Opinion

veo veo, ¿qué ves?

CALLE PORVERA Tras la tercera semana consecutiva en la que hago el amago de acercarme al cine sin éxito, mi cerebro empieza a preguntarse por qué demonios la oferta peliculera es tan escasa y no puedo evitar dedicar mi columnita a tal inquietud. Tal vez será que con los años me he vuelto más exigente, o a lo mejor es que eso de que los niños y adolescentes tengan más tiempo libre en verano se lo han tomado en serio los de la cartelera y no paran de ofrecer productos orientados a estos públicos.

ALMUDENA DOÑA admontalvo@lavozdigital.es
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Qué me dicen, si no, de Kung Fu Panda, El increíble Hulk , Las crónicas de Narnia, Hancock o la cuarta entrega de Indiana Jones, por poner sólo algunos ejemplos. A mí, que me confieso más bien cerradita de moyera para todo lo que se aleje aunque sea someramente de la realidad, me resulta frustrante toparme únicamente con dibujitos y superhéroes, aunque lo sobrellevo con resignación si la alternativa son películas de miedo, catástrofes o de seudorisa, que más que ganas de reir te despiertan el deseo de salir corriendo.

Así, no tengo más remedio que descartar también Dos colgaos muy fumaos, El incidente o Los cronocrímenes, ya que no soy de aquellas personas que (incomprensiblemente) disfrutan pasando un mal rato. La inmejorable oferta cinematográfica se completa con largometrajes que dejan un sospechoso regusto a tarta de merengue, como Sexo en Nueva York, Paso de ti o el sugerente título de Postdata: te quiero.

Ante tal panorama, en vez de cortarme las venas opto por el cine en casa, que aunque también puede defraudarme al menos me permite pasar el mal trago en mi sofá.