Católicos asisten a los oficios religiosos en la catedral de Puerto Príncipe. / Efe
primer aniversario de la tragedia

Ni velas para la vigilia en Haití

Haití conmemora a las víctimas del terremoto sobre las ruinas de la catedral, un año después

ENVIADA ESPECIAL. PUERTO PRÍNCIPEActualizado:

Si Guerda Anier tuviera dinero para comprar velas, hoy peregrinaría con ellas por las montañas de escombros que aún asfixian Puerto Príncipe “para rezarle a los muertos que siguen debajo”. Pero Guerda no puede permitirse el lujo de comprar velas, y si lo hiciera sería para alumbrar su chabola en los Campos de Marte, donde “no encienden las farolas desde que llegamos”, cuenta ofuscada. Por eso las vigilias que algunos esperaban anoche han fracasado en Haití.

El presidente René Préval tiene su oficina al otro lado de la calle, detrás de las ruinas intactas del Palacio Presidencial, pero ni una vez ha cruzado para visitarles. Hoy, sin embargo, estará en primera fila de la misa que se celebrará junto a la Catedral Nacional de Nuestra Señora de la Asunción, cuyos muros desmoronados sepultaron para siempre al arzobispo Joseph Serge Miot ese 12 de enero de hace un año. El primer aniversario del terromoto más devastador que haya sentido el Caribe en 200 años concentra hoy en la capital haitiana a una ristra de personalidades de la política internacional y altos cargos de organismos internacionales, inquietos por demostrar que su compromiso con Haití sigue vivo.

Al frente de ese desfile se encuentra el expresidente Bill Clinton, que como copresidente de la Comisión Interina para la Restauración de Haití rendirá cuentas por la falta de resultados en una conferencia de prensa. La cita será en el hotel más lujoso de la ciudad, el Karibe. Después se sumará al homenaje que hará la ONU a sus 116 muertos, la mayoría fallecidos al desmoronarse su sede en Haití. Se trata del balance mortal más alto que haya registrado la organización en casi siete décadas de historia, cinco veces más que el del atentado a su sede en Bagdad, que forzase su salida de Irak en 2003.

Inmovilismo del gobierno de Préval

En Haití la ONU no tiró la toalla, sino que pese a tener todas las estructuras desbaratadas se puso al frente de la emergencia y ha asistido al millón y medio de personas que perdieron sus casas. Durante semanas su personal siguió trabajando día y noche sin saber siquiera si las suyas seguían en pie, durmiendo en el suelo de los barracones de los cascos azules cerca del aeropuerto.

Al reto organizativo de este primer año se ha sumado el inmovilismo del gobierno de Préval, cuya autorización se requería para aprobar los proyectos y dar luz verde a la reconstrucción. “Hasta para poner una capa de grava en el suelo de los campamentos y evitar que se enfangaran con las lluvias tardé un mes en conseguir el permiso”, se quejó frustrado un coordinador de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) que prefiere no hacer público su nombre.

Hoy, un año después de que muchos de los 300.000 muertos fueran a parar a fosas comunes, el gobierno abrirá por fin un registro que permitirá a las familias inscribir a los ausentes y empezar un cálculo más fiable. Al atardecer, cuando el reloj marque las 4.53, soltarán globos blancos que liberarán los espíritus truncados por el goudou-goudou, como se conoce en Haití al terremoto por el bramido que soltó la tierra a esa hora. Si la comunidad internacional cumple su promesa de aportar 15.000 millones de dólares en diez años se tardarán 20 en reconstruir Haití. Si no, la maldición seguirá cebándose sobre el país más pobre de Occidente, que hoy cierra su annus horribilis.