Ferrán Blasi.
EL PERFIL

FERRÁN BLASI

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Dónde residen las claves de esa visión positiva que, a pesar sus profundos análisis de la realidad, nos dibuja este sacerdote, escritor y periodista? Si prestamos atención a sus escritos, a sus conversaciones e, incluso, a la expresión de su rostro despierto, llegamos a la conclusión de que, sin caer en ingenuos optimismos, con su cordura, con su sentido común y con su inteligencia, nos transmite unos mensajes esperanzadores y unas fórmulas eficaces para que evitemos el contagio de esas sombras de desolación pesimista con la que otros profesionales oscurecen el horizonte. Si me llama la atención la habilidad con la que evita que nuestra existencia se tiña con colores lúgubres, me sorprende aún más la destreza con la que nos anima para que comprendamos que el periodismo nos debería ayudar a que multipliquemos las ocasiones para aumentar nuestro bienestar.

Sus artículos -densos y claros- nos proporcionan pistas para que vislumbremos esos signos de esperanza que lucen, incluso, en medio de los oscuros paisajes: nos explica cómo hasta las sombras y los nubarrones pueden servirnos para resaltar las luces y para aprovechar mejor los días soleados. Sus análisis profundos, apoyados en principios éticos, jurídicos y teológicos -recordemos que es teólogo moralista- nos trazan diáfanas sendas para comprender cómo el dolor y la miseria del mundo nos pueden ayudar para que -profundizando en ellos y luchando para vencerlos- hagamos crecer el germen vital que late en el fondo de la existencia humana. A mi juicio, uno de los rasgos que mejor definen el contenido y el estilo de su escritura es la destreza con la que evita que la crítica y la autocrítica generen sentimientos de desánimo. Quizás el secreto resida en los principios trascendentes y en los criterios evangélicos que aplica para examinar los datos negativos y, también, para evaluar esos otros positivos que compensan los malos tragos. Me refiero a su explícita convicción de la suprema dignidad del ser humano, de nuestra capacidad para mejorar las situaciones, para aprender de los errores y, sobre todo, en la eficacia de esas convicciones hondas que alientan esperanzas para crecer permanentemente.Estoy convencido de que su invitación para que compartamos el sentido positivo de la vida y para que nos abramos a la posibilidad del amor es una oferta generosa para que descubramos esos vínculos liberadores que son, en última instancia, los hilos que hacen que nuestras vidas no sean escenas sueltas, hojas livianas arrastradas por el furioso viento del tiempo.