Editorial

PSC diferencial

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l 11º Congreso del PSC ha demostrado que la organización que aporta 25 de los 167 diputados con los que cuenta el socialismo de Rodríguez Zapatero está empeñada en mantener con Moncloa y Ferraz el pulso que le garantice una posición central en la política catalana. Aun renunciando a la demanda de un grupo parlamentario propio, está claro que el partido de Montilla desea distinguir su vínculo federal con el PSOE de su apoyo al conjunto de la política que éste diseñe en cada momento. La advertencia dirigida por el actual presidente de la Generalitat a Rodríguez Zapatero, haciéndole saber que el PSC estará siempre antes con Cataluña que con el secretario general del PSOE, es buena muestra de la tensión que los socialistas catalanes han decidido sostener respecto a su matriz central. Una tensión que comenzó a manifestarse desde el momento en el que Pasqual Maragall se postuló como aspirante a presidir la autonomía catalana a mediados de los 90, y que tras su retirada ha encontrado una expresión más comedida pero firme en el discurso de José Montilla. La apuesta del socialismo catalán por la literalidad del nuevo Estatut ha quedado realzada tanto por el catalanismo definitorio del PSC como por la propuesta de una reforma constitucional que permita un mayor protagonismo de Cataluña en el contexto europeo. Actualmente los socialistas catalanes, con la ayuda de sus aliados en la Generalitat, acaparan un poder que maneja en torno al 95% del presupuesto público autonómico y local en dicha comunidad autónoma. Una razón de indudable peso a la hora de condicionar no sólo la actitud del PSOE en materia autonómica, sino su búsqueda de eventuales socios -léase CiU- para apuntalar la mayoría parlamentaria que precisa en las Cortes Generales. La centralidad que reivindica Montilla es la misma centralidad que los 1.200 delegados del 11º Congreso han ido descubriendo en el ejercicio de tan inmenso poder tras dos décadas largas de pujolismo en la Generalitat. El PSC es el único hecho diferencial con el que cuenta el PSOE en sus diversas organizaciones territoriales. Lo es por origen, y lo es como consecuencia del poder que ostenta. La advertencia de Montilla adquiere un significado inequívoco: el PSC no estaría dispuesto a arriesgar su continuidad en el gobierno de Cataluña por la continuidad en el poder de Rodríguez Zapatero.