José, detrás del mostrador del comercio, con uno de los carteles en los que se leía 'ahora vengo'.
EL PERFIL

JOSÉ CRESPO REGUERA

La tienda Crespo, fundada en 1902 por su padre, estaba especializada en cristal y loza y fue, con el paso del tiempo, parte importante de la historia del Cádiz del siglo XX

Actualizado:

El local Casa Crespo, situado en los alrededores del mercado de Cádiz, fue inaugurado en 1902 por el padre del protagonista del artículo. Se dedicaba a todo tipo de menaje de cocina, especializado en cristal y loza. A la muerte del propietario, y al quedarse su madre viuda, se hizo cargo del negocio su hijo José Crespo Reguero, que permaneció en el local hasta junio de 1997, cuando cerró sus puertas. Crespo se jubilaba con setenta y nueve años. Muchísimas generaciones han conocido el mítico negocio. El desorden y la caballerosidad de su propietario, siempre uniformado con el babi que tanto caracterizaban a los montañeses que llegaban a Cádiz a trabajar a principios del siglo XX, fueron algunas señas de identidad. Uno se podía encontrar en el local desde un mono saltando hasta un loro saludándote. Crespo, como le conoce todo el mundo, el próximo mes cumplirá ochenta y nueve años y todavía se le puede ver por los alrededores del mercado desayunando y compartiendo anécdotas de su vida, con esa categoría humana y humor, que le ha caracterizado siempre delante del mostrador, atendiendo a cientos y cientos de clientes. José nació en el pueblo de Roiz en Cantabria, el 26 de julio de 1921, donde se desplazaron sus padres para el nacimiento. Durante la celebración del sacramento bautismal, faltaba el padrino, por lo que lo apadrinó el carpintero que en ese momento se encontraba en la iglesia. Una vez cumplida la cuarentena, se vino a Cádiz con sus padres ya que su abuelo materno ejercía de juez. Durante su infancia estudió en la escuela de La Viña, siguiendo, más tarde, los estudios en la Escuela de Bellas Artes, donde obtuvo el título de maestro industrial. Al morir su padre, se hizo cargo del negocio familiar, ampliándolo con la venta de todo tipo de pájaros. Entre sus numerosas anécdotas cuenta cómo un día se le escapó un mono y tuvo que ir hasta el cine de verano a recuperar al animal. Menos mal que se metió en el cuarto de baño y pudo rescatarlo sin hacer daño alguno.

Él prefirió la fauna, que tenía en el interior del local, a las ofertas millonarias que siempre le hicieron por hacerse con su negocio, situado en una preciada esquina gaditana. Una de las propuestas que le llegó procedía de los almacenes Simago, que en su día quisieron la esquina de su establecimiento.

Era muy normal que llegará el cliente le pidiera un artículo y dentro del gran desorden, Crespo fuera capaz de encontrarlo al instante. Él tenía su propio orden, por lo que nunca quiso que nadie le ayudará en el negocio, al que siempre atendió personalmente.

Cuando tenía que hacer entrega de algún paquete al domicilio del cliente, fuera en Cádiz o en otra localidad, ponía el cartel de 'ahora vengo', que tan famoso se hizo entre sus clientes y que en muchas ocasiones cantaron las coplas del Carnaval.

Crespo contrajo matrimonio en Cádiz, en la parroquia de San Lorenzo, con Ángeles Quirós Romero, casándolo su cuñado el padre Manuel Quirós. En su viaje de boda, que duró tres meses, se fueron a Cantabria, y desde allí en bicicleta y en tren conocieron todos los rincones de la sierra cántabra. Con su mujer, que falleció hace siete años, tuvo cuatro hijos. Todos estudiaron y ninguno siguió los pasos del padre y del abuelo. Su hijo José Ángel es óptico y farmacéutico, Inmaculada se dedica a la enseñanza, Ángeles, enfermera; y Carmen es licenciada en Filología Hispánica. Actualmente su 'esquina' sigue como él la dejó y es raro el día que no va a su 'cueva', como denomina a su comercio. Todavía tiene utensilios, que regala a instituciones y asociaciones benéficas, ya que tiene la ilusión que algún día su hijo, que tiene la óptica al lado, ponga la farmacia. Entre su clientela se encontraba el café Alhambra, el mesón La Cuesta, el café La Marina y multitud de hoteles, negocios y particulares, que se acercaban cada día al local para comprar desde una taza hasta una cuchara, pasando por un guacamayo. Hace un año, un grupo de amigos de Sanlúcar de Barrameda le hizo un pequeño homenaje.

Hoy en día dedica su tiempo a darle una vuelta al local, a pasear por los alrededores del mercado, donde no da un paso sin saludar a nadie. Otra de sus ocupaciones es ir, a última hora de la tarde, a la cafetería de unos amigos, donde lee los diferentes periódicos del día. Recorta todas las esquelas de San Fernando para un amigo de La Isla, que es sacerdote en Algeciras, y se las manda por correo. También a un joven amigo de Sanlúcar que fuma, le envía todas las noticias en contra del tabaco.

Entre los grupos carnavaleros que ha cantado al local de Crespo se encuentra la chirigota La trastienda de Crespo. El tendero se quedó asombrado al oír que Paco Rosado sabía dónde guardaba la recaudación diaria. Lo hacía en una pecera vacía.

Nunca olvidó sus orígenes cántabros, compartiendo durante una época su actividad profesional con la de corresponsal de un periódico al que informaba los acontecimientos de sus paisanos en Cádiz. Desde un nacimiento a un fallecimiento, pasando por una fiesta de amigos en una azotea.