación hotelera ha descendido a favor del alquiler de habitaciones en casas particulares. Y según los docentes, el nivel del alumnado es menor al de otros años, a pesar de que el número ha sido ligeramente superior al de 2011.

Esperemos que el año que queda por delante se haga corto. Algunos ya estamos extrañando el Festival de Jerez.