Carmen Molina en el Baluarte de la Candelaria. / NURIA REINA
JUEVES FLAMENCOS

Sabrosa clausura

Agosto se acaba, amigos. Se acaban las vacaciones, se acaba la playa y se acaba la vigésima séptima edición de los Jueves Flamencos de Cádiz después de siete capítulos semanales, todos excelentes en su mayor parte.

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La noche de despedida comenzó con la actuación de la joven onubense, Carmen Molina, con José María de Lepe a la guitarra. Con una voz dulce y clara, y un decir quizás más propio de cancionera que de cantaora, pero haciéndolo bien, nos llevó de excursión solearera por el triángulo del cante, desde Utrera hasta Cádiz. Alegrías de Cádiz y cantiñas en Mi, cante minero y fandangos de Huelva, por arriba y por medio, con el rico sabor de la tierra para finalizar.

En el apartado de baile, la joven y premiada gaditana María Moreno, componente habitual de la compañía de Eva Yerbabuena, nos sorprendió por soleá con su poder comunicativo y un excelente cuadro, destacándose los cantaores Emilio Florido y Javier Heredia. María luce maneras de Yerbabuena, pero con personalidad propia.

Mariana Cornejo, diosa divina del cante gaditano femenino. Para abrir, chuflillas de Cadiz, léase gracia gaditana a compás, recordando a Manolo Vargas, Pericón, Perla, Chaqueta y otros, con el sabroso acompañamiento de Pascual de Lorca a la guitarra. Guapa veterana con su faldita de lunares y mantón negro, Mariana a gustito como ella misma, con el 'ange' subido, hilvana anécdotas con cante y casi no sabes cuándo acaba una cosa y empieza la otra. Cantiñas surtidas, siguiriyas y más bulerías terminando con Ojos verdes para dejar al público embelesado.

El broche de oro, de la noche y de la temporada, anunciado como «la voz más optimista y novedosa», llegó en la persona del onubense Arcángel, joven cantaor de moda, con el impresionante guitarrista granadino Miguel Ángel Cortés. Pulidos arreglos y un trabajo bien currado delatan muchas horas de ensayo y preparación para una refrescante versión de la caña, tangos extremeños y granadinos (siempre tan compatibles) con Tres puñales de final y siguiriyas con la sexta bajada, una afinación de guitarra que Miguel Ángel domina muy bien. Cuando llegan las cantiñas, el decir marchenero, los coros sedosos de los palmeros y el toque más lírico que rítmico han empezado a cansar, pero todo se réquete perdona con los fandangos de Huelva y Alosno, y nuevamente es el auténtico sabor de la tierra que produce la mayor satisfacción, haciendo superfluo el bis por bulería.