biografía

Francisco Germá Alsina

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Francisco Germá Alsina, nació en Tarragona el 16 de febrero de 1887. Llegó a Jerez en 1914. Era ingeniero industrial y licenciado en Ciencias.

Fue uno de los primeros químicos, especialistas en vinos que llegó a la ciudad. Fue director del laboratorio de análisis de Jerez, además de haber ejercido como auxiliar numerario del instituto de segunda enseñanza de Jerez, y catedrático interino de mercancías de la escuela pericial de comercio.

En su faceta como escritor y experto en vinos, editó una monografía sobre el vino de Jerez, de la cual recoge datos, Manuel Mª González Gordons, en su libro Jerez-Xerez-Sherish.

En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se encontraba en las filas de la candidatura monárquica, dentro de los llamados gremiales, con los que obtuvo el acta de concejal.

Pocos días antes de su elección, envió una nota al periódico el Guadalete, aclarando que había decidido entrar en la candidatura gremial después de aceptar la propuesta que le hizo la Cámara de Comercio e Industria, dejando constancia que lo hacía “teniendo en cuenta que las elecciones de concejales sólo deben tener por objeto llevar al municipio personas que el cuerpo electoral considere aptas y capacitadas para regir y administrar los intereses locales, la Cámara consideró que no había inconveniente en dar un nombre para esa candidatura gremial, siempre que el designado fuera a la lucha con el carácter de administrativo. Y en estos términos acepté el honor que la Cámara me hacía. No iré, pues a las elecciones con carácter político alguno, ni como monárquico, ni como republicano, ni con el matiz de derechas ni con el de izquierdas”.

El 29 de julio de 1931, junto a otros siete concejales gremiales, y en un comunicado titulado “a la opinión pública jerezana”, decide pasarse al campo republicano, dentro de las filas de Acción Republicana, al comprender que la monarquía había desaparecido de España y la necesidad de fortalecer la democracia bajo la República.

El 23 de diciembre de 1931 se hizo cargo de la alcaldía jerezana, encontrándose un panorama desolador: una huelga general inminente; la gran cantidad de parados, el estado caótico de la administración. Lo primero que hizo fue gestionar la bolsa de trabajo, consiguiendo que la nómina de la misma corriera a cargo del Instituto Nacional de Previsión.

También abrió una suscripción popular para ayudar en el reparto de pan a la población. Viajó a Madrid, consiguiendo una subvención de 30.000 pesetas con destino al paro obrero.

El 8 de abril de 1933 presentó su dimisión irrevocable, a pesar de las súplicas de sus más allegados colaboradores, siendo sustituido por Juan Narváez Ortega. El motivo de la dimisión parece ser que fue, sobre todo, el acoso de la prensa local contra su gestión y su persona.

En el camino de vicisitudes políticas que padeció este relevante político, tuvo que sufrir el que le destituyeran de su cargo de concejal, a consecuencia de la ley de incompatibilidades, en 1934, “por desempeñar los cargos de auxiliar numerario de la sección de ciencias del instituto de segunda enseñanza y catedrático interino de mercancías de la escuela pericial de comercio”.

El 20 de febrero de 1936, siendo alcalde Manuel Díez Hidalgo, recibió un telegrama del gobernador interino en el que, cumpliendo disposición ministerial del nuevo gobierno de D. Manuel Azaña, “ordenaba la reposición de los concejales de elección popular que fueron suspendidos a raíz del movimiento revolucionario de octubre de 1934”.

Un día después, Germá volvería a ser nombrado alcalde de Jerez, esta vez incorporado a las filas de Izquierda Republicana, del que era su líder, ocupándose además de la presidencia de la comisión de hacienda.

Cuando se produjo el golpe del 18 de julio de 1936, Germá estaba ausente de la política, pero fue, sin embargo, un claro objetivo para los fascistas. El primer contacto que tuvo con ellos fue la noche del día 23, cuando le arrebataron su coche. “la primera noche llegaron tres falangistas a mi casa. Fue el primer aviso. Cogieron las llaves, bajaron al garaje y se llevaron el coche”. Luego fue detenido.

Estuvo en la cárcel junto a su yerno, Teodoro Miciano. Dejó escrito un testimonio que recoge la angustia y el sufrimiento vividos en aquellos días: “Me enteraba que iban matando a todos los alcaldes de la república, y pensé que había llegado mi día, cuando unas semanas después, aparecieron cuatro tíos con fusiles y delante de mis hijos, me metieron en un camión, el encargado sacó una lista y maldijo, le faltaba uno de los tres que tenía signados, que se había escapado. Su compañero dijo que daba igual, pero él, muy firme, dijo que “o mato a los tres o no mato a ninguno”.

Allí me dejaron. Me había librado de la primera. Mi hijo mayor estaba asustado y se puso en contacto con amistades que tenía en Cádiz. Garantizaron que no me harían nada, pero estaba claro que querían darme un escarmiento, no se porqué.

Me encarcelaron y me llegó de nuevo el último día. Me metieron en un camión con un buen número de personas. Me coloqué mi sombrero. Iban a matarme.

Me trasladaron a la plaza de toros, nos bajaron a siete y nos colocaron en el paredón. De repente, escuché la voz de uno de los falangistas: “Francisco Germá, al camión”. Me volví a sentar en el camión y desde allí observé la descarga. Cayeron los seis ante mis ojos. Bajaron a otros siete, me volví a colocar en el lugar y repitieron la operación: “Francisco Germá, al camión”. Otra descarga. Regresé sólo en el camión a la cárcel”.

Impresionante y escalofriante el testimonio de Francisco Germá, que escapó del asesinato aunque no del horror y del miedo, pasando una temporada en la cárcel y sufriendo el destierro de cinco años, por la denuncia del hijo de un amigo íntimo. Otros no tuvieron tanta suerte, como las personas que le acompañaron en el camión y que fueron masacrados en las paredes del coso jerezano.

En 1982, murió el segundo alcalde republicano que tuvo Jerez.