BERTO ROMERO HUMORISTA LA CITA

«Me gusta ser el sieso que nunca habla en la cena»

El 'sobrino' de Buenafuente pasará con 'Terrat Pack' por la provincia para que el público «se parta el pecho»

| CÁDIZActualizado:

Berto avisa antes incluso de la primera pregunta. Fuera del plató no se siente obligado a ser divertido. Puede ser ingenioso, si toca, como cualquier persona «normalita». Lo contrario significaría forzar el personaje hasta convertirlo en cliché. Aún así no puede evitar el sarcasmo fino, la segunda lectura de casi todo y algún puntazo inesperado de humor absurdo. Cercano y accesible, debe mucho a aquel chaval que se aburría en el pueblo y montó El Cansancio, un grupo de teatro del que lo pescó Buenafuente. Y no piensa traicionarle con arrogancias.

-¿Usted y sus amigos se creen muy graciosos, verdad?

-Esa pregunta parte de un error fundamental. No vuelvas a llamarme de usted.

-¿Tú y tus amigos os creéis muy graciosos, verdad? Así suena más agresivo...

-Mientras me digas esas cosas por teléfono no pasa nada. Ahora, si fueran a la cara... Yo creo que en el fondo no somos tan graciosos. De trabajar en esto uno acaba sufriendo a veces la sensación de que no es nada gracioso. Lo que pasa es que si no nos lo creemos nosotros... Sí, nos lo creemos. Nos creemos muy graciosos. Nos creemos la hostia.

-Y en este espectáculo compiten a ver quién es el más gracioso de la pandilla. ¿Es una especie de duelo de ingenio, o más bien de vanidades?

-Hombre un poquito de eso hay, pero de una forma muy sana. Ten en cuenta que todos nos creemos muy graciosos, y más tarde o más temprano...

-Ustedes tienen un programa de televisión o dos por cabeza, hacen cine, escriben libros y guiones. ¿Cómo se les ocurrió meterse en una gira a nivel nacional?

-Terrat Pack es fruto de la envidia. José Corbacho le dijo a Andreu que cómo era posible que no tuviéramos un espectáculo de monólogos cuando lo tenía todo el mundo, así que Buenafuente se picó y dijo: «Pues ahora vamos a hacerlo». Y así salió la cosa. Una vez puestos en carretera, vemos que es un esfuerzo suplementario bestial, pero para ir fresco lo hacemos en pequeñas dosis. Sólo una vez al mes. Y nos chuta energía, porque la reacción del público en directo, en un teatro, no tiene nada que ver con el plató, nos da mucha vida...

-Un poco de información de utilidad. ¿De qué va el espectáculo?

-Como dice Buenafuente... «Te voy a explicar el espectáculo: primero sale uno, luego el otro, luego el otro y luego el otro...». En realidad es un show de monólogos, con intermedios en los que se interactúa con el público, pero que tiene mucho gancho porque los textos están muy bien ajustados a la pesonalidad de cada uno, no tanto por lo que dicen como por el modo de interpretación que requieren... La verdad es que está funcionando muy bien, la gente se ríe mucho y sale supersatisfecha, que es de lo que se trata.

-En cualquier caso, con esos horarios, no se podrán permitir el lujo de tener novias, hijos, padres, madres, ni perros...

-Elegimos para eso a la gente más generosa y sacrificada. Este oficio requiere mucha dedicación, muchas horas, y la gente que está a tu lado o lo entiende o lo pasa mal. De todas formas, y no es por ponerme demasiado serio, eso de compaginar la vida laboral con la familiar es una de las grandes asignaturas pendientes de este país. En cualquier caso, si hay otros humoristas sufriendo por este hecho, desde aquí hago un llamamiento a que montemos una campaña...

-Además, corren otro riesgo. Si pasan mucho tiempo lejos de la calle, perderán temas, pero también frescura. Corren el riesgo de imitarse los unos a los otros, ¿no?

-Sí, sí. Es algo de lo que hablamos con frecuencia. De todas formas, una vez que sales en la tele y adquieres cierta notoriedad, es difícil salir a la calle como un observador normal. La gente dice: «Mira, Buenafuente, o Berto, y ya no se comporta de una forma natural». Es jodido el tema. La solución pasa por el avance de la cirugía plástica. Que podamos ponernos otra cara durante un tiempo, pasear por ahí, recavar información, anécdotas, chascarrillos y volver luego a ser los de siempre para ponerlos en pie...

-Hablando de personalidad múltiple. ¿Cuándo deja usted de ser Berto para ser Roberto?

-En realidad nunca, porque me llamo Alberto. Pero bienvenido sea Roberto. Ya somos tres. Lo de Berto y Alberto no me cuesta nada. En cuanto se apaga el piloto de la cámara, en cuanto me bajo del escenario. Entonces me doy el lujo de ser un aburrido o un soso, si me apetece. De vez en cuando no viene mal eso de que la gente diga: «Vaya tío más sieso el Berto ese. Y a mí me gusta ser el sieso que nunca habla en la cena».

-¿Le sacó punta a su ingenio para compensar ese físico... extraño?

-Mi vida no era demasiado interesante, la verdad. Bueno, ahora un poco, porque salgo en la tele y eso a la gente le mola. Pero antes, en lo que yo denomino Mi Etapa de Caca y cucharón, me limitaba a estudiar, vaguear con los amigos... Supongo que algo de eso hay. Cuando alguien se dedica a intentar hacer reír a los demás, es porque quiere agradar, y si a lo mejor no puede hacerlo desde un punto estrictamente estético...

-¿Qué obsesión tiene con los monos? ¿Es fruto de un traumático despertar sexual?

-No, no, en absoluto. Porque mi despertar sexual no ha acontecido todavía. Está la cosa... somnolienta. Los monos me han gustado siempre. En realidad, no entiendo como a alguien no le pueden gustar los monos. Durante un tiempo, mis amigos y yo nos avisábamos a través del móvil de cuándo había monos en la tele. Me llegaba un mensaje, por ejemplo, que decía: «Monos en La2». Así yo sólo tenía que poner La2 para ver monos. Era una gran ventaja...

-Su canción Romper el monótono día conyugal por detrás, un canto al sexo anal, se ha convertido en todo un himno de los grupos de presión que abogan por la normalización de la sodomía. Usted pasa mucho tiempo con Buenafuente. ¿Está ahí el origen de su afición a...?

-No, no y no. Tú eres muy cabrón. Esa canción la compuse en un contexto puramente marital y heterosexual. Creí que la televisión ya estaba preparada para este tipo de reivindicaciones y es evidente que me equivoqué. Después de tres programas me largaron a la calle, pero lo que yo me reí...

-A Buenafuente, Jordi Évole, Corbacho y usted, además de la fiebre por la comedia, ¿qué les une?

-Lo que nos une es la voluntad de expresarnos y una constante inquietud por hacer cosas...

-¿Y qué les separa?

-Cada uno de nosotros tiene una personalidad muy marcada, pero nos complementamos muy bien, hemos encontrado un punto de encuentro que hace que la gente diga eso de «Esta es la escuela de Buenafuente», o identifique el rollo Terrat.

-¿Es cierto el rumor que apunta a que sus guiones los escribe un ser extraterrestre llamado Kaenor, un ente de energía pura que pronto dominará el Universo?

-Mira, los guionistas son personas que ya venían mal de casa, y luego van y se juntan con otras personas que también tienen graves deficiencias de fábrica, como es mi caso. Lo que resulta de ahí es maravilloso o enfermizo, según se mire. Pero merece la pena.