CIRCULACIÓN. Se trata de una avenida tranquila y en la que el tráfico no suele ser excesivamente denso a prácticamente ninguna hora del día. / CRISTÓBAL
Jerez

La vía jerezana que recuerda al Nuevo Mundo

Aunque para muchos sigue siendo una zona nueva, la avenida de Sudamérica tiene ya treinta y tres años

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A un lado, el monumento a la Maternidad. Al otro, la glorieta de los Donantes. De un círculo a otro, una avenida a la que le pusieron por nombre Sudamérica. Sin embargo, no es un lugar donde suene el tango ni la ranchera. Pero si paseamos por su anchas aceras podemos observar el bloque Argentina y el bloque México. Costa Rica, Panamá, Bolivia y El Salvador. Los países del cono sur de América están representados en Jerez en la zona de San Joaquín. Los vecinos dicen que más allá está el bloque de Chile, que era donde vivían los militares de la aviación, con destino en La Parra.

Antonio Romero conoce bien el barrio porque lleva más de veinte años en la farmacia que cubre la zona. «Estos bloques fueron los primeros en construirse, hace unos treinta y tres años. Los que están enfrente llevan veinticinco años en pie», comenta.

Se refiere a los bloques de El Salvador, Honduras y Puerto Rico. Los pisos, de los más humildes. Fueron llegando como consecuencia del mal estado en el que se encontraban las casas donde vivían. De la calle Acebuche, de San Telmo o de La Asunción. Y todo ocurrió después de las famosas inundaciones que asolaron Jerez en los años ochenta. Bloques con calidades de primera. San Joaquín y su avenida de Sudamérica. Podríamos definir al barrio como un lugar donde los distintos extractos sociales han convivido. Los más humildes con familias de clase media alta que siempre han vivido en esta zona norte de Jerez.

Antonio Romero prosigue comentándonos que el barrio es fantástico. «Mira, aquí, donde está la farmacia ahora, estaba El Boquete. Ya sabes, el lugar copas donde medio Jerez venía a tomarse algo por la noche y de camino ligar un poco», sonríe. Ahora, la avenida está bastante tranquila cuando llega la noche del sábado. Atrás quedaron aquellas movidas juveniles que en la época de los ochenta se acercaban a San Joaquín porque era la zona de ambiente en Jerez. «Aquello ya pasó, pero es cierto que fueron años duros. Mucha gente rara, muchas motos relinchando, mucha bebida desorbitada Ahora esto no tiene nada que ver con aquello», explica Romero. Al parecer, la avenida también ha pasado la época de juventud.

Alimentación

Al lado de la farmacia está Loli Garrido con su negocio de alimentación. «En realidad es un comercio de alimentación y panadería», subraya. Mientras atiende a las clientas responde preguntas. Las puertas están abiertas casi los trescientos sesenta y cinco días del año. Ofrece prácticamente el mismo servicio de un 902. «Ya ves, sólo cerramos el día de Navidad, el de Año Nuevo y el Viernes Santo. El resto de los días del año, en la brecha», comenta Loli.

Una señora ha pedido un cuarto de jamón cocido. Loli se esmera de cortar muy finas las lonchas porque son para un bocadillo con mantequilla. «Es muy buena persona -comenta la clienta que interviene en la conversación-. Lo malo es que he bajado para comprar un paquete de pipas y ya llevo dos bolsas de mandados», asegura. «No le hagas caso -contesta Loli-. Es que las fresas están muy buenas y es una pena que no las pruebe, ¿verdad?». El caso es que este negocio es de los más antiguos en la avenida de Sudamérica. «Pues, fíjate, treinta años. Llegué con menos de dieciocho años. Casi me he criado aquí», explica.

Comienza el debate y llegamos al capítulo de quejas, pues las vecinas han comenzado a relatar una lista de desperfectos en el barrio aprovechando que la prensa ha entrado en el comercio. Perros que defecan mientras los amos miran para otro lado, acerado con socavones, farolas que no se encienden cuando llega la noche.

Ventas directas

A un lado de la avenida está el Mesón San Joaquín. Está cerrado y con las mesas apiladas en un rincón de la terraza. Más al fondo se encuentra Luis Díaz y su empresa Teledic. Nos recibe con cierta alegría. Parece que está más sólo que la una en tiempos de negocios difíciles. «Nos dedicamos a la venta directa de productos relacionados con el descanso y también libros», comenta. Una cita en un hotel y un grupo de posibles compradores mientras que el vendedor presenta colchones biselásticos, almohadas para problemas con el cuello o libros para un salón. «Bueno, ahora está la cosa más complicada. La gente no quiere hacer gastos extraordinarios, pero hay que seguir en la lucha», comenta. Sesiones de ventas en Cádiz y una ruta cargada de pequeños electrodomésticos y elementos para el descanso. Y todo, procedente de Sudamérica porque el negocio tiene también pinta de almacén.

Sin duda, la zona con más movimiento es donde está el bar del Batato. Hemos tenido la mala suerte de llegar la tarde en la que cierra el bar. El Batato lleva siete años con su establecimiento, aunque antes también estuvo llevándolo El Castaña. Decoración andaluza y un poquito de flamenco que suena en plena Sudamérica. Y más allá El Tropical, que lleva Rafael Girón desde hace veinte años. Suenan unas sevillanas rocieras. «Nada, somos un bar de la tarde. Estamos abiertos a partir de la una del mediodía y hasta la madrugada», comenta Girón. El Tropical también es un clásico de la zona de San Joaquín.

Cuando ya se llega a la zona de la glorieta de La Maternidad, nos encontramos con la parroquia de San Juan de Ávila. Una placa recuerda un 30 de septiembre del año 1997, que fue cuando se inauguró la parroquia. Un agradecimiento al que fuera primer Obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez. Don Rafael, al que se le inmortaliza su memoria por el interés puesto en la edificación de la moderna iglesia. Don Rafael, el Obispo de Jerez. Siempre recordado, aunque no hubiese placas que lo nombrara. Y con el recuerdo del obispo arcense concluye una avenida que, con el paso del tiempo, ha llegado a ser parte importante en nuestra ciudad de Jerez.