Una madre sonríe mientras coloca en el carro a su pequeño. :: LA VOZ
LA VOZ DE LA CONCIENCIA

El SAP no desaparece por Navidad

Los progenitores alienados buscan construir un modelo de vida por el que quieren que sus hijos vean el mundo Muchos niños de padres separados sufren el Síndrome de Alienación Parental

RAFAEL LORENTE
JEREZ.Actualizado:

Yo creía que en fechas tan familiares y señaladas como son las de Navidad, Fin de Año y Reyes, en las que suelen haber treguas hasta en la frontera de Gaza con Israel, los progenitores custodios se relajaban, cesando las hostilidades de sus sórdidas y sistemáticas prácticas alienadoras, concediendo un breve descanso a los hijos y, como consecuencia, al otro cónyuge. Pero al parecer, el odio que se profesan es mayor que el que de siglos se tienen israelitas y judíos.

A pesar de tener la custodia compartida y todos los derechos del mundo, los padres separados siguen teniendo problemas no solo para recoger a sus hijos por Navidad, sino hasta para verlos. Las tensiones que provocan estas actuaciones generan situaciones extremadamente delicadas en el seno de la otra familia, que espera ilusionada la llegada de las fiestas para que todos, especialmente los abuelos, puedan disfrutar de sus nietos.

Como todo el mundo sabe, el S.A.P. o Síndrome de Alienación Parental es el conjunto de síntomas que presentan los hijos menores de padres separados que han sido manipulados por el progenitor que ostenta la custodia, que le 'lava el cerebro' para obstaculizar o destruir los vínculos con el otro.

Antes había temor a los jueces y a la ley y se cumplían al pie de la letra los ¿convenios? de separación y el día fijado a la hora exacta, estaba el menor con la maletita en la puerta de su casa, acompañado de un familiar, generalmente, uno de sus abuelos, esperando a que vinieran a recogerlo para pasar los días de vacaciones correspondientes al otro progenitor. En la actualidad, al haberse perdido el respeto a la ley y el temor a la autoridad, son muchos los progenitores que ostentan la custodia que se pasan por el arco del triunfo todo régimen de visitas y demás acuerdos firmados ante el juez. En su obcecación de fastidiar al otro, con esta línea de incumplimientos e impedimentos, ignoran el daño irreparable que provocan al menor alienado.

El progenitor alienado gusta de construir un modelo por el que quiere que su hijo vea el mundo, convirtiéndose en la única ventana permitida para asomarse a él, erigiéndose en la fuente fundamental de información, creencias y valores para el menor.

Educación parcial

Su trastorno les lleva a no admitir que el otro Belén o árbol de Navidad sea más bonito que el suyo o que en el hogar de la otra familia se canten villancicos y haya un ambiente más alegre y navideño, etc. Es por lo que insisten en una serie de actitudes con las que terminan dándole al menor una vida sesgada y una educación parcial en la que el progenitor y la familia ausente no solo no han participado, sino que han sido relegados al ostracismo más cruel y despiadado. Ignoran que, sin sus navidades compartidas y la ausencia del otro, estos niños desarrollan un vacío imposible de llenar con excusas y regalos, los que con los años, la razón los llevará a tomar sus conclusiones y el porqué de aquellos objetivos.

Un menor puede ser alienado sólo con un gesto, no digamos impidiendo que esté con sus primos por Navidad y que pruebe los pestiños y dulces de su otra abuela, etc. Sí, porque los niños son extremadamente sensibles al lenguaje no verbal y, por supuesto, a la comunicación oral, especialmente cuando en su presencia se habla del progenitor ausente, se ironiza sobre la otra familia o se hace una mueca de superioridad o desprecio. Con estos gestos y actitudes se está enviando al hijo un mensaje de aversión haciéndole tomar parte -aunque sea de forma sutil- de los conflictos y deslealtades que tienen entre si los ex cónyuges, que van dejando una triste e indeleble herida en el menor. Los progenitores que tienen la custodia, así como la familia de estos, ignoran la importancia de los tonos, las formas y maneras; en suma, del cuidado que ha de tenerse a la hora de hablar en presencia de estos niños.

A mayor y más continuada sea la purga emocional y sentimental llevada a cabo en la vida del hijo, mayores serán los interrogantes e incógnitas latentes en su memoria, las que más tarde o más temprano tendrán que verse respondidas o despejadas. Nada que ver con aquellos que, debido a la salud mental de sus progenitores, gozan más y mejor de sus vacaciones, ya que tienen dos belenes, dos árboles de Navidad, dos Santa Claus, dobles Reyes, regalos, cariños, besos y abrazos; y lo que es más importante, el enriquecimiento y experiencias aportados por esa otra familia que también les quieren, los que con tan estrechas relaciones y vivencias contribuirán a un desarrollo sicológico más sano y equilibrado de estos menores que sin el S.A.P. recordarán felices sus Navidades.