PAN Y CIRCO

Más trabajo y menos aires

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A los equipos, o bordan la temporada, o hay que pedirles explicaciones. Todo los días. Grabadora en mano. Desde las tribunas periodísticas, desde la barra del bar o desde el foro inapelable del graderío. Si no sienten la presión de una masa implicada (pero autónoma) y de unos medios exigentes, críticos, que no caen en la adulación gratuita y adornan con fuegos artificiales hasta el último gesto vacío, prima la nómina sobre el esfuerzo, la dejadez sobre el compromiso, la desgana sobre el objetivo. Exactamente igual que en cualquier empresa.

En esto del fútbol hay tanta fanfarria, tanto bombo y tanto platillo, que al final mucha gente se olvida de que todos los que se integran en la estructura de El Equipo (salvo sus propietarios, que invierten y especulan con los sueños ajenos, la mayor parte de las veces) son trabajadores. El albañil tiene la pala, el minero el pico, el futbolista el balón y el entrenador un millar y medio de obligaciones inherentes al cargo. Y si no, ya saben. Al tajo.

Eso de exigir fe ciega en la causa y enfurruñarse en cuanto alguien pregunta por cuestiones polémicas en vez de darles el pie para que se luzcan («¿Es cierto que usted es un crack, ejemplo, icono y mito para las futuras generaciones de deportistas del mundo?») es un vicio aprendido que deberían ir desaprendiendo. En ningún otro ámbito está tan asimilado los caprichos, tan aceptadas las decisiones arbitrarias, tan normalizados los antojos, las manías, las querencias, filias y fobias de un puñado de obreros de la pelota o de su capataz (artistas, me temo, hay diez por generación).

Aquí no se hacen fotos. Hoy no hablo. Es que la plantilla se desconcentra. A puerta cerrada. Como en Hollywood. Tanto que, de vez en cuando, incluso parece que se han estudiado el mismo guión.