José Martí fue arrojado al mar. / N. REINA
CÁDIZ

Los distintos retratos escultóricos recuerdan a los personajes más ilustres de Cádiz a pesar de los envites del vandalismo

JESÚS A. CAÑAS
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L a luz del nuevo día inunda cada rincón de la Alameda. El rojizo sol del amanecer crea sombras alargadas sobre el suelo blanco y negro del balcón al mar más gaditano. Entre las ramas de los árboles, comienzan a aparecer los rostros de unos personajes misteriosos que miran a los pocos transeúntes y pescadores que pueblan la balaustrada. Su tacto a bronce frío y su color verdoso hablan de historias pasadas. De méritos y honores que les han llevado a ser inmortalizados en bustos para ser recordados por siempre por su ciudad.

Cantaores, alcaldes, políticos, poetas, pintores o personajes populares pueblan las plazas y parques de Cádiz. A pesar de su procedencia diversa todos tienen un denominador común, estar relacionados con Cádiz. Una ciudad que los colocó donde hoy se encuentran pero que ya no recuerda cuál es el motivo que los llevó hasta allí. Es necesario seguir los pasos de los pies, enfundados en chanclas y calcetines, de los turistas para reparar en la presencia de estos retratos esculpidos. El flash de sus cámaras les devuelve el protagonismo perdido. Con el paso de los años, los bustos se han vuelto invisibles a los ojos de los gaditanos que no suelen reparar en su presencia. Sin embargo, en algunos casos la importancia de estas esculturas no sólo se encuentra en el personaje sino también en su valor artístico.

Arte en la calle

Pasear con el escultor Fernando Salido -conocido del Puente Carranza para dentro como Nando- por las plazas de Cádiz es descubrir los bustos con una mirada diferente. El escultor se detiene en cada pieza, se acerca y busca la firma de su autor. Él sabe del valor y de las técnicas que se utilizan para su realización. «La mayor parte de los bustos no tienen mucho interés artístico, aunque hay algunos que son verdaderas obras de arte». Para Nando la mayor parte de las obras de valor «se encuentran en interiores». Sin embargo, existen excepciones como las del busto de José Moreno de Mora, situado enfrente del antiguo hospital que él financió, hoy convertido en Facultad de Empresariales. Colocado sobre un sencillo pedestal de granito rosa, descansa el busto del benefactor desde 1954. Año en el que la obra de Juan Luis Vassallo fue colocada junto a La Caleta para conmemorar el cincuentenario de la fundación del hospital.

La escultura de Vassallo posee una de las características esenciales para poder ser considerada una obra de valor artístico: «Tener unas orejas proporcionadas». Ese es el método que según Nando permite identificar un buen busto. «Si tiene las orejas grandes como sopletes es que el autor no ha hecho su trabajo muy bien». Sin querer ser demasiado crítico, el escultor demuestra gráficamente su afirmación señalando a la escultura del político Juan Pablo Duarte. «Esta escultura debe de ser de un escultor novel ya que está muy relamida -expresión artística para referirse a las esculturas que están demasiado terminadas-». La escultura del gaditano que se convirtió en padre de la patria dominicana manifiesta cierta desproporción en relación con el resto. «Los bustos deben ser un poco más grandes que la cabeza humana, pero no tanto», explica Nando.

Para él, la mejor escultura de Cádiz es la del pintor Francisco Prieto. «Su rostro tiene una expresión muy cercana a la realidad. Se nota que el escultor lo ha hecho cuando Francisco estaba vivo».

Hacer un busto no es fácil. Esa es la razón por la que Nando haya decidido no aceptar más encargos de ese tipo. Después de realizar el de Paco Alba -realizado en falsa piedra y ubicado en La Caleta- y el de José Martí -situado en la Alameda-, el escultor es consciente de la dificultad de plasmar correctamente los rasgos de la persona. «Lo importante es que se parezca y eso es muy difícil».

Protagonistas populares

No todos los personajes que tienen bustos son personas de gran renombre. Muchas de ellas se han ganado un pedestal gracias a su popularidad o la dedicación abnegada a su profesión. Ese es el caso del doctor Rodríguez Morales. Su atención desinteresada y cariñosa con sus vecinos le hizo ganarse una escultura en la popular Plaza del Mentidero. «Le hicimos un busto en el año 1989 como agradecimiento», explica Paco Gallardo, ex presidente de la Asociación de Vecinos del Mentidero.

En otras ocasiones, no se sabe ni quienes son en realidad. En las murallas de San Carlos existe un busto que se conoce popularmente como el de la Negrita. «Era una mujer cubana pero no tengo constancia de que exista algún dato más sobre la mujer. Supongo que fue muy popular en su momento», explica José Blas, concejal de Hacienda del Ayuntamiento.

Populares o desconocidos, gaditanos o foráneos, todos los bustos han conocido la crueldad del vandalismo. «Mi busto de José Martí fue arrojado al mar el segundo día de su inauguración» explica Nando. Fue descubierto días después por un pescador que vio asomar su bigote en el mar.

El retrato de Prieto también ha probado varias veces el sabor del mar que él tantas veces retrató. «Cada cierto tiempo, aparece arrojado en el agua» cuenta Blas. Desde hace días, otro de los habitantes de la Alameda luce unos tétricos ojos blancos. Sin embargo, todas resisten estoicamente en su lugar para recordar a los gaditanos que los honores no se heredan ni si compran, se ganan.